25/11/2014

Desarrollado un proyecto para la mejora del ricino y su cultivo en zonas semiáridas templadas

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA), dependiente de la Consejería de Agricultura y Agua, coordina, en colaboración con el Instituto de Agricultura Sostenible de Córdoba, un proyecto sobre recursos fitogenéticos. Dentro de este proyecto se ha realizado una colección de germoplasma (banco de semillas) en España que servirá de punto de partida para la mejora del ricino (Ricinus communis) y su cultivo en zonas semiáridas templadas. La investigación está coordinada por la doctora María Jesús Pascual Villalobos, del IMIDA.

El director del IMIDA, Adrián Martínez, destacó que el ricino es un cultivo oleaginoso industrial de uso no alimentario que “tiene futuro en Europa”, ya que permite desarrollar el concepto de ‘biorefinería’, es decir, el uso integral de materias primas para la utilización de compuestos químicos, bioproductos y bioenergía”.

En este sentido citó la poliamida II, que es un polímero con unas características técnicas muy especiales, que se obtiene a partir del aceite de la semilla. Además, las hojas de la planta sirven de alimento para criar un tipo especial de gusano de seda (Samia ricini), que es fuente de biomateriales con aplicaciones en Medicina regenerativa.

Recientemente la doctora Pascual Villalobos presentó una ponencia en la Conferencia Internacional sobre cultivos industriales, celebrada en Atenas (Grecia), en la que habló, entre otras cuestiones, de la situación actual de diversos cultivos oleaginosos, como la canola (Brassica napus), girasol (Helianthus annus), lino (Linum usitatissimum), cártamo (Carthamus tinctorius), centrándose en las aplicaciones no alimentarias.

En este sentido, destacó que el girasol de alto oleico se ha extendido para la producción de biodiesel y que hay otras especies como la Brassica carinata o la Camelia sativa con buenas perspectivas para desarrollarse como cultivos en Europa para fabricar combustibles para motores de aviación.

Según María Jesús Pascual, los aceites vegetales y sus derivados sirven también como lubricantes, recubrimientos, aditivos para plásticos, tintas y agroquímicos, entre otros usos. Algunos de ellos son pequeños nichos de mercado, pero con buenos precios. Un ejemplo de un bioproducto de alto valor añadido es la erucamida (sector de los plásticos), que se obtiene de la colza (Brassica napus) de alto contenido en erúcico.

La cosmética y la Farmacia es otro sector donde abundan compuestos procedentes de cultivos oleaginosos. Por ejemplo, el ácido estearidónico obtenido de Echium, los ácidos grados omega-3 de la semilla de borraja (Borago officinalis) o la cera líquida del aceite de jojoba (Simmondsia chinensis). Desarrollar la biotecnología para transformar o modificar los aceites vegetales en función de las propiedades que requiera la industria, es un campo por explorar.

La Conferencia Internacional sobre cultivos industriales celebrada en Atenas coincidió con la XXVI reunión anual de la AAIC (Association for the Advancement of Industrial Crops). La primera vez que se celebró en Europa la reunión de esta Sociedad Científica fue organizada por el IMIDA en 2005. Posteriormente, se ha ido celebrando en distintos lugares de Estados Unidos y América Latina.


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