21/1/2009

Nota de UPA

FADEMUR: Granjero ¿busca? Esposa

Mª Luisa Pérez. Presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR) de Castilla y León

Desde diferentes sectores de opinión y pensamiento se han formulado en los últimos años afirmaciones acerca de la importancia que el siglo XXI va a tener para las mujeres y la consecución de la igualdad de oportunidades o más aún, para la equidad de género. Este término introduce matices de gran calado, puesto que no se trata tanto de aspirar a la igualación dentro de los parámetros masculinos, como de la igualdad en el ejercicio de derechos sobre el reconocimiento de diferencias y particularidades.

Este planteamiento que de forma, al menos teórica, pueden suscribir amplias capas de la sociedad y también muchos medios de comunicación y del que de hecho se realiza un discurso políticamente correcto, choca con demasiada frecuencia, con excesiva frecuencia, con los hechos, con las actuaciones de personas y entidades, que vienen a plasmar y visibilizar justo lo contrario de lo que proclaman.

Ciertamente los medios de comunicación no tienen entre sus objetivos básicos realizar ninguna labor pedagógica de cara a la sociedad, pero en la medida de que crean opinión e informan, además de entretener, sí son vehículos muy poderosos y con enorme responsabilidad. Por ello, si bien no se les exige –ni puede exigírseles- una actitud y una programación que difunda, como propias, posiciones, y planteamientos que afectan a un grupo social, aunque éste sea tan numeroso como el cincuenta por ciento de la población, sí es criticable y rechazable que emitan programas con contenidos y formatos que atentan contra la igualdad, la equidad o, incluso la dignidad. Especialmente grave es si este hecho se produce en una cadena que, desde sus inicios, ha hecho alarde de una programación y una concepción del medio progresista.

Con esta introducción me estoy refiriendo al programa de Cuatro “Granjero busca esposa”. Este programa no sólo atenta contra el papel que representan las mujeres en la sociedad actual (también en el medio rural), sino que merece un suspenso a la hora de reflejar la vida, la realidad general del medio rural y de la inmensa mayoría de los profesionales de la actividad agraria.

En cuanto a esto último quizá sea conveniente recordar la compleja y constante crisis en la que vive esta actividad desde hace décadas. Esa crisis no ha tenido para los profesionales del sector el componente positivo que suelen tener estos procesos en lo que se refiere a clarificación y reforzamiento, sino todo lo contrario: las dudas, la falta de perspectivas, la pérdida de peso social, se han convertido en la tónica general de la actividad. El abandono de la actividad agraria, y del medio (el rural) en el que se ejerce, parece que no tiene fin. Es precisamente entonces, si tenemos en cuenta este esbozo de la situación, cuando el enfoque del programa de Cuatro es claramente criticable porque convierte parte de esa realidad en un espectáculo. Espectáculo que, visto por amplias capas sociales que viven fundamentalmente en las ciudades, contribuye a trivializar y estereotipar una profesión y a unos profesionales que lo que sí precisan es que se valore la función social y económica que cumplen.

Capítulo aparte merece la “búsqueda de esposa”. Algunas mujeres que vivimos en pueblos y que hemos asistido con cierto grado de estupefacción a la organización de caravanas de mujeres (sabemos que es un hecho que se sigue produciendo), no salimos del asombro que produce el hecho de que se difunda, mediante un programa de los llamados reality show, una concepción del papel de las mujeres que nos retrotrae al siglo XIX; sí al XIX, porque lo que se tiene en cuenta, lo que constituye el eje del protagonismo de las mujeres en él, es su función reproductiva. “Granjero busca esposa para la repoblación del medio rural”; esto se ha escrito en alguno de los comentarios tras la emisión del lunes 12 de enero; frases incluso más humillantes han salido de la boca de alguno de los protagonistas; y eso es lo que queda en la mente de muchos televidentes; esto es lo que muchas mujeres rechazamos, porque nuestras necesidades, demandas, aspiraciones, inquietudes… no se reducen, en modo alguno, a buscar marido ni a hacer de agentes repobladores.

Se hace necesario recordar el esfuerzo de muchas mujeres (soportando dobles y triples jornadas de trabajo) para llevar –superando importantes obstáculos- su propia explotación agraria; es manipulador no tener en cuenta su afán emprendedor en actividades turísticas, artesanales, gastronómicas, etc., su capacidad creativa en los llamados nuevos yacimientos de empleo, su voluntad férrea de participación a la hora de asumir responsabilidades en la vida pública de sus pueblos; y un largo etcétera que desautoriza un programa clara y perniciosamente machista.

Es cierto que nuestra lucha, desde hace décadas, por la igualdad encuentra en las zonas rurales un ambiente menos propicio que el que se da en el ámbito urbano. No podemos dejar de reconocer la mayor presión social y la menor facilidad para los cambios que se da en los pueblos. Sin embargo, por ello es mucho menos admisible esta asunción y propagación de roles tradicionales, de estereotipos del programa que, entra en abierta contradicción con la línea editorial de la cadena, con el grupo al que pertenece y con esa responsabilidad social y de progreso que han declarado que defienden.

Si los niveles de audiencia son los que determinan la continuidad de un programa (esto parece incuestionable), mal vamos en el caso de “Granjero busca esposa”, del que, finalmente, hay que decir que, ni siquiera la palabra “granjero” tiene mucho que ver con la terminología que se usa en nuestro país.


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