6/5/2011

Transgénicos, Laicismo y Ecología en la Unión Europea

Juan José Peinado Vacas. Ingeniero Técnico Agrícola

En septiembre de 2010 y en un artículo publicado en esta misma web (*) me permitía cuestionar el entusiasmo europeista que emanaba del Discurso sobre el estado de la Unión, pronunciado días antes ante el Parlamento Europeo por el Presidente de la Comisión Europea (Sr. Durao Barroso), dadas las evidentes discrepancias entre sus optimistas deseos de una Europa global devenida en potencia mundial y la cruda realidad diaria a la que nos venimos enfrentando los ciudadanos europeos.

Pues bien, en una nueva muestra del nivel de integración alcanzado por esa potencia mundial conocida como Unión Europea que publicitaba en su discurso el Presidente de la Comisión, hemos visto en estos últimos días que, ante el deseo de restablecer sus fronteras interiores expresado por lo que podíamos definir como el auténtico “órgano de decisión” de la UE (es decir: Francia y/o Alemania), el Sr. Durao Barroso (contradiciendo una vez mas los términos de su discurso sobre el estado de la Unión) manifestaba recientemente que: “considera factible el restablecimiento de las fronteras interiores de la UE” aunque, eso sí, “en condiciones perfectamente definidas y limitadas”. Imagino que definir y limitar las condiciones para ese restablecimiento de las fronteras será, obviamente, una competencia exclusiva del “órgano de decisión”.

Por si eso fuera poco, hemos sido testigos (algunos con auténtico estupor) de que en ese “espacio de libertad, justicia y seguridad”, que nos dibujaba en su discurso el Sr. Durao Barroso, en el que impera el laicismo y en el que, según pensaba el que suscribe (por lo que se ve erróneamente), estarían excluidos: dogmas, creencias y esoterismos, se está estudiando la posibilidad de permitir que los 27 Estados miembros que lo componen puedan, a nivel individual, prohibir, en base a “preocupaciones filosóficas, religiosas o éticas” (¡¡casi nada!!), el cultivo en su territorio de organismos modificados genéticamente aún cuando éstos hayan sido debidamente autorizados para su cultivo en “toda” la Unión Europea tras una estricta aplicación del procedimiento reglamentario de autorización.

Dado que el “órgano de decisión” apoya claramente, al parecer, tan sorprendente propuesta y dada la impecable coherencia que en estos últimos tiempos emana de algunas de las actuaciones de la UE, no sería descartable, en absoluto, que en un próximo futuro el cultivo de transgénicos pudiera ser castigado por algunos Estados miembros con penas de excomunión (o incluso, en su caso, de lapidación) al contravenir algún precepto dogmático nacional.

No deja de sorprenderme por otra parte el silencio que, ante semejante despropósito de los legisladores, viene manteniendo Greenpeace: ese grupo antidogmático mundialmente conocido y jugosamente financiado que, según revelaron los papeles de Wikileaks, no tuvo reparo en alcanzar un acuerdo de facto con el Gobierno de Francia para mantenerse al margen en lo referente a las iniciativas nucleares de Sarkozy a cambio del apoyo del Ejecutivo francés en su cruzada antitransgénicos.

Si esa virtuosa propuesta fuera finalmente aprobada por la Unión Europea y Greenpeace persistiera en su silencio ante ese dogmático enfoque reglamentario, sugiero que en sus futuras acciones de destrucción de los pecaminosos campos de OMG (sean estos de producción o de simple ensayo de investigación), los ecogerrilleros de Greenpeace sustituyeran por estrictas sotanas (o quizás el más dinámico “clergyman”) sus tradicionales monos de trabajo blancos puestos de moda por el ínclito Lord Melchett, el segundo ecogerrillero más famoso del Reino Unido sólo superado por el líder absoluto en este campo que no es otro que S.A.R el Príncipe Carlos de Inglaterra, famoso ecologista al tiempo que paladín de la igualdad social y el laicismo (no olvidemos que antes o después está llamado a ser “sólo” el Gobernador Supremo de la Iglesia Anglicana).

Me permito finalmente sugerir a Greenpeace que, en ese nuevo escenario europeo que, de no mediar el sentido común, nos espera, valoraran la posibilidad de modificar su actual nombre por el mucho mas venerable de: “Holygreenpeace”.

Habida cuenta la casta política que nos gobierna tanto a nivel nacional como europeo (por cierto: creo que el presidente de Greenpeace España está formando un partido “verde”) no resulta difícil imaginar un futuro bastante complejo para la gran mayoría de los ciudadanos europeos.

Pero, en fin, “que Dios nos coja confesados”.


(*) La Biotecnología, la Integración europea y el Sr. Durao Barroso. Agrodigital

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