Los contratos de suministro de leche que vencían el 31 de marzo han dejado al sector lácteo español ante una de las mayores crisis de precios de los últimos años. Las industrias han presentado bajadas de entre cuatro y diez céntimos por litro, en muchos casos con escasos días de antelación y sin negociación previa. En este contexto, hablamos con Charo Arredondo, responsable de vacuno de leche de COAG y ganadera en el Valle de Soba, Cantabria.

¿Qué está pasando exactamente con estos contratos?
Con un mes de antelación, la industria tiene obligación de presentar un precontrato para que el ganadero se vaya haciendo la idea de si puede asumir la bajada, buscar otra industria o negociar. En Galicia lo hicieron a primeros de marzo. Aquí en Cantabria no se dijo nada hasta finales de mes. Yo misma fui a mi cooperativa, Agrocantabria, antes del día veinte y me dijeron que, en principio, no iba a haber bajada. Y ahora… ¡toma un sopapo!. El contrato llegó por email y a la media hora llamaban por teléfono: ¿ya me has firmado? Sin visita, sin explicación, sin nada. El contrato se hizo para ser una negociación, no una imposición. Para eso ya estábamos como hemos estado toda la vida.
A últimos de año no había leche y las industrias estaban sorteándose ganaderos, pagando un poco más para quitárselos unas a otras. Se peleaban entre ellas por coger más ganaderos porque les hacía falta más leche. Y ahora nos hacen esto. Nadie se ha sentado con nosotros a decir: mira, tenemos este problema, no nos queda más remedio, vamos a perder entre todos… Nada de eso. Ahí te pongo el contrato, lo firmas o tú verás.
¿Qué ha hecho la gente, firmar o no firmar?
Ayer me llamaban ganaderos de Cantabria preguntándome qué harían, y yo les dije que mi corazón me decía que no firmara. Pero no les puedo decir que no firmen, porque si luego no les recogen la leche, ¿quién asume ese gasto?. Lo tendrían que asumir ellos. Lo que menos falta nos hace, es perder.
A las vacas hay que ordeñarlas todos los días varias veces, sí o sí. Hay que darles de comer igual, no puedes oscilarles la comida para que den menos leche, porque luego les cuesta mucho recuperar. El gasto sigue siendo el mismo. Y la leche no la puedes guardar más de tres días, es un producto perecedero y que no te lo pague nadie es muy duro.
Los que tenían el contrato vencido, yo creo que al final han firmado. Han firmado como estrangulados, porque no les ha quedado más remedio.
¿Os han dado alguna explicación para estas bajadas?
Ponen la excusa de la guerra, pero no me la creo. Además, la guerra nos afecta a todos: a nosotros también nos ha subido el gasóleo, los plásticos, los fertilizantes. A todo el mundo le está afectando, pero a nosotros también. No es que nosotros salgamos airosos y podamos bajar ahora siete céntimos de nuestro litro de leche. Es más, ya nos han avisado de que a primeros de abril van a mover los precios del pienso, que los tienen que subir. Y nosotros también somos consumidores: vamos al supermercado, vamos a los talleres a buscar aceites, mano de obra, repuestos para la maquinaria. Todo eso ha subido.
Todos los productos se están encareciendo. No tiene razón de ser que el nuestro baje. Que nos lo hubieran dejado como estaba. Vale que nos hubieran bajado un céntimo, pero esta burrada de diferencia es un aplastamiento. Y no nos la justifican. Que nos digan el porqué, que se sienten con nosotros y nos lo expliquen. No ha sido una negociación, ha sido una dictadura.
La ley de la cadena obligaba a cubrir costes. ¿Cómo es posible entonces que esto pase?
Yo por eso estoy muy cabreada. Después de todo lo que hemos luchado para sacar la ley de la cadena, el contrato obligatorio, el Real Decreto que obligaba a cubrir el coste de producción… que ahora nos vengan otra vez como hace veinte años. Me ha dejado planchada, cabreadísima. Yo pensé que este tipo de presiones no las íbamos a volver a tener nunca. Toda la vida nos han pagado lo que la industria ha querido, sin valorar lo que nos cuesta producir, ni las inversiones que tenemos que hacer, ni nada.
Ahora me agarro a esa misma ley. Los contratos ni cubren los costes de producción ni se han presentado en debida forma, y han sido firmados bajo una presión enorme. Tengo esperanza en que se puedan echar atrás. Desde COAG hemos pedido reunión con la AICA y nos la han dado para el día siete. Y Ana Rodríguez, secretaria general de Recursos Agrarios, nos ha convocado el día ocho a todas las OPAs, cooperativas e industrias . A ver si podemos agarrarnos a la ley de la cadena y al Real Decreto para obligarles a ingresar esa diferencia de precio. No nos podemos quedar con los brazos cruzados.




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