Investigadores de la Universidad de Arizona han sido pioneros en combinar la biotecnología con la lucha biológica para erradicar una plaga. Han combinado la utilización del algodón Bt con la liberación de polillas estériles, lo que prácticamente ha conseguido la erradicación de una de las peores plagas que afectan a este cultivo, el gusano rosado (Pectinophora gossypiella).
En 1996 se produjo un gran avance con la introducción del algodón Bt, que es un algodón que está modificado genéticamente, (contiene un gen transferido de la bacteria, Bacillus thuringiensis) por lo que produce una toxina que mata a algunos insectos. La utilización de este tipo de algodón redujo drásticamente la aplicación de fitosanitarios y la población de gusano rosado.
No obstante, su uso continuado ha generado que los pocos gusanos que no mueren cuando comen la planta de algodón se hayan hecho resistentes a la toxina y se reproduzcan, generando más insectos resistentes. Para minimizar la generación de resistencia es muy aconsejable la utilización de refugios donde se cultive algodón que no sea MG y que por tanto, asegure una población lo suficientemente abundante de insectos no resistentes que se puedan aparear con los resistentes. Como el carácter de resistencia es recesivo, los descendientes del cruce entre insecto resistente con no resistente, serán no resistentes. Sin embargo, de esta forma se puede conseguir controlar la plaga pero no erradicarla.
Los investigadores de la Universidad de Arizona han dado un paso más y han utilizado el control biológico, liberando polillas estériles en los campos de algodón. El cruce entre una polilla estéril como una fértil da descendientes estériles. Por tanto, si se liberan suficientes polillas estériles se puede llegar a una población cero.
Desde que se inició el programa de erradicación en Arizona en 2006, las poblaciones de gusano rosado se han reducido drásticamente. En 2009, sólo se encontraron dos larvas de gusano rosado las 16.600 cápsulas de algodón no Bt que se muestrearon en todo el estado. De 2005 a 2009, la tasa de infestación de gusano rosado se redujo en un 99,9%. Junto con el descenso, insecticidas cayó a mínimos históricos. Mientras que las pérdidas por el gusano rosado en Arizona fueron de 18 millones de dólares anuales entre 1990 y 1995, éstas se redujeron a tan solo 172.000 dólares al año entre 2006 y 2009.






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