26/5/2009

Transgénicos: tarifa plana en demagogia

Artículo de Agustín Mariné Trías.Presidente de la AGPME (Asociación General de Productores de Maíz de España)

Ha aparecido estos días la información sobre una ponencia impartida por el señor Juan Felipe Carrasco “ingeniero agrónomo experto en transgénicos”. En una charla de tres horas, y ante un auditorio de futuros ingenieros agrónomos, asegura que el cultivo de OGM es un “riesgo inasumible para la economía de las zonas rurales”, que “ahonda en los problemas agrícolas y alimentarios del planeta” y que “perjudica a la enorme masa de agricultores que dependen de la biodiversidad”. Además vincula la defensa de los transgénicos con los tan manidos “intereses de las multinacionales”.

Pues bien, los pasados días 20 y 21 de mayo se ha llevado a cabo en Polonia la Asamblea General Anual de la Confederación Europea de Productores de Maíz (CEPM). A la misma hemos asistido los representantes de las Asociaciones Nacionales de Productores de Maíz de Portugal, España, Francia, Italia, Alemania, Polonia, Hungría, Rumania, Eslovaquia y Bulgaria (además de Ucrania). Entre todos, representamos a agricultores cultivando más de 14 millones de hectáreas de maíz grano, ensilaje, dulce y de semilla. Ni un solo representante de multinacionales de ningún tipo. Después de dos días de ponencias hemos podido comprobar la especial preocupación que subyace en todo el sector europeo por la disparidad de criterios gubernamentales de los respectivos países en relación con el dossier OGM. Todas las delegaciones han expresado la gran inquietud que les transmite el sector productivo por el cúmulo de prohibiciones, restricciones y trabas de todo tipo que sufren por parte de sus gobiernos para poder cultivar OGMs. Todo ello agravado por la asombrosa normalidad con la que el grano producido en países terceros con estas tecnologías es autorizado para su incorporación en la alimentación animal (y humana) en Europa. Actualmente hay más de 35 eventos transgénicos permitidos por la Comisión para la importación, y la lista podría ampliarse hasta 80 en un futuro no muy lejano. La tecnología actual abarca desde resistencias a insectos y herbicidas, pasando por síntesis de aminoácidos esenciales, hasta una mejor eficacia en el uso del agua (de especial importancia en nuestro país) o de los fertilizantes (75% de ahorro de nitrógeno). En USA la mayoría de los maíces contienen hasta cuatro modificaciones genéticas diferentes, y en un plazo de 2 ó 3 años esperan llegar a ocho. Con este mismo grano que a nuestros agricultores se nos prohíbe cultivar, se está alimentando nuestra cabaña ganadera y la práctica totalidad de los animales de granja del mundo. Algunos desde hace más de 20 años. Pues bien, aún con toda esta biotecnología al servicio de la producción (aumentando la cosecha mundial de maíz en un 25% entre 1999 y 2009), los stocks se han visto progresivamente reducidos estos últimos años, y actualmente se estiman en un 11% del consumo anual. Esto significa que cualquier pequeña disminución en la producción, sumada a un aumento en el consumo al que legítimamente pueden aspirar tantos países desnutridos podría abocarnos a un colapso de los mercados. Y esto no es ciencia ficción, todos recordamos los incrementos de precios y las manifestaciones que siguieron en muchos países principalmente del tercer mundo, literalmente desabastecidos de grano hace algunos meses. Pero aún hay más, en el caso de la alimentación humana, una de las primeras compañías mundiales de alimentación abandonó hace un año totalmente su política “OGM free” para los maíces especiales que viene utilizando como ingrediente de miles de productos en Estados Unidos. Hasta hoy no tenemos conocimiento de ningún efecto sobre los 300 millones de personas que consumen estos alimentos. Mejor dicho, hay uno, que han visto disminuir el precio del producto final por la mayor efectividad del sistema productivo.

En Europa parecemos empeñados en caminar en sentido inverso. Es paradigmático el caso de Rumania, dónde se habían llegado a cultivar 140.000 hectáreas de soja transgénica con excelentes resultados: desde su adhesión a la comunidad, el gobierno rumano queriendo hacer méritos para parecerse a sus colegas occidentales, ha decidido abandonar dicho cultivo y ahora son importadores netos de soja transgénica de países terceros, con consecuencias desastrosas para la economía nacional.

Gracias a la inestimable colaboración del señor Carrasco y sus eficientes agentes de opinión la producción de maíces para el sector agroalimentario en Europa es cada día más cara y compleja. En cambio para ellos hay tarifa plana para la demagogia, todo les sale gratis. A pesar del reciente comunicado por parte de la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria (en acuerdo por cierto con la OMS) que pone de manifiesto textualmente que “el maíz transgénico presenta un mismo nivel de seguridad sanitaria que las variedades de maíz convencional”, en Francia continúa vigente su prohibición. Se nos impide usar OGM, pero también insecticidas y herbicidas, al tiempo que se nos obliga a respetar unos estándares de calidad en el producto final cada vez más restringidos. Eso sí, hemos conseguido unos enormes beneficios para las compañías auditoras, laboratorios de análisis y organismos de control de lo más variopintos que se encargan de perseguir a los agricultores a todos los niveles. Cada día se acentúa nuestra desesperación por ser percibidos como delincuentes agresores de la sociedad a la que pretendemos alimentar.

Aprovecho la oportunidad, en mi nombre y el de mis colegas europeos, para agradecerle al Señor Carrasco su dedicación por la defensa de nuestras familias, pero creemos que en el futuro podemos prescindir de sus esfuerzos. Los agricultores sabemos perfectamente dónde están nuestros intereses respecto a las biotecnologías, y así lo hemos expresado en los sucesivos foros a los que se nos ha convocado por parte de los diferentes sectores sociales.

Asimismo queremos congratularnos por la cordura que está demostrando el Gobierno Español. Resistiendo a las presiones de unos y otros nos permite ser punta de lanza en Europa en la aplicación de estos indudables avances tecnológicos. Es urgente seguir avanzando en este camino, para que en un futuro no muy lejano podamos acceder a la tecnología al mismo nivel que nuestros colegas del resto del mundo.

A titulo privado, y como ingeniero agrónomo, desearía invitar a mis futuros colegas, que habéis asistido a las citadas jornadas, para que toméis también partido en defensa del sector. La situación de buena parte de los agricultores europeos es extremadamente precaria, y necesitarán de toda la ayuda técnica y científica que los jóvenes universitarios podamos aportarles para continuar con su actividad en el futuro.


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