El mercado de la soja llevaba semanas pendiente de una pregunta muy concreta. Si China iba a rematar un gran paquete extra de compras a Estados Unidos o si todo quedaría en una expectativa difícil de convertir en contratos. El giro llegó el viernes 20 de febrero, cuando el Tribunal Supremo de EE UU anuló los aranceles generales impulsados por Donald Trump. Con esa decisión cambió el marco de la negociación comercial, porque la presión pierde fuerza y la soja vuelve a competir, semana a semana, en el terreno del precio frente a Brasil.

La reacción se vio en las pantallas casi al momento. Los futuros más negociados de soja en Chicago recortaron ligeramente en la mañana del viernes, después de haber encadenado un avance cercano al 8,5% desde el 4 de febrero, cuando Trump había apuntado que China compraría 8 Mt adicionales. Una parte de la subida estaba apoyada en esa expectativa, y el fallo del Supremo hizo que el mercado empezara a ponerle más condiciones.
Reacción en Chicago
La lectura fue bastante directa. Si Washington pierde margen para usar aranceles generales como presión, se reduce el incentivo para que Pekín cierre compras extra por motivos políticos justo cuando Brasil entra con una oferta muy abundante y más barata. En la práctica, la duda ya no es si China necesita soja, sino qué origen le sale más a cuenta en cada tramo de la campaña, con el diferencial de precio y las primas marcando el ritmo.
La sentencia tampoco despeja el camino a corto plazo. Deja abierto cómo intentará EE UU recomponer su estrategia arancelaria por otras vías legales y eso añade ruido al mercado, porque cualquier anuncio puede mover primas, ritmo de embarques y decisiones de cobertura en cuestión de horas.
Vías alternativas sobre la mesa
El mismo día del fallo, la Casa Blanca activó un plan alternativo para mantener una línea dura en comercio, con anuncios de un arancel global temporal y nuevas investigaciones como base para medidas futuras. Para el mercado, el mensaje fue claro. La estrategia arancelaria no se retira, pero entra en un terreno más incierto, con plazos y herramientas que pueden cambiar y que condicionan la respuesta de los socios comerciales.
Este episodio no llega de la nada, porque el marco de compromisos agrícolas y la desescalada comercial ya había quedado definido en los detalles del acuerdo entre Trump y Xi, que fijó el punto de partida de las compras y el tono de la relación bilateral.
China ya compró, la duda es si comprará más
China había comprado en torno a 12 Mt de soja estadounidense y el operador estatal Sinograin llegó a organizar subastas para liberar espacio y encajar embarques. Eso ayuda a entender que había flujo y compromisos en marcha, pero no garantiza una segunda ronda extraordinaria si el diferencial de precio favorece a Brasil.
Por eso, en los próximos días el sector seguirá mirando señales muy concretas. Confirmaciones de nuevas ventas en EE UU, cambios en el ritmo de embarques, evolución de las primas por origen y cualquier indicio de que Pekín decide pagar más por soja estadounidense por razones políticas. Si no aparece esa señal, el mercado tenderá a leer que el grueso de la demanda seguirá apoyándose en Sudamérica mientras el precio siga marcando el paso.
Pagos puente en EE UU
En Estados Unidos, la historia se sigue con un trasfondo incómodo. El sector agrario arrastra varios años de márgenes bajos y la incertidumbre comercial pesa especialmente cuando la exportación es el gran canal de salida. En este contexto, el Departamento de Agricultura de EE UU ha anunciado un paquete de ayudas temporales de 11.000 M$ en pagos directos, pensado para dar liquidez y amortiguar la caída de ingresos mientras siguen los problemas para colocar producto en el exterior y el mercado se mueve al ritmo de la política arancelaria.
A partir de aquí, el mercado irá poniendo respuesta con hechos. Si aparecen nuevos contratos, si el origen estadounidense vuelve a ganar terreno o si Brasil consolida la ventaja por precio en plena entrada de cosecha. Cada señal contará, porque la pregunta inicial sigue siendo la misma, pero ahora se juega con menos certezas.





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