El cultivo de colza

Descripción botánica

 

Brassica napus ssp oleifera es una planta crucífera, al igual que nabos, coles, coliflor, brécol, etc. Muy similar o igual a la colza es la planta conocida como nabina. La colza puede superar la altura de 150 cm, según la variedad y condiciones en las que se desarrolle. Las hojas inferiores son dentadas y rizadas y las superiores acorazonadas y abrazadoras.  Tiene raíz pivotante, con tendencia natural a profundizar, pudiendo llegar hasta 150 cm, con lo que mejora la estructura y el drenaje del suelo. La inflorescencia es en forma de racimos, con los colores amarillentos típicos de las crucíferas, y los frutos maduros tienen un color entre el rojizo y el negro.

 

Clima

 

La colza necesita entre 450 y 500 mm, de las cuales una tercera parte deben suministrase entra la siembra floración y dos tercios desde la floración a la maduración de las semillas. No soporta heladas inferiores a los –2ºC hasta llegar al estado de cuatro hojas, pudiendo soportar después temperaturas inferiores a –10 ºC. Por esta razón las siembras otoñales deben ser bastante precoces con el fin de llegar a la época de frío con el desarrollo adecuado. También existen variedades de ciclo corto adaptadas a siembras primaverales.

 

Para que se lleve a cabo la maduración en condiciones óptimas no debe hacer demasiado calor en primavera. La recolección se realiza normalmente en las mismas fechas que los cereales de invierno, utilizándose las mismas cosechadoras, con los ajustes necesarios

 

Suelo

 

La colza prefiere suelos profundos con texturas francas, que tengan buena aireación y drenaje. No se adapta bien a suelos arenosos, y los arcillosos pueden dificultar la nascencia y desarrollo posterior. Es bastante resistente a la salinidad, tanto del suelo como del agua de riego.

 

Abonado

 

La colza es una planta bastante exigente en nutrientes, aunque una buena parte de ellos son aprovechables por el cultivo siguiente. Las extracciones para rendimientos de 3.000 kg/ha son aproximadamente de 150 kg/ha de nitrógeno;  60 de P2O5; 220 de K2O;45 de MgO y 65 de azufre.

 

Como abonado de fondo se deben aplicar 40-50 Unidades de Nitrógeno por hectárea. En cobertera se abona normalmente con otros 40-50 Unidades en el caso de secanos áridos; en secanos frescos y en regadío la cobertera se realiza en dos veces, aplicando una dosis total de 90-110 Unidades.

 

El abonado de fósforo y potasio dependerá de la cantidad presente en el suelo. En suelos equilibrados, se recomienda un abonado con unas 50-70 unidades de fósforo y entre 75 y 150 de potasio. El azufre es particularmente importante en este cultivo, debiendo realizarse una aportación entre 35 y 60 unidades de azufre.