8/7/2009

Transgénicos, Escorts, Cocineros y Cambio climático en una Europa unida

Juan José Peinado Vacas. Ingeniero Técnico Agrícola

Parece ser, según se desprendía de algunas informaciones publicadas durante el despliegue mediático puesto en marcha con ocasión de las pasadas elecciones europeas, que el “europeismo” de los ciudadanos comunitarios resulta un tanto tibio, en claro contraste con el ardor “europeista” demostrado por la mayoría de sus actuales gobernantes.

Es posible, me atrevería a aventurar, que esa tibieza europeista de los ciudadanos europeos tenga su origen, justamente, en algunas memorables actuaciones de sus gobernantes. Veamos algunos ejemplos:

En primer lugar, resulta evidente que, para las citadas elecciones europeas, los partidos políticos nombraron como candidatos, en el mejor de los casos, a aquellos dirigentes a los que querían apartar de la política nacional.

El Primer Ministro italiano, por ejemplo, fue algo más allá y llegó a considerar la posibilidad de incluir en la Lista para las europeas de su partido, en un claro ejemplo de su interés por una Europa fuerte y unida, a una serie de señoritas que se dedican a una actividad conocida como Escort (según creo, el cerebro no es la parte del cuerpo mas importante en el desarrollo de su trabajo), eso sí tras unos intensivos cursillos de “teoría política” que el citado Primer Ministro les impartía, personalmente, en una de sus fincas de recreo (finalmente, al parecer, las citadas señoritas fueron incluidas en la lista que su partido presentó en las elecciones locales de Puglia).

Por otra parte, los responsables políticos no dudan en tergiversar o desvirtuar en sus declaraciones públicas, en interés claramente partidista y en una clara burla a sus ciudadanos, los objetivos de algunos de los que, según dicen, son los grandes proyectos comunitarios como por ejemplo: la lucha contra el cambio climático.

En este sentido, el que suscribe no puede ocultar el estupor (y cabreo) que le suscitaron las declaraciones de la Vicepresidenta económica del Gobierno (y otros miembros del ejecutivo) en las que, con el fin de justificar la subida del precio de los carburantes (curiosamente solo unos días después de celebrarse las elecciones europeas), y tras agresivas campañas mediáticas previas para estimular el consumo (en general) y la venta de coches y motos (en particular), no dudó en decir (sin reírse ni nada) que, la citada subida de carburantes, sería “…un instrumento al servicio de la política de protección al medioambiente”.

Recientemente hemos tenido noticias de otro claro ejemplo de esa “comunión europeista” que embarga a los responsables políticos europeos y que no tiene otro objetivo que alcanzar esa “coherencia de acción” que, como uno de los objetivos de la Unión Europea, se recoge en el preámbulo del Tratado de Lisboa.

El pasado día 7 de julio el DOCE publicaba la Recomendación de la Comisión 2009/524/CE sobre medidas para mejorar el funcionamiento del mercado único en el que se indica textualmente que “Para que el mercado único funcione de manera adecuada, es fundamental que las normas que afectan a su funcionamiento…..estén suficientemente armonizadas” y para cumplir este objetivo aboga, entre otras medidas, por “…mejorar la aplicación de las normas del mercado único..”.

Anticipándose en unas fechas a ese objetivo armonizador en la aplicación de las normas en el ámbito de la Unión Europea, los responsables políticos de Austria (con el apoyo, de momento, de ¡¡13!! Estados miembros) presentó, para su discusión en la reunión del Consejo del pasado 25 de junio, un documento proponiendo que cada EM tenga la capacidad de decidir si quiere, o no, que en su territorio se cultiven transgénicos aunque, según se indica en el documento, sin ningún cambio en el procedimiento general de autorización de comercialización de los OMG’s y los productos que los contienen.

No descarto, en absoluto, que la propuesta presentada al Consejo sea el resultado del estudio detallado, por parte de los responsables políticos de los países solicitantes, de los mas recientes estudios científicos que, sobre este tema, se hayan publicado. Como por ejemplo, el manifiesto: “Chefs antitransgénicos” publicado recientemente y en el que los más renombrados cocineros nacionales se manifiestan claramente contrarios a la alimentación con transgénicos. No se definen, lamentablemente, estos eminentes científicos del fogón, sobre los alimentos que deberían componer la dieta básica de los ciudadanos del planeta, pero parece lógico pensar, habida cuenta de la materia con la que trabajan, que el caviar, la trufa blanca y la langosta (a veces desestructurados pero siempre ecológicos) deberían estar siempre presentes en nuestra dieta (no me consta que, de momento, las Escort/Políticas italianas hayan expuesto su autorizada opinión sobre tan controvertido asunto).

Volviendo, y ahora en serio, a la propuesta de Austria debatida en el Consejo, en mi opinión personal la aprobación de la propuesta austriaca exigiría una profunda modificación del procedimiento de autorización de la Directiva 2001/18/CE y del Reglamento (CE) Nº 1829/2003 e incluso del procedimiento comunitario de “comitología” (Decisión 1999/468/CE). La opción alternativa sería establecer un sistema derogatorio de “barra libre” que permita a cada Estado miembro aplicar, en cada momento, solo aquellas disposiciones comunitarias (de cualquier ámbito jurídico ¿por qué no?) que estén en consonancia con la sensibilidad política del Gobierno de turno.

¿Es esa la Europa que pretende alcanzarse con el Tratado de Lisboa?.


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