El Instituto Técnico de la Remolacha de Francia advierte sobre la importancia de identificar correctamente este hongo antes de aplicar fungicidas, ya que la confusión con otros patógenos genera gastos innecesarios y acelera las resistencias.

Las primeras manchas que aparecen en las hojas de la remolacha no siempre corresponden a la cercospora. Existen diversos patógenos que presentan una sintomatología similar en sus fases iniciales. Según el Instituto, un tratamiento fungicida injustificado no solo supone un coste inútil para el agricultor, sino que ejerce una presión selectiva que favorece el desarrollo de resistencias en los hongos.
La observación directa en la parcela resulta fundamental antes de tomar cualquier decisión. El momento de alcanzar el umbral de tratamiento varía varias semanas dependiendo de la finca, por lo que una aplicación demasiado temprana resulta inútil si la enfermedad no prospera, del mismo modo que un tratamiento tardío pierde toda su eficacia preventiva y curativa.
La lupa como primera medida de control
Para evitar confusiones, los técnicos recomiendan observar las manchas de cerca. La cercospora comienza en plantas aisladas y se extiende formando rodales, caracterizándose por presentar gránulos negros en el centro de la mancha con un borde marrón rojizo. Si la infección avanza, las manchas se fusionan hasta necrosar el grupo de hojas completo, lo que provoca un impacto muy severo en el rendimiento del cultivo. Por el contrario, la ramulariasis muestra granulaciones blancas con un borde interior más oscuro, secando la hoja pero con un efecto mucho más limitado sobre la producción final.
Otras afecciones comunes, como la infección bacteriana por Pseudomonas o la alternariasis, carecen de cualquier tipo de granulación. La primera deja manchas negruzcas que suelen cicatrizar de forma natural, mientras que la segunda aprovecha los daños físicos previos en las hojas, como los causados por tormentas o granizo, para desarrollarse desde los bordes. En ambos casos, la penalización en el rendimiento es mínima. De hecho, según los registros de principios de junio, las observaciones en campo solo reportaban presencia de estos dos últimos patógenos.


El riesgo de agotar el catálogo químico
El catálogo de soluciones disponibles contra la cercospora cuenta con un número muy reducido de familias químicas. Por ello, el Instituto insiste en que la proliferación de tratamientos acelera la aparición de resistencias, unos genes que pueden persistir en el medio ambiente incluso cuando cesa la presión selectiva.
Para proteger la vida útil de las materias activas, el instituto recomienda alternar siempre los modos de acción entre tratamientos. Asimismo, instan a emplear los productos a las dosis máximas aprobadas para cada formulación comercial, ya que reducir la cantidad de fungicida disminuye drásticamente su eficacia y su persistencia, encareciendo a la larga la estrategia de sanidad vegetal.







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