Marcos tiene dieciocho años. Cultiva trescientas hectáreas de cereal y trescientas veinte de olivo en secano. La explotación viene de su abuelo: pasó a su padre, a su tío, y ahora a él. Era el relevo natural. Pero dentro de diez años, en las condiciones actuales, no se ve trabajando en la agricultura. Ni él ni casi ninguno de sus compañeros. Ese es el abismo que separa el relevo generacional de la realidad del campo español hoy.

¿Cuál es el mayor problema que encuentras para ser agricultor ahora mismo?
La burocracia. El Estado quiere saberlo todo. Si echas estiércol, tienes que registrar dónde, cuánto, a qué hora. Si aplicas herbicida, tienes que poner el producto, la zona, todo. El cuaderno digital obliga a documentarlo absolutamente todo. Y me parece una dictadura. El Estado no debería saber todas esas cosas.
Al campo no le hacen falta tantos papeles ni tanta gente metiéndose en la vida de los agricultores. Eso es así. Pero la realidad es que cada vez hay menos agricultores, y una parte importante de eso es toda esta burocracia. Mucho papeleo, mucha complicación. Si queremos que vuelva a haber agricultores, lo primero es quitar todos estos papeleos y que la gente pueda trabajar en paz.
¿Cuánto dinero más estás gastando en combustible?
Me estoy gastando alrededor de dos mil euros más que hace unos meses. Antes de la guerra, el gasoil estaba a noventa y tres céntimos. Ahora está a uno cuarenta, y se estima que llegará a sesenta. Es como si te quitan el cuarenta o cincuenta por ciento del sueldo. Eso es lo que me está pasando a mí, lo que le está pasando a cualquier agricultor.
Hay agricultores que no pueden ni llenar el depósito del tractor. Como sigamos así, todas nuestras empresas familiares acaban en la ruina. Lo peor es el ciclo: dicen que baja veinte céntimos y te crees que mejora, pero luego vuelve a subir y estamos en las mismas. Ahora mismo, con estos precios, ni arrancar el tractor sale rentable. Hemos buscado otras alternativas para no gastar tanto gasoil, pero todo son pérdidas. Es una ruina total.
También he comprado fertilizantes hace poco y los precios están fuera de control. Ciento veinte o ciento treinta euros más caros por cada cien kilos que cuando lo compré la última vez. Eso no es normal. Es una barbaridad. Cuando multiplicas eso por la cantidad que necesitas para seiscientas hectáreas, hablas de miles de euros. Y eso es solo fertilizantes. Sumado al gasoil, al cereal sin precio, es un colapso total. No sale la cuenta.
¿Por qué decidiste quedarte con la explotación familiar?
Mira, la gente piensa que los agricultores es que llega un día te da el venazo y dices que quiero ser agricultor. No es así. Esto viene de familia. Mi abuelo, mi padre, mi tío. Yo. Es herencia. Lo que me atrajo siempre fue estar en el campo. Es lo más tranquilo que hay. La naturaleza, la paz. Te levantas, madrugas, ves el campo bajar y estás cómodo. Eres un chaval feliz. Eso es lo mejor de ser agricultor.
Pero lo peor es todo lo demás que viene ahora. La burocracia, el Mercosur, el gasoil, la guerra. Todos estos temas nos están arruinando. Hay agricultores que ya han cerrado la empresa familiar. Y habrá más que cerrarán dentro de uno o dos años. Esto no puede seguir así. Necesitamos medidas inmediatas o el sector desaparece.
¿Qué mensaje le darías a quienes deciden desde los despachos?
A estos corbatines se les tendría que rebajar el sueldo un cincuenta o sesenta por ciento. Verás cómo saldrían a la calle como nosotros, los agricultores, los camioneros. Esos que viven como reyes mientras nos arruinan.
Lo que necesitamos es menos burocracia, menos papeleo, menos impuestos. Y apoyo real para el sector primario. Porque sin nosotros, vosotros no coméis. Eso es así de simple. Necesitamos que la gente espabile y que nos unamos todos: primario, secundario, terciario. Porque como sigamos así vamos a acabar en la ruina.
¿Te ves dentro de diez años en la agricultura?
No. No como está ahora. Ni yo ni casi ningún agricultor nos veríamos trabajando en el campo si la situación sigue igual. Están cerrando explotaciones familiares de agricultura, ganadería, pesca. Todo. Si esto cambia, claro que me veo en el campo. Pero en estas condiciones, es imposible. No tiene sentido.




Que pena me da con 18 años,en fin si es su ilusión adelante
Estas declaraciones de un joven agricultor, que con sinceridad se desnuda, nos transmite que sus expectativas están absolutamente truncadas al igual que está ocurriéndole a la inmensa mayoría de agricultores. En este caso es mucho más doloroso por cuanto se trata de jóvenes que se incorporaron a la agricultura con ilusión para continuar con la explotación heredada, lo cual es fácilmente imaginable que será mucho más grave para el caso de aquellos jóvenes que tienen que montarla partiendo de cero.
Esto debería sonrojar a nuestros responsables políticos que hablan mucho del tema de las políticas y medidas que ponen en marcha para rejuvenecer al sector pero no se paran a comprobar el grado de éxito que están teniendo.
