Los ganaderos de vacuno, ovino y equino de la provincia de Valencia deben trasladar sus animales hasta Burriana, a unos 60 kilómetros de la capital, por la falta de instalaciones cercanas. AVA-ASAJA reclama a la Conselleria de Agricultura y al resto de administraciones competentes que se impliquen en la apertura y el funcionamiento de un matadero en la provincia.

La mayoría de poblaciones contaba antiguamente con mataderos municipales al servicio de los ganaderos de la zona. Salvo unos pocos centros abiertos como el de Buñol, que no está habilitado para pequeños ganaderos, los últimos en cerrar fueron los de Valencia (Mercavalencia), Picassent y Benaguasil, y más recientemente el de Burjassot, hace poco más de un año. Decenas de ganaderos valencianos tuvieron que redirigir sus vacas, ovejas y caballos al Matadero de la Plana, en la localidad castellonense de Burriana, e incluso en algunos casos a Vinaròs, de reciente apertura. El perjuicio económico se ha agravado con la escalada de los carburantes desde la guerra en Oriente Medio.
A ello se suma que los pocos ganaderos de la provincia que apuestan por el ecológico siguen comercializando en convencional al no disponer de un matadero certificado. Los cunicultores sacrifican la mayor parte de la producción de conejos en Albacete, Tarragona y, en un pequeño porcentaje, en un matadero de Benassal (Castellón), entre otros. La excepción es el sector avícola, que sí cuenta en la provincia con un número suficiente de mataderos modernos y de gran capacidad.
En Castellón, los ganaderos de vacuno de Els Ports, que en décadas pasadas llegaron a llevar sus animales a Valencia, Xàtiva o Burjassot, disponen ahora de una instalación en Morella y complementan los sacrificios en Burriana y Vinaròs para suministrar carne a esas áreas.
Una pieza de la cadena alimentaria que se quedó sin repuesto
La organización agraria envió una carta a la Conselleria de Agricultura tras el cierre del matadero de Burjassot para trasladar la preocupación de los ganaderos y solicitar, aunque no sea competencia autonómica, un impulso del diálogo entre ganaderos, autoridades locales, carnicerías y consumidores que permita encontrar soluciones para la sostenibilidad del sector.
La entidad sostiene que la puesta en marcha o la reactivación de un matadero en Valencia o su área metropolitana, con una gestión correcta y un servicio mínimo de dos o tres días a la semana, ahorraría costes y tiempo a los ganaderos, mejoraría el bienestar animal al reducir las distancias de transporte y permitiría un mejor control de la calidad y la trazabilidad de la carne. La desaparición de estas instalaciones, advierte, arrastra el cierre de explotaciones y la pérdida de empleo tanto en el propio matadero como en las carnicerías y otros negocios locales que dependen de sus productos.
El colectivo considera que mantener las granjas y facilitar la incorporación de jóvenes exige mataderos próximos, ya que el coste del transporte puede marcar la diferencia entre continuar o abandonar la actividad. A su juicio, no resulta coherente defender el consumo de kilómetro cero y negar al mismo tiempo la existencia de mataderos cercanos, por lo que reclama una solución antes de que sea demasiado tarde.






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