Madrid, 1 de febrero de 2005.- Las cuantiosas pérdidas económicas que las últimas heladas han causado en un buen número de producciones de todo el arco mediterráneo son la gota que colma el vaso. A los daños provocados por el temporal de frío en las hortalizas de invierno, frutales y cítricos hay que sumar los efectos que la falta de agua está generando en cereales, proteaginosas, remolacha y ganadería de la mitad sur peninsular. Pérdidas que ascienden a cientos de millones de euros en la mayoría de las producciones afectadas y que dejarán graves secuelas tanto en la rentabilidad de las explotaciones como la contratación de mano de obra.
Prácticamente todas las hortalizas de invierno, tanto al aire libre como en invernadero y la patata extratemprana, tanto en el litoral mediterráneo como del interior de Andalucía y Baleares han sufrido daños que oscilan entre el 70 y el 100%, dependiendo del ciclo vegetativo de la planta y de la zona productora. Las cosechas por recoger de cítricos, frutas tropicales e incluso olivar se han visto afectadas en distinta medida con pérdidas que varían entre el 50% en los cítricos de Valencia y Sevilla y el 100% en las frutas tropicales de Andalucía. También los frutales que se encontraban en la primera floración (nectarinas y melocotones) y los almendros de zonas como Málaga y Alicante sufrirán importantes mermas de producción que ahora es difícil determinar.
Las pérdidas económicas que aún se están contabilizando y que ascenderán, con toda seguridad, a cientos de millones de euros en la mayoría de las producciones. Las primeras estimaciones se cifran en 600 millones de euros para la provincia de Almería, 740 para la región de Murcia y 140 millones, cuantificados solo los daños de las producciones citrícolas, en la provincia de Valencia.
A éstas pérdidas debemos sumar las ya contabilizadas como efecto de la sequía y que tan solo en Andalucía ascienden a 235 millones de euros en cereales y proteaginosas; 60 millones en remolacha y 50 millones en ganadería como consecuencia del sobrecoste que supone la alimentación con piensos y forrajes, en ausencia de pastos naturales.
La situación de las explotaciones ganaderas en la mitad sur peninsular merece especial mención. A las pérdidas ya citadas tenemos que añadir los graves perjuicios que la enfermedad de la lengua azul está acarreando a los ganaderos, ante la imposibilidad de enviar animales a cebadero y tener que alimentar al ganado en la propia explotación. Por su parte, la Administración, muy poco sensible a ésta realidad, mantiene todas las restricciones sobre movimiento del ganado en un momento en que la inactividad del mosquito, debido a las bajas temperaturas, permitiría flexibilizar algunas de las medidas adoptadas.
En suma, los productores agrícolas y ganaderos españoles atraviesan una grave situación económica como consecuencia de las elevadas pérdidas que soportan, con los efectos negativos que esto tiene tanto para la rentabilidad de sus explotaciones como para la contratación de mano de obra en el campo.
En opinión de ASAJA esta situación merece ser abordada de forma urgente por los máximos responsables del ministerio de Agricultura y el presidente de ASAJA, Pedro Barato, así se lo hará ver a la ministra aprovechando la reunión convocada para otros asuntos en Agricultura el próximo jueves, día 3 de febrero.






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