Madrid también es campo. Ese fue el mensaje que se quiso dejar este miércoles en la Puerta del Sol, donde las organizaciones profesionales agrarias (OPAs) madrileñas se concentraron para poner el foco en los problemas que, según denuncian, están dejando a muchas explotaciones con cada vez menos margen: acuerdos comerciales como Mercosur, el recorte del 22% que se viene barajando para la próxima Política Agraria Común (PAC), la burocracia, el relevo generacional y los daños de fauna y plagas.

La convocatoria, impulsada por ASAJA Madrid, UGAMA, AGIM-COAG, UPA Madrid y la Unión de Cooperativas Agrarias Madrileñas (UCAM), reunió a unas 200-300 personas, según las estimaciones previas manejadas por las organizaciones. La idea de fondo fue trasladar que estas decisiones no se quedan “dentro” del campo: terminan afectando a lo que se produce, a cómo se produce y a lo que llega a la compra diaria.
«Los pagafantas del acuerdo»
Uno de los ejes principales fue el acuerdo UE-Mercosur. La protesta se planteó como una advertencia sobre lo que ocurre cuando se exige a los productores europeos una lista larga de requisitos y, al mismo tiempo, se abre el mercado a productos de terceros países con normas distintas. En ese marco, Alfredo Berrocal, presidente de UGAMA, resumió la sensación con una frase directa: “somos los pagafantas de este acuerdo”. El problema, insistieron, no es el comercio en sí, sino competir con reglas diferentes, por costes laborales y por la posibilidad de que lleguen producciones elaboradas con sustancias que aquí están prohibidas.
En paralelo, el presupuesto de la PAC apareció como otra pieza clave del encaje. Con los costes de producción altos, el recorte del 22% se sitúa como un golpe directo a la rentabilidad y a la continuidad de explotaciones, especialmente en un contexto en el que algunas producciones ya van ajustadas. José García Navarrete, presidente de ASAJA Madrid, lo llevó al terreno del consumidor con una advertencia muy clara: “iros olvidando de pagar la cerveza al precio que se está pagando, del pan al precio que se está pagando y el filete de carne del precio al que se está pagando”. La lectura que se trasladó en Sol fue que, si el campo produce con más exigencias y menos apoyo, el resultado acaba siendo más dependencia exterior y precios al alza.
Menos oficina y más explotación
La burocracia se mezcló con todo lo anterior como un desgaste diario. La queja no se quedó en que “hay papeles”, sino en que el papeleo va ganando terreno a las labores de la explotación. Navarrete lo resumió con una imagen: entre controles, aplicaciones, fotos y requisitos, el agricultor o ganadero termina siendo “matemático, topógrafo, fotógrafo, vigilante”, además de su oficio. Desde la Comunidad de Madrid, el director general de Agricultura, Ángel de Oteo, defendió que el Gobierno regional acudía a apoyar la concentración y a canalizar estas demandas hacia el Ministerio y Europa, en un momento en que “cada vez el campo está más necesitado de hacer papeles en vez de estar produciendo productos de calidad”.
Con ese panorama, el relevo generacional se planteó casi como una consecuencia lógica. Se habló de un sector envejecido y de lo difícil que resulta atraer a jóvenes cuando la inversión inicial es alta y la incertidumbre también. Se citó que iniciar una explotación puede requerir inversiones cercanas al medio millón de euros, una cifra que explica por qué cuesta tanto que alguien se incorpore. Berrocal lo formuló en forma de pregunta: “¿cómo les decimos a nuestros hijos o a nuestros sobrinos que entren en una actividad donde los precios pueden cambiar de golpe y donde la inversión compromete años?».
UPA Madrid insistió en la urgencia de medidas concretas y lo ligó al calendario real del campo. Su secretario general, Jesús Anchuelo, explicó que preferirían estar en las tareas de temporada, pero que se ven obligados a movilizarse: “nos gustaría estar hoy en el campo abonando, terminando la siembra, recogiendo las aceitunas, pero no”, “queremos hechos, hechos inmediatos”.
El bloque de fauna y plagas apareció como otro problema que ya se nota en los números de muchas explotaciones, con daños por conejos y jabalíes y con menciones a accidentes en carretera. Ivana Martínez, secretaria general de AGIM-COAG, lo expresó con una comparación: se está “protegiendo mucho más a la fauna salvaje, a los conejos, a los jabalíes, a los lobos, que a los jóvenes” que quieren incorporarse. Sobre este punto, la Comunidad de Madrid señaló que mantiene actuaciones de control en infraestructuras de su competencia, con capturas de conejos en determinadas zonas, además de haber pedido actuaciones en infraestructuras estatales y de trabajar para agilizar trámites en áreas donde no hay coto.
Un cocido como metáfora
El cierre de la mañana buscó traducir todo ese debate a un gesto sencillo: el reparto de cocido madrileño elaborado con productos de la región. La idea era que el consumidor no perciba estas reclamaciones como algo ajeno, sino como una discusión directa sobre qué se produce cerca y en qué condiciones. Navarrete lo convirtió en aviso: “dentro de 10 años ese cocido puede ser que ni sea madrileño”, si la producción local sigue perdiendo peso. En el fondo, el lema de la concentración funcionó como recordatorio: Madrid también es campo, y lo que ocurra con Mercosur, la PAC o la burocracia no se queda en el sector, sino que termina llegando al plato.





A recogido el guante luis planas,si no estoy va seguir y pedro Sánchez que recoja el otro guante