5/9/2011

Nota de ASOCIAFRUIT

Balance negativo en el cierre de la campaña de patata temprana de Andalucía

Los últimos datos recogidos en referencia a la campaña de patata temprana confirman la continuidad de la negativa trayectoria sufrida por este sector en los últimos cuatro años. A la ya negativa situación del mercado se han sumado factores externos que han contribuido a agravar aún más la situación, factores como la reciente crisis del pepino, las intensas lluvias del pasado año, o la huelga de transporte entre otras.

Centrándonos en la campaña de patata temprana podemos afirmar que las consecuencias de la crisis de E-coli (conocida popularmente como la crisis del pepino), han sido desastrosas. El estallido de la crisis se produjo en la fase punta de recolección de la patata temprana, por lo que el cierre de mercados que trajo consigo supuso que una cantidad significativa de patatas no se pudieran enviar a los mercados principalmente alemanes. Por otro lado, la recuperación de la demanda no fue inmediata después de la apertura de fronteras: esta recuperación fue muy lenta y espaciada en el tiempo, provocando un exceso de oferta que hizo caer los precios a niveles imposibles de mantener en mercado de exportación. En el mercado nacional la situación se agravó más si cabe al intentar colocar aquí los excesos de oferta a la exportación.

En definitiva, las pérdidas estimadas ascienden a más de 25 millones de euros. El cierre de fronteras ha supuesto una bajada de precios de un 50%, pasando de los 0,25 €/kilo en origen a 0,12€/kilo en origen. En algunos casos ha supuesto una reducción muy significativa de márgenes de rentabilidad, en otras la causa de pérdidas al posicionarse el precio por debajo de los costes de explotación, lo que ha obligado a dejar la patata en el campo sin recolectar para intentar igualar oferta y demanda.

A ello debemos unir que, a pesar de los esfuerzos realizados desde instituciones como Asociafruit (donde se integra el sector de patata temprana de Andalucía) y FEPEX, la patata no ha sido considerada como uno de los productos afectados por la crisis E-coli y por tanto ha quedado fuera de las compensaciones asignadas. Lo mismo ha sucedido con la frutas de hueso (melocotón, nectarina, ciruela, principalmente), la sandía y el melón, llevándonos esto a considerar que han sido los productos más notorios los que han recibido la compensación y quedando fuera los que tienen menor repercusión mediática.

Sin embargo, patata, fruta de hueso, melón y sandía por ejemplo sí han sido incluidos entre aquellos productos que van a recibir una ayuda del 80% para la realización de programas de promoción en los mercados que han sufrido con la crisis. Desde FEPEX y Asociafruit se ha rechazado la posibilidad de presentar propuesta alguna ya que se entiende que el sector no debe hacerse cargo de este programa de promoción, siendo el causante de la crisis el que tiene que compensar en su totalidad haciéndose cargo de su coste íntegro. Además es necesario aclarar que desde el sector en ningún momento se han solicitado ayudas, lo que se ha solicitado es que se le compense en su totalidad por los cuantiosos daños acumulados.

Si en este contexto tenemos en cuenta que las previsiones para el año próximo no son halagüeñas por la incertidumbre socioeconómica reinante, se teme una pérdida significativa de relevancia de la patata en los campos andaluces, y españoles.

Otro factor potenciador de dicha incertidumbre viene dado por la agresividad de las importaciones de patata conservada, procedente principalmente de Francia. En un mercado indiferenciado en el que el consumidor final no está informado sobre las claras diferencias de sabor y de propiedades nutricionales entre un producto fresco como la patata temprana y la patata vieja conservada importada, la situación competitiva de la patata nueva es progresivamente más débil al tener que competir en precios con un producto de un nivel de calidad significativamente menor. Los precios a los que se ven forzados a competir con esta patata vieja conservada importada son inviables estando por debajo de costes.

A esto hay que añadir que desde el sector se quiere destacar el fraude en el que en ocasiones se incurre en el punto de venta en cuanto a la información que aparece en el etiquetado y en la cartelería, etiquetando lo viejo como nuevo. Etiquetado que además, favorecido por la actual normativa, no ofrece al consumidor una información fácil y rápida que le ayude a identificar si se trata de patata nueva o de conservación.

Además, el consumidor sensible con la sostenibilidad del medio ambiente debe conocer el alto coste ecológico de la patata conservada importada, con una huella ecológica radicalmente mayor que la patata nueva cultivada en nuestras tierras. En los países europeos está implantándose mayoritariamente la cultura de “piensa global, consume local”, que consiste en la preocupación por el medioambiente y la ecosostenibilidad, optando por el consumo de productos frescos cultivados en el entorno cercano, sin necesidad de conservación. Se trata de un factor de importancia creciente al que se le une de forma destacada el mayor sabor derivado de su frescura, propiedades que el consumidor debiera tener en cuenta a la hora de hacer la compra de frutas y hortalizas.


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