El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental de Castilla y León, Joaquín Antonio Pino, ha inaugurado en Madrid el I Simposio Internacional de la Patata, un encuentro que reúne a representantes del sector para abordar los retos y oportunidades de un cultivo que considera estratégico para la agricultura española y europea. En su intervención ha advertido de que la reducción de la superficie, el aumento de los costes, la presión de las importaciones y la falta de alternativas eficaces frente a determinadas plagas y enfermedades pueden comprometer la capacidad productiva si no se adoptan medidas orientadas a la rentabilidad.

España cuenta con unas 66.700 ha de patata y una producción próxima a 1,94 Mt en 2025, mientras que las importaciones superaron 1,27 Mt, sobre todo de Francia. Castilla y León concentra alrededor de la mitad de la producción nacional, con cerca de 900.000 t en los últimos ejercicios. La campaña de 2026, sin embargo, está siendo compleja: la superficie cultivada en la comunidad se ha reducido hasta unas 16.679 ha, cerca de un 14 % menos que en 2025, con Valladolid y Salamanca entre las principales provincias productoras. A ello se suman las altas temperaturas, que han condicionado el desarrollo del cultivo, han concentrado las fechas de recolección y han favorecido el solapamiento de producciones de distintas zonas con la entrada de producto de otros países.
Si no hay agricultor, no hay cadena
Pino sitúa la rentabilidad del agricultor como la prioridad que debe ordenar las políticas dirigidas al sector. El productor asume antes de cada campaña el coste de la patata de siembra, el agua, la energía, los fertilizantes, los fitosanitarios, la maquinaria, la mano de obra y la financiación, además del riesgo climático y comercial. «Podemos hablar de innovación, sostenibilidad y modernización, pero hay una condición imprescindible para que todo lo demás sea posible: el agricultor tiene que poder vivir dignamente de su trabajo», ha afirmado.
Entre las actuaciones de la Junta, el consejero ha citado un estudio de costes de producción de la patata en Castilla y León, elaborado con la Universidad de Valladolid como herramienta de transparencia para la cadena. La Consejería reforzará además la vigilancia del cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, con controles sobre las relaciones contractuales y las operaciones comerciales, para que se tenga en cuenta el coste efectivo de producción y el valor se reparta entre agricultores, industria, almacenistas, envasadores y distribución. «Si no hay agricultor, no hay cadena», ha señalado.
Mismas reglas para competir
Pino ha defendido modernizar y digitalizar el regadío y aplicar con precisión el agua y los fertilizantes para reducir costes y ganar competitividad, sin que la eficiencia sirva de excusa para limitar la capacidad productiva. En sanidad vegetal ha reclamado decisiones basadas en criterios científicos y que los agricultores dispongan de materias activas eficaces. Retirar productos sin alternativas viables, ha advertido, no elimina el problema, sino que lo traslada a las explotaciones y aumenta el riesgo productivo y los costes.
En el plano comercial, el consejero ha defendido una economía abierta, pero con acuerdos que garanticen reciprocidad y cláusulas espejo reales y verificables. «No pedimos privilegios; pedimos igualdad de reglas», ha resumido. Ha pedido también reforzar los controles, la trazabilidad y la identificación del origen de la patata, tanto envasada como a granel, para que el consumidor pueda elegir con información.
Una marca para la patata de Castilla y León
Como siguiente paso, la Junta trabajará con el sector en la creación de una marca de calidad para la patata de Castilla y León, con la que se quiere identificar su origen, diferenciarla en el mercado y mejorar su posición comercial. La iniciativa se completará con actuaciones de promoción a través del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL) y con la colaboración de la Organización Interprofesional de la Patata de Castilla y León.
Pino ha reclamado además una interprofesional de la patata de ámbito nacional, «porque creemos que es una herramienta muy buena y potente donde se aglutinan todos los eslabones de la cadena». Ha defendido que la comunidad no se limite a ser la principal productora y lidere el sector «desde el campo hasta el mercado». El simposio aborda también la mejora genética, la sostenibilidad, la innovación, las tendencias de consumo y la comercialización.







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