La posible aplicación de un nuevo arancel del 20% por parte de Estados Unidos al aceite de oliva europeo, aún pendiente de concretar si afectará también a los envíos a granel, ha sido recibida como una noticia negativa para el sector. Sin embargo, desde Asaja se insiste en que el sector español ya cuenta con cierta experiencia frente a medidas similares aplicadas durante la anterior presidencia de Donald Trump, cuando se impuso un arancel del 25% al aceite envasado.
Según ha señalado el responsable del grupo de Aceite de Oliva de Asaja y representante en Europa, Luis Carlos Valero, muchas empresas españolas ya cuentan con líneas de envasado instaladas en territorio estadounidense precisamente para evitar el pago de aranceles sobre el producto envasado. En aquella ocasión, el aceite enviado a granel quedó exento, estrategia que permitió sortear parcialmente el impacto de las medidas proteccionistas.
En esta ocasión, los aranceles no se limitan al aceite español, sino que se aplican a todos los productores europeos, incluidos italianos y griegos, lo que iguala las condiciones de competencia dentro de un contexto desfavorable. Valero advierte, no obstante, que será necesario esperar a conocer la letra pequeña de la medida para evaluar su alcance real.
El mercado, señala, podría reequilibrarse en parte por la caída de precios. “Si hemos estado vendiendo a 9 o 10 euros, ahora a 5 también va a entrar”, explica, subrayando que Estados Unidos es un mercado maduro, con capacidad adquisitiva, donde se han hecho importantes esfuerzos de promoción y consolidación de marca.
El consumo anual en EE. UU. se sitúa en torno a las 360.000 toneladas, pero su producción interna apenas cubre el 5% de esa demanda. Por ello, desde Asaja consideran imprescindible mantener una estrategia clara para no perder el posicionamiento alcanzado en el país. Paralelamente, tanto desde la UE como desde España se están discutiendo planes de contingencia para afrontar esta situación.
Entre las propuestas que plantea Asaja a través de Copa-Cogeca figura la creación de una línea de ayudas específicas para modernizar y reconvertir el olivar. La organización considera que la alta productividad del sector se ve lastrada por una estructura tradicional con escasa mecanización, lo que eleva los costes de producción y reduce la rentabilidad. Reducir esos costes sería clave para ganar competitividad a nivel global.
Además de reclamar cambios estructurales, Valero subraya la importancia de buscar nuevos mercados fuera de Estados Unidos. Países como los del Mercosur o Marruecos —considerado un Estado preferente por EE. UU.— podrían jugar un papel relevante como plataformas logísticas o destinos alternativos, sin renunciar a seguir abasteciendo a los consumidores norteamericanos, donde la apuesta por la salud y la dieta mediterránea sigue siendo un argumento comercial poderoso.







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