La campaña de aceite de oliva que acaba de comenzar en Cataluña arranca con una previsión de 25.500 t, un 34,6% menos que la anterior (2025/26), cuando se obtuvieron 39.000 t, es decir, 13.500 t más. Así lo estima la Federación de Cooperativas Agrarias de Cataluña (FCAC), que sitúa además la cosecha de aceite de oliva en Cataluña unas 4.000 t por debajo de la producción media histórica de la comunidad.

Antoni Galceran, portavoz de aceite de oliva de la FCAC, atribuye el descenso al calendario de las precipitaciones: «Las lluvias han caído tarde y, además, en algunas zonas productoras de las comarcas de interior ha llovido muy poco». Tras una primavera y un verano muy secos, explica, el agua ha llegado cuando el fruto estaba a punto de recolectarse, y solo en algunos territorios, como el Camp de Tarragona, la aceituna se habría recuperado con las lluvias de las últimas semanas. «No podemos esperar una gran cosecha, sino más bien justa, un 20% inferior a una campaña media», señala.
El Baix Ebre y el Montsià, principal zona productora de aceite de oliva de Cataluña, se han visto afectados recientemente por aguaceros. Según la FCAC, los temporales no provocarían una gran pérdida de aceituna, pero tampoco llegan a tiempo para mejorar la producción. La preocupación está ahora en los daños graves que las tormentas han causado en infraestructuras, fincas y caminos, que dificultan la recolección. Tras una buena campaña el año pasado, la federación espera en las Terres de l’Ebre una caída de la producción de en torno al 60%.
Por provincias, las 25.500 t se repartirían así: 9.500 t en Lleida (12.000 t en la campaña pasada), 15.000 t en Tarragona (25.300 t el año anterior) y 1.000 t entre Barcelona y Girona (1.700 t en la última cosecha).
Un mercado con más oferta
La estimación más reciente del Ministerio de Agricultura sitúa la producción española de la campaña 2026/27 en 1,6 M t. De confirmarse, la cifra supondría un incremento notable de las disponibilidades de aceite respecto a la campaña recién cerrada.
La FCAC advierte de que una mayor oferta, unida a unos costes de producción disparados en fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, carburantes y mano de obra, pondría en peligro la rentabilidad de productores y cooperativas.







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