Al hilo de esto, con la Agenda 2000 se iniciaron por la UE las politicas específicas de apoyo a la instalación de jóvenes agricultores (Reglamento (CE) 1257/1999) y donde el relevo generacional se convierte en un eje estructural de la PAC como segundo pilar integrado en el Programa de Desarrollo Rural 2000-2006, y así ha venido renovándose en todos los periodos de programación posteriores hasta hoy , con 26 años ininterrumpidos de aplicación.
Tras todo este tiempo de aplicación de esas ayudas incentivadoras de la instalación cabría pensar que se deberían haber cumplido aunque fuera en parte sus objetivos pero la realidad dista mucho de ese objetivo.
En 1999, según datos oficiales (INE y Censo Agrario) los titulares de explotación menores de 40 años representaban un 15,8% del total, y hoy tras 25 años de politicas de apoyo público, representan en torno al 9% del total, mientras que los titulares de explotación mayores de 65 años en 1999 representaban un 35,3% del total y actualmente han subido al 41,3% del total, a pesar de que el número total de explotaciones en España han disminuido en ese periodo en torno al 30%. Existen Comunidades Autónomas en los que estos datos empeoran más, tal como la Valenciana (4% tienen menos de 40 años y un 44% más de 65 años) y la de Castilla La Mancha (7% menores de 40 frente al 50% de más de 65 años). Esta es la radiografía real del impacto de esas ayudas y de las politicas diseñadas: Menos jóvenes y más envejecimiento, y por tanto menos posibilidades de modernización de nuestra agricultura. El objetivo para el conjunto de la UE es pasar del 12% de media que hay de titulares de explotación menores de 40 años al 24%. Francia es el único pais de la UE que actualmente tiene más rejuvenecidas sus explotaciones entre otras razones porque tienen unas politicas más favorables para esa incorporación y modernización que abordan más el acceso a la tierra, una financiación favorable en plazos e intereses acorde a las inversiones a realizar, mejor politica de rentas, y un sector mucho más profesionalizado con explotaciones mejor dimensionadas.
Esta situación que padecen los jóvenes que se incorporan se debe en gran parte a la ausencia de unos responsables politicos tanto a nivel de Administración Central como autonómicos, que no han sabido gestionar eficientemente como puede inferirse de esos datos, las enormes ayudas a las que ha accedido la agricultura española, que no supieron orientarlas a mejorar la viabilidad de las explotaciones mediante medidas tales como:
– Politicas de financiación adecuadas con créditos a largo plazo y periodos de carencia acordes a la inversión, e intereses asequibles sean fondos de procedencia pública o privada mediante convenios, pero que no dejen a merced de las entidades financieras las negociaciones que siempre serán desequilibradas.
– Politica de seguros agrarios que sirvan para asegurar las rentas o como mínimo los costos de producción para lo que hace necesario que ENESA y CCAA no solo se limiten a aportar dinero sino que intervengan activamente en establecer lineas de aseguramiento que como mínimo puedan asegurarse producciones reales que caso de siniestro no provoquen la ruina del productor y que como mínimo puedan recuperar los costos de producción
– Una mejor gestión en la distribución de ayudas que incentive la profesionalización de la agricultura y especialmente proteja a la agricultura familiar.
– Aplicación más beligerante de la Ley de la Cadena Alimentaria que no castigue al agricultor y consumidor, y como mínimo que el agricultor perciba unos precios mínimos que cubra sus costos y el SMI.
– Vigilancia más exhaustiva sobre la especulación obrante con los medios de producción (abonos, combustibles, etc.) que suben indiscriminadamente cuando se anuncia la guerra no cuando estamos de lleno en ella.
– Fiscalidad más racional y equilibrada que comporte el cumplimiento bidireccional de administrado y administrador efectuando las devoluciones de impuestos en plazos como los que se nos imponen a los ciudadanos.
– Y en definitiva, una burocracia más ágil, eficiente y próxima a las necesidades de los agricultores.
En resumen un cambio de «chip» en la gestión pública de la agricultura. Y ahor la pregunta: ¿Vdes creen que lo conseguiremos?. Yo ya les digo que NO, entre otras razones porque nuestra clase política tiene otras prioridades y las necesidades del pueblo y de sus ciudadanos no están entre ellas.
Se puede decir más alto pero no más claro
Que si chaval, tienes que seguir…. que tenemos que seguir ayudando a delincuentes, vagos, gitanos, etc….
Lo que necesitamos son agricultores que nos alimenten, no que nos intexiquen. Para evitar todo eso son los controles que se hacen y aun asi son insuficientes. Se deberian prohibir muchas de las practicas intensivas actuales que son las causas del aumento de muchas enfermedades.actuales
Si es mejor traerlo de fuera sin ningun control echando todo tipo de productos que aquí no se pueden y tú eres el primero en consumirlos porque sin mas baratos y que cierren los de aquí pero tranquilo que vas echarlos en falta y vas pasar necesidad de ellos cuando no los puedas comprar por el alto previo que van tener
La conciliación familiar, la baja rentabilidad, la necesaria y difícil capitalización, la imprevisibilidad de las politicas agrarias, el imposible relevo generacional, están en contra de los pequeños y a favor de las grandes explotaciones.
Las Administraciones no corrigen esos factores, sino que los acrecientan: exigencias para todos, burocracia, fiscalidad, falta de apoyo.
Al final se suman una serie de factores que no compensan y desmoralizan a cualquiera.
La situación es difícilmente reversible llegado a un punto.
Se deteriora todo el soporte de las explotaciones familiares y eso no tiene vuelta atrás.