4/6/2007

Los desafíos del siglo XXI y sus repercusiones de futuro en el mundo rural

Felipe González de Canales Presidente de la Federación del Instituto de Desarrollo Comunitario Vicepresidente de la Asociación Internacional RED

Tres grandes desafíos nos marcan la hoja de ruta del tercer milenio:

1) El desafío ambiental
2) El desafío alimentario
3) El desafío del agua


Todos ellos tienen en el mundo actual efectos; sobre todo, respuestas de interés general y además dos principios operativos:

o Ningún proceso de reforma debe ser paralizado simplemente por la competencia de países con más espacio, mejores condiciones climáticas o menores costos de producción. Costos menores a corto plazo son menos importantes que una sostenibilidad a largo plazo.

o La reforma de la PAC (Agenda 2000) en dos pilares será un éxito si se dota adecuadamente al menos con 1% del presupuesto de la UE-27 y si va unida a una propuesta de futuro: equilibrio entre medioambiente-producción-uso del agua, o de otra manera equilibrio entre demanda y oferta; ahorro de energía y agua; y conservación del medio ambiente.


1) El desafío ambiental

El cambio climático plantea serios problemas al conjunto de la sociedad, a sus usos y costumbres; y en particular a la vida y actividad en el medio rural.

La supervivencia de la sociedad depende de cómo se resuelvan los desafíos medioambientales, lo que supondrá pérdida de competitividad a corto plazo.

Existen serios problemas ambientales a los que nos enfrentamos en este momento:
• El agotamiento de los combustibles fósiles.
• Los límites fotovoltaicos provenientes de la luz solar.
• Los productos químicos tóxicos-insecticidas, pesticidas y herbecidas.
• Los gases con el dióxido de carbono y metano.

A los que debemos añadir:
• La destrucción de los recursos naturales.
• La pérdida de la biodiversidad
• La pérdida de suelos debido a la erosión del agua y del viento
• La falta de agua corriente y potable
• La aparición de especies no autóctonas

La frecuencia de estos problemas ha ido aumentando con la degradación medioambiental, la presión poblacional y su impacto en el medio ambiente, así como los estándares de vida y la emigración de países con bajos estándares medioambientales.



La respuesta que la UE-27 está dando a estos problemas podemos resumirla en la defensa activa del proceso de Kyoto y apoyo a los sucesivos acuerdos. Además la política medioambiental se ha convertido en un eje transversal que debe marcar todas las políticas de los Estados Miembros.

2) El desafío alimentario

El incremento de la población mundial en más de 70 millones cada año y su demanda de 3 millones de hectáreas para casas y otras necesidades; además de 400.000 hectáreas, aproximadamente, -sobre todo de zonas agrícolas- para construir carreteras, autopistas y parques, plantea un gran desafío alimentario.

Con respecto a los alimentos la demanda de trigo, maíz etc, está aumentando más que la oferta, consecuencia de la menor producción en China , India -incluyendo el Punjab- los EEUU, en particular el sureste, Australia y algunos países como Kazajstán.

Estamos asistiendo a la competencia entre combustible y alimentos, lo que está suponiendo un cambio estructural en los mercados agrícolas estadounidenses y europeos.

Otros factores de desequilibrio que empeoran la situación son:

• El aumento de producción de biomasa para combustible.
• Incremento en el cambio de producción de carne basada en trigo.

En los países más pobres:

• Cosechas más reducidas debido a las altas temperaturas, etc.
• Incremento de la población en tres mil millones hasta el 2050; de ellos 2/3 en Asia y África, que en su mayoría carecen de suelo y de un clima desfavorable que les permitan alimentarse en el futuro.

Hace tiempo que Europa venció el problema de la superproducción. Ahora debemos producir para abastecer nuestro mercado, próximo a los 500 millones de habitantes, y sostener la creciente demanda mundial por incremento de la población, nivel de vida, cultivos energéticos, dificultades climáticas y de suelo, entre otros factores.

Europa es de los continentes con más y mejores condiciones para producir, sin abusar de los fertilizantes -insumos- energía y agua, al tiempo que lucha y progresa por mejorar su medio ambiente. En este contexto la UE solo quiere producir con un modelo sostenible.

La Unión Europea durante muchos años acusada de “dumping” en los mercados mundiales con sus excedentes alimentarios, en este periodo puede ser acusada de no ser solidaria al no responder a las demandas de alimentos en los países pobres.

Concluyendo, en la práctica, la UE-27 acepta este desafío de los mercados internacionales con productos de calidad sanos y seguros; los bioenergéticos, los bosques y los espacios protegidos, y todo ello con menos agricultores -más eficientes- y un medio rural más diversificado y con mejor nivel de vida. También la mayor demanda de suelo agrario impone que se termine con el régimen de retirada de tierras entre otras medidas.

3) El desafío del agua

Mientras los individuos beben entre 2 y 4 litros de agua diarios en diferentes formas, se necesitan 2000 litros de agua para producir la comida que un individuo consume. Una de las razones claves por la que la oferta mundial de alimentos está escaseando, se debe fundamentalmente a la pérdida de acuíferos y el redireccionamiento de aguas para el abastecimiento de las ciudades y para irrigación de parques, zonas deportivas y de ocio, etc, lo que origina "que los cortes de agua se traducen en cortes alimentarios"(F. Fischler)

Conclusión:

La gran pregunta es cómo podemos encontrar al mismo tiempo un equilibrio entre demanda y oferta, ahorro de energía y agua y conservación del medio ambiente.

La superproducción de alimentos y el consumo excesivo de combustible y agua perjudican el medio ambiente. Pero la escasez de producción de alimentos y de energía lleva a altos precios en los alimentos y a una inestabilidad política.

La biomasa y los biocombustibles reducen la dependencia energética, pero requieren agua que es tan escasa como el petróleo, y pueden aumentar los precios de los alimentos y dañar el equilibrio alimentario.

Así las cosas, cuando apoyamos la diversificación en la producción agrícola, debemos ser conscientes de que, con algunos límites, su resultado puede conllevar: altos precios en los alimentos (bueno para los agricultores y malo para los pobres) con limitados efectos en el autoabastecimiento energético.

Por ello, es necesario preguntarse si constituye un mejor uso de los recursos acuáticos en la producción de más combustible y menos alimentos (en concreto carne). Además, el combustible puede ser una arriesgada fuente de ingresos para los agricultores, cuyo beneficio dependerá del precio inestable del petróleo.

Por todo ellos ¿No debería ser nuestro objetivo político centrarnos en reducir el consumo de energía y mejorar la gestión de los recursos acuáticos?, al tiempo que producimos alimentos de calidad y seguros. Para la consecución de estos objetivos, la UE-27 es la mejor dotada.


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