No nos cansaremos de publicar en este medio las continúas críticas de los agricultores españoles a la falta de coherencia de las administraciones, españolas y comunitarias. Las autoridades abogan por una agricultura sostenible y competitiva pero luego no les proporcionan a los productores, las herramientas eficaces para proteger sus cultivos.
A la falta de coherencia habría que añadir la hipocresía de Bruselas que no autoriza el uso de determinadas materias activas alegando su falta de seguridad, pero que luego permite la importación de cultivos tratados con esos mismos productos procedentes de terceros países.

El último caso se ha producido con el tomate. Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura solicitó el uso excepcional de las sustancias activas Spirotetramat, Metribucina y Metan Sodio, ante la escasez de sustancias autorizadas que resulten eficaces para la lucha contra malas hierbas y plagas que infectan al cultivo de tomate. Sin embargo, el Ministerio de Agricultura no ha autorizado su utilización de las dos primeras y ha puesto condiciones al uso del Metan Sodio que encarecen notablemente su aplicación hasta hacerla económicamente inasumible para muchos productores.
La negativa del Ministerio deja en una situación crítica a uno de los cultivos estratégicos de la región ya que es líder a nivel nacional, comprometiendo la próxima campaña de tomate para transformación, con más de 1,9 millones de toneladas contratadas y cerca de 21.000 hectáreas que se destinarán a este cultivo, según denuncian desde la organización,
Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura ha anunciado que presentará un recurso de alzada ante el Ministerio de Agricultura tras la denegación del uso excepcional de varias sustancias activas imprescindibles para el cultivo de tomate para industria, una decisión que pone en riesgo inmediato la campaña 2026.





Yo tampoco me cansaré de publicar que lo que quieren los políticos en la UE es que los productos se traigan de fuera y para ello es necesario que dichos productos no existan en la UE. Los agricultores y ganaderos que llevan viviendo muchos años de ello y no tienen otro medio de vida, se empeñan en producir y la UE no quiere que produzcan.
¿Cómo se consigue que no produzcan? Subida de inputs, trámites burocráticos, precios de ruina, controles exhaustivos, prohibición de fitosanitarios y zoosanitarios, multas, reducción de presupuesto de la PAC, reducción de las subvenciones por no cumplir las condiciones peregrinas que imponen, exigencias poco menos que imposibles de cumplir, acuerdos con terceros países.
Y no quepa la menor duda de que así seguirán, imponiendo requisitos y cumplimientos con el objetivo de asfixiar al sector y que abandonen.
No hay que esperar ningún cambio de rumbo de las políticas actuales de la UE en cuanto a la PAC.