El hundimiento de los precios en origen y no tanto los altos costes de producción es la causa fundamental de la crisis de la citricultura. Así lo recoge un estudio elaborado por el responsable del departamento de Economía Agraria del IVIA, Pedro Caballero, que analiza la evolución de ambos parámetros en las últimas dos décadas y que ha sido divulgado hoy en el transcurso de la XI jornada de Jóvenes Agricultores de AVA-ASAJA. Efectivamente, entre 1990 y 2009 las cotizaciones citrícolas se desplomaron un 50% mientras que los costes ‘sólo’ crecieron en el mismo periodo un 19%, en el caso de las clementinas y un 38%, en el de las naranjas.
Caballero destacó la debilidad que supone “haber sido capaces de dominar tanto la comercialización y tan poco el precio”. En este sentido, el informe refleja cómo la ganancia del mercado en la UE se ha realizado a costa del hundimiento del campo. Durante las dos décadas analizadas, las exportaciones han pasado de 1,5 millones de toneladas a más de 3,1 hasta alcanzar una cuota en la UE del 84,5% en mandarinas y del 49% en naranjas. Mientras tanto y pese a la estructura minifundista valenciana, los costes de producción han crecido pero con moderación, con aumentos anuales muy por debajo del IPC, cosa que nunca ha sucedido con los precios en origen, que se han reducido a la mitad en dos décadas.
El investigador atribuye tal hecho a la incapacidad negociadora del comercio citrícola frente a una demanda cada vez más concentrada pero también a la excesiva dependencia del mercado comunitario (al que se dirigen el 93% de las exportaciones) y a la creciente competencia en precio provocada por los acuerdos de la UE con terceros países mediterráneos. Ante tal situación, Caballero augura que en breve sólo quedarán dos perfiles de propietarios: los profesionales, con explotaciones dimensionadas y los ‘neutros’, que sólo podrán aspirar a cubrir mínimamente sus costes de producción. “Las políticas se tienen que dirigir a garantizar la supervivencia de éstos últimos porque, una vez comprobado que es complicado concentrar la propiedad, hay que incentivar la mecanización de estas explotaciones y hay margen para la mejora en pequeñas parcelas, incluso a partir de 10 hanegadas”.
Jenaro Aviñó, director de AVA-ASAJA y colaborador en el reciente dictamen del Comité Económico y Social Europeo (CESE) sobre la cadena alimentaria detalló el estado del debate iniciado en la UE sobre los cambios legales necesarios para, entre otras metas, equilibrar la capacidad negociadora de los agricultores con la gran distribución. Tras avanzar que Bruselas tiene previsto implantar tales medidas en 2014, el presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, reclamó acelerar su tramitación porque “en tres años el proceso de abandono de campos podría ser ya irreversible”.
Por último, Raúl Compés, profesor de la UPV de Economía Internacional, abordó las ‘Estrategias para afrontar los grandes desafíos de la agricultura’. El doctor vinculó el futuro del campo a cuestiones demográficas y advirtió que para alimentar a los 9.100 millones de personas que habitarán el planeta en 2050 será necesario aumentar la producción un 70%, la superficie cultivada entre un 10 y un 20% y los rendimientos un 80%. Compés coincidió con Caballero en la necesidad de reclamar medidas para estabilizar los mercados e incluso proteger a los agricultores de la competencia desleal de terceros. En este sentido, el profesor destacó dos tendencias que pronto se consolidarán en el etiquetado: la ‘huella de carbono’ que informa sobre las emisiones de gas de efecto invernadero generadas para la elaboración y transporte del producto así como el ‘Food miles’, que indicará la distancia a la que la comida es transportada desde su lugar de producción al de comercialización.





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