12/6/2007

Transgénicos, acrilamida y ecologismo

Juan José PEINADO VACAS. Ingeniero Técnico Agrícola

Para aquellos lectores de Agrodigital que hayan seguido los artículos que, sobre transgénicos y fundamentalmente su desarrollo normativo, he publicado en esta web, considero innecesario tener que aclarar que me parece absolutamente legítimo que los detractores de los transgénicos enfoquen sus campañas mediáticas desde una óptica ecologista. Por otra parte, al igual que los ecologistas, apoyo con auténtico fervor el derecho de los ciudadanos a elegir el tipo de alimento que, debidamente identificado, queremos consumir.

Ahora bien, al mismo tiempo, me resulta de todo punto intolerable que en defensa de una causa, por muy legítima que ésta sea, se transmitan al ciudadano, de forma absolutamente interesada, falsedades y medias verdades.

En los últimos tiempos son cada vez más frecuentes las declaraciones, en distintos medios de comunicación, de responsables de Greenpeace y otros grupos “comprometidos” en las que, de forma recurrente nos previene de los riesgos que, para la salud y el medio ambiente, representan los productos transgénicos. En base, imagino, a las declaraciones de estos eminentes (no dudo) investigadores, los representantes políticos de algunas Comunidades Autónomas han solicitado que sus respectivos ámbitos geográficos sean declarados oficialmente como: libres de transgénicos con objeto, según indican, “..de mantener la calidad de los alimentos …y…evitar los riesgos y daños para la salud y el medio ambiente”.

Imagino que para unos y otros resulta irrelevante que, por ejemplo, las Academias de Ciencias y Medicina de Francia; la Agencia Francesa de la Seguridad Sanitaria de los Alimentos; la Royal Society; la U.S. Nacional Academy of Sciences, las academias de China, Brasil, India y México, etc. se hayan manifestado, de una u otra forma, favorables a los cultivos transgénicos.

En el caso concreto de España, más de 120 científicos han firmado una declaración donde se indica que: “no hay ni un argumento científico para dudar de la seguridad y la eficacia de las plantas transgénicas aprobadas por la Unión Europea”. Imagino que los eminentes investigadores de Greenpeace dirán que quienes son Margarita Salas y Santiago Grisolía (dos de los firmantes de la declaración) para enmendarles la plana sobre éste o cualquier otro tema científico.

Lamento, sin embargo, que ese desvelo de Greenpeace por la salud de los ciudadanos se manifieste exclusivamente con los transgénicos. Veamos un ejemplo ilustrativo:

La acrilamida es una sustancia que se forma durante el proceso de fritura u horneado de alimentos ricos en almidón (patatas, pan, galletas, etc.), la cual ha sido clasificada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), como agente cancerígeno.

En una Nota Informativa de la FAO de 2005 se indica, entre otras cosas, que la acrilamida:

-Causa cáncer en ratas sometidas a estudios de alimentación a largo plazo
-El consumo estimado de acrilamida de ciertos alimentos puede ser una preocupación para la salud humana
-Los consumidores que comen grandes cantidades de ciertos alimentos fritos, asados u horneados pueden tener un mayor riesgo de cáncer.
-etc.

A nivel europeo, el Diario Oficial de la Comunidad Europea publicó recientemente una Recomendación de la Comisión (2007/331/CE) relativa al control de los niveles de acrilamida en los alimentos en el que, con el objetivo de reducir las concentraciones de acrilamida en los productos alimenticios, se encomienda a los distintos Estados Miembros un número determinado de muestreos y análisis de control por categorías de productos “sensibles”: patatas fritas a la francesa y a la inglesa, patatas precocinadas, pan, cereales para el desayuno, galletas, café tostado, diversos alimentos para bebes, etc.

Pues bien, no se lo van ustedes a creer pero ese auténtico baluarte en la defensa, sin concesiones, de la salud de los ciudadanos que conforman Greenpeace y otros grupos “comprometidos” no ha hecho, aún, ni una sola declaración solicitando la inmediata retirada del mercado de patatas, galletas, aceites diversos, alimentos para bebés a base de cereales, etc., lo que acabaría derivando, de forma casi inmediata, en que algunos representantes políticos solicitaran que sus respectivos ámbitos geográficos fueran, por ejemplo, declarados oficialmente como libres de los peligrosísimos churros, porras y tejeríngos.

Ignoro cuales puedan ser las razones que hacen que el interés de Greenpeace por la salud de los ciudadanos sea tan selectivo, pero sería interesante que, cuanto antes, dieran una explicación convincente. En caso contrario podríamos pensar que su campaña contra los transgénicos podría estar movida por intereses mucho más terrenales.

Para concluir, una gota de optimismo: La Nota informativa de la FAO sobre acrilamida aboga por continuar con los esfuerzos para reducir los niveles de acrilamida en los productos alimenticios y, en este sentido, hace un llamamiento a la industria alimentaria y otros investigadores que “…deben alentarse a compartir información acerca de nuevas tecnologías que puedan alcanzar esa meta” (¿se estará refiriendo, por casualidad, a la biotecnología?).

Madrid, 10 de junio de 2007


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