16/9/2010

La Biotecnología, la Integración europea y el Sr. Durao Barroso

Juan José Peinado Vacas. Ingeniero Técnico Agrícola

“Nuestros socios están pendientes de nosotros y confían en que actuemos como Europa y no simplemente como 27 países individuales. Si no actuamos conjuntamente, Europa no será una potencia mundial”. (J.M. Durao Barroso/Presidente de la Comisión Europea).


En su edición del pasado día 4 de septiembre, el diario EL PAÍS incluía un artículo de opinión en el que, bajo el título “La agenda europea carece de objetivos políticos para avanzar en la integración” el autor del mismo se lamentaba de que, a muy pocos meses de que se cumpla el primer aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, la Unión Europea (UE) seguía perdiendo visibilidad internacional. Lo que sería achacable, según el diario, a que no se ha avanzado nada en el objetivo de contar con una “voz única”, que permitiría, tal como persigue el citado Tratado, hacer de Europa “…un actor en la escena global..”.

Afortunadamente, sólo tres días mas tarde (el 7 de septiembre) en su discurso sobre el estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, el Presidente de la Comisión Europea (Sr. Durao Barroso) acallaba cualquier posible pesimismo al anunciar, henchido de entusiasmo, que la hora de la verdad para Europa había llegado y, en consecuencia, debía demostrar que era algo mas que 27 soluciones nacionales diferentes.

Lamentablemente, algunas situaciones que han tenido lugar recientemente en el ámbito de la UE parecen desmentir el optimismo emanado del discurso del Sr. Durao Barroso, ya que un simple repaso a los medios de comunicación de las últimas semanas nos permite comprobar de forma fehaciente que, contrariando los deseos del Sr. Durao Barroso, Europa sigue dando respuestas nacionales individualizadas a desafíos económicos, energéticos y sociales que exigirían una solución global si, como parece que es el caso, se pretende ser una potencia mundial. Esta falta de armonización se ve además agravada por el circunstancia de que la respuesta que un determinado Estado miembro pudiera haber dado a un determinado asunto, tiende, de forma recurrente, a modificarse radicalmente al producirse un cambio de gobierno.

No parece, desde luego, que esa deseable “integración” europea se haya alcanzado en el escenario financiero, según se desprende de las conclusiones del Grupo de Reflexión sobre el futuro de la UE que se recogen en un artículo de su presidente (D. Felipe González) publicado el pasado domingo y se indica, por ejemplo, que: “… si queremos evitar que ya, antes de salir de esta crisis, estemos incubando la siguiente, a cuyo rescate no podremos acudir……..es imprescindible que la Unión tenga sus propias normas regulatorias comunes con sus mecanismos de control y vigilancia…”.

Tampoco parece que exista una posición común europea en un sector absolutamente prioritario como es el energético (“…motor clave del crecimiento y una prioridad fundamental para la acción…” según el Sr. Durao Barroso”) y en concreto sobre el papel que en el futuro energético de la UE podría jugar la energía nuclear.

Otro sector (en el que me voy a permitir extenderme algo más) en el que resulta fácilmente constatable la falta de armonización europea no es otro que el agrícola. Un sector que, según el Sr. Durao Barroso, “…con visión de futuro desempeñará un papel importante en las medidas europeas para abordar algunos de los principales desafíos que nos aguardan, como la seguridad alimentaria mundial…”. En este caso la ausencia de una “voz única” se ve agravada, además, por la incoherencia de algunas de las “soluciones nacionales”. Veamos un ejemplo:

Como consecuencia de una serie de agresivas campañas mediáticas (maniqueas y por lo general claramente manipuladoras) llevadas a cabo por grupos ecologistas y otros colectivos “comprometidos”, una mayoría de ciudadanos de la UE ha acabado teniendo una percepción negativa sobre la biotecnología y, en concreto, sobre la biotecnología agrícola, lo que deriva, como no podía ser menos, en un incumplimiento, por parte de muchos Estados miembros, de actos jurídicos comunitarios con objeto de no contrariar a sus ciudadanos que, para la gran mayoría de los políticos, más que ciudadanos son, simple y llanamente, posibles votos (1).

