El estancamiento del consumo alimentario y el avance de la electrificación amenazan con recortar un tercio de la superficie maicera estadounidense para 2050. Un reciente informe de la consultora S&P Global Energy para la organización USFRA apunta a los combustibles renovables de aviación y marítimos como la vía para garantizar la viabilidad del sector.

La agricultura se enfrenta a un cambio estructural derivado de la desaceleración demográfica, cuyo crecimiento caerá al 0,4 % hacia mediados de siglo, y del freno en el consumo de carne y alimentos básicos. Según detalla la investigación, los altos rendimientos actuales chocan con unos mercados tradicionales incapaces de absorber el excedente productivo.
A esta saturación se suma la amenaza sobre el mercado del etanol convencional. Con las tasas de mezcla ancladas en el 10 % en Estados Unidos y un parque móvil que transita hacia la electrificación, la demanda de este carburante podría desplomarse a la mitad, lo que supondría una pérdida de 249,8 Mhl para el año 2050.
La consecuencia directa para el campo sería la desaparición de unas 12 Mha de maíz, una extensión equivalente al estado de Carolina del Norte que representa una reducción del 31 % de las siembras norteamericanas actuales.
Motores para evitar el barbecho forzoso
Frente a este escenario de retroceso, el documento, titulado «Impulsando la agricultura: los biocombustibles como catalizador», plantea un modelo alternativo basado en nuevas demandas. Consolidar la mezcla E15 durante todo el año y abrir los mercados de combustibles marítimos y de aviación allanaría el camino hacia la rentabilidad agrícola y la prosperidad rural.
Esta tracción comercial actuaría como un fuerte estímulo tecnológico. La convergencia de nuevas semillas, agricultura de precisión y prácticas regenerativas elevaría el rendimiento del maíz estadounidense un 1,6 % anual, permitiendo aumentar la producción en casi un 50 % sin necesidad de ampliar la frontera agrícola.
Lejos de competir con la producción humana, el crecimiento bioenergético incrementaría la disponibilidad global de alimentos y piensos en un 45 % respecto a las previsiones base gracias a los subproductos generados. Además, firmas del sector respaldan que esta fuerte demanda desde los países desarrollados facilitaría la transferencia de tecnología a los mercados emergentes, reduciendo la brecha de rendimientos a nivel mundial.






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