27/12/2006

Mayores beneficios para los agricultores que cultivan transgénicos, según un informe de la CE

La adopción del maíz transgénico Bt, protegido contra la plaga del taladro, permite a los agricultores españoles que lo cultivan alcanzar mayores márgenes de beneficio económico, un 12% más que el convencional, como media, según un estudio realizado por el Instituto de Prospectiva y Estudios Tecnológicos (IPTS), que pertenece al Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. Asimismo, el informe revela que entre las razones esgrimidas para cultivar organismos modificados genéticamente (OMGs) figuran la reducción en los costes de producción y el incremento de las producciones.

El estudio, titulado Economic impact of dominant GM crops worldwide: a review, ha sido publicado este mes por los investigadores Emilio Rodríguez Cerezo y Manuel Gómez Barbero, ambos del IPTS, con sede en Sevilla. En él explican que, de forma general, la adopción de los cultivos transgénicos ha sido rápida, debido a una serie de ventajas que procuran al agricultor. Para ello, señalan diversos ejemplos, como el de la soja tolerante a herbicidas, que permite un laboreo de la tierra más fácil. Otras variedades modificadas genéticamente permiten a los cultivadores mantenerse más seguros ante las variabilidades estacionales, en cuanto a las cosechas y producciones.

Según el informe, el paisaje de los transgénicos a nivel mundial lo monopolizan cuatro cultivos: soja, algodón, maíz y colza, y dos tratamientos agronómicos: la tolerancia a herbicidas y la resistencia a la plaga del taladro, que en España tiene una especial incidencia en las regiones de Cataluña y Aragón (valle del Ebro). El continente americano acapara la mayor extensión de terreno cultivado con OMGs, el 90% del total, y le siguen China y la India. Este estudio refleja que más de la mitad de los países en los que se cultivan transgénicos son pobres o en vías de desarrollo, 14 de los 21 que hay en total.

En el caso del algodón Bt, su adopción ha supuesto un descenso en el uso de insecticidas en todos los casos que estudia el informe. Es reseñable, en este sentido, que la cuarta parte de todos los insecticidas usados en la agricultura a nivel mundial se destinan a explotaciones de algodón. Asimismo, el maíz transgénico permite la misma ventaja, aunque en una proporción menor, según refleja el informe del IPTS. Por su parte, la soja transgénica resistente a herbicidas supone una reducción en el uso de combustibles por hectárea, así como un menor laboreo.

Los científicos Rodríguez Cerezo y Gómez Barbero destacan, basándose en diversos estudios, que se han registrado mayores niveles de bienestar económico en los países que han decidido cultivar OMGs. En la mayoría de los casos, los agricultores son los grandes beneficiados, seguidos de los proveedores de semillas, es decir, la industria biotecnológica, y los consumidores, debido a la bajada en los precios del mercado.

Entre las propuestas que existen actualmente en torno a la biotecnología aplicada a la agricultura, el informe recoge la potencial introducción de los transgénicos en la alimentación, como el trigo y el arroz, en los principales países productores de OMGs. Además, los científicos se hacen eco de la importancia de etiquetar los productos transgénicos, con el objetivo de segmentar los mercados para que la población tenga acceso a ellos y los diferencie sin problemas. Muchos países están adoptando medidas legales específicas sobre trazabilidad y etiquetado para todos los OMGs, tanto los producidos a nivel nacional como los importados.

Para terminar, y en el caso de la Unión Europea, diversos análisis del impacto económico de los cultivos transgénicos llevan a considerar el concepto de la coexistencia de éstos con los convencionales y ecológicos. Se puede llevar a cabo, entre otras medidas, manteniendo unas determinadas distancias de aislamiento entre unas parcelas y otras, y comunicando a los agricultores colindantes que se va a cultivar OMGs.

El Instituto de Prospectiva y Estudios Tecnológicos es uno de los siete institutos científicos que conforman el Centro Común de Investigación (Joint Research Centre) de la Comisión Europea. Su misión consiste en buscar respuestas de base científica a los retos políticos que se marca la Unión Europea, tanto en asuntos de índole socioeconómico o científico-tecnológico. Así, las principales actividades de este organismo consisten en proveer de soporte estratégico para la concepción y desarrollo de las políticas de la UE.


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