Estas agresivas campañas antitransgénicos incluso se han radicalizado en los últimos años aún cuando el diseño y las conclusiones de algunos de los estudios que sirvieron como referencia obligada, por parte de los grupos ecologistas, para demostrar la peligrosidad de los OMGs (mariposa Monarca; patatas del Dr. Puzstai; etc.) fueron fuertemente cuestionados por la comunidad científica y acabaron siendo abandonados por los propios ecologistas (lo que no impide que algún ecologista despistado siga aún utilizándolos en la ofensiva antitransgénica).

El único argumento, reconozco que incuestionable, en el que actualmente se sustenta la ofensiva antitransgénica, es que se trata de una tecnología en manos de un muy reducido grupo de empresas multinacionales pero, claro, me gustaría que alguien me indicara si, a día de hoy, existe alguna actividad tecnológica (con un amplio mercado) que no se encuentre bajo el control de grandes corporaciones empresariales.

A nivel estrictamente personal, considero que la biotecnología agrícola debe valorarse fundamentalmente como una muy precisa herramienta de selección que contribuirá, no me cabe duda, a incrementar la producción mundial de alimentos para atender las necesidades del aumento de población (en las conclusiones de la cumbre alimentaria de la FAO celebrada en 2008 se estimaba ese necesario incremento en un 50% en los próximos 22 años). Y en cualquier caso, si el objetivo perseguido por la UE (urgida por los colectivos ecologistas) es evitar ese indeseable control de la biotecnología por parte de empresas multinacionales nada mejor que la receta (que suscribo punto por punto) del Dr. Norman Borlaug (Premio Nobel de la Paz en 1970 por sus trabajos de investigación que dieron origen a lo que se conoce como “Revolución verde”) cuando, al ser preguntado sobre este asunto, dijo: “La mejor protección contra esto es la ciencia académica. Es esencial impulsar programas de investigación en el sector público, financiados por los gobiernos, desarrollados en institutos internacionales que no tengan vinculaciones con las firmas privadas”. Claro que para cubrir este objetivo sería necesario que tanto los 27 Estados miembros (a nivel individual) como la propia Unión Europea (a nivel global) potenciaran la financiación de programas de I + D lo que, vista la prensa de esta misma mañana, en el caso concreto de España parece ser que “ahora no toca”.

Es este idílico escenario y con relación a este tema, no puedo evitar mi estupefacción al conocer la noticia de que, el pasado 20 de julio, Francia (que en 2008 decidió -con la oposición de algunos expertos y científicos franceses- prohibir en su territorio el cultivo del maíz transgénico MON810 -debidamente aprobado en la UE-, con el argumento de que, su cultivo, representaba un riesgo tanto para la flora como para la fauna) había incluido en su Registro Nacional de Variedades Comerciales ¡¡¡36!!! variedades MG conteniendo el evento MON810. Eso sí, las autoridades responsables aclaran que se autoriza la comercialización (en una Europa sin fronteras) aunque se mantiene la prohibición de su cultivo en Francia ya que “algunos investigadores franceses” estiman que siguen representando un riesgo para la flora y la fauna.

No sé si el Sr. Durao Barroso coincidirá conmigo en cuestionar que un país integrante de una pretendida potencia mundial (en una actuación más propia del Cártel de Medellín que de un Estado miembro europeo) se permita comercializar un producto que algunos de sus “expertos en nómina” consideran que representa algún tipo de riesgo.

Por otra parte, Francia decidía incluir además en su Registro Nacional de Variedades Comerciales, dos variedades de maíz MG conteniendo, en este caso, el evento T25 que, si bien la Decisión 98/293/CE por la que se aprobaba su comercialización en la UE autorizaba expresamente su cultivo, por razones que sería prolijo detallar, la Comisión Europea acordó no incluir en el Catálogo Común de variedades de especies agrícolas ninguna variedad conteniendo dicho evento lo que, obviamente, impedía su cultivo en la UE.

Confieso que espero con ansiedad la respuesta de los servicios jurídicos de la UE a esta memorable actuación francesa.

Parece por tanto y como conclusión, que esa inmediata “integración” de la que emanaría una “voz única” que persigue el Sr. Durao Barroso, resulta, al menos de momento, poco mas que una entelequia.


(1) (1) Ver en esta misma web el documento “Normativa sobre OMG”

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