26/7/2006

Nota de la Fundación ANTAMA

Dick Taverne defiende la seguridad de los alimentos transgénicos

El escritor británico Lord Dick Taverne, presidente de la Fundación Sense about Science y miembro vitalicio de la Cámara de los Lores del Reino Unido, asegura que “no se ha identificado ningún problema de salud asociado a la ingesta de organismos modificados genéticamente”, aludiendo a un informe elaborado por varias Academias de las Ciencias de diversos países, entre ellas la Real Sociedad británica, y considera que el mejor modo de cambiar la opinión que tiene el público respecto a los transgénicos es “demostrar la importancia de su cultivo” para los países en vías de desarrollo.

Taverne, autor del libro La marcha de la sinrazón, ha participado en el curso de verano “Del periodismo agrario al periodismo agroalimentario” organizado por la agencia de noticias Efeagro dentro de los cursos de verano que la Universidad Complutense celebra en El Escorial (Madrid). Señala que España es “el único país de la Unión Europea que tiene una inversión seria en maíz modificado genéticamente (MG)”, y se muestra preocupado por la “oposición estridente” a los organismos modificados genéticamente, que protagonizan con un “fervor casi religioso” las organizaciones ecologistas. Asimismo afirma que los alimentos transgénicos contribuyen a la lucha contra el hambre, ya que pueden proteger contra enfermedades y pestes, ser cultivados en zonas salobres, su cultivo implica un mejor uso de la tierra y necesitan menos agua.

En este contexto, dijo que 7,7 millones de agricultores cultivan algodón transgénico a pequeña escala en China, la India, Filipinas y Sudáfrica. Sobre este último país, Lord Taverne revela que han sido las mujeres agricultoras pobres quienes han logrado multiplicar sus ingresos con el cultivo de transgénicos, cuya implantación en China, por otra parte, asegura el presidente de Sense about Science, ha supuesto a los agricultores un menor gasto en fitosanitarios y una mayor calidad de su salud. Recuerda que en 21 países del mundo se cultivan transgénicos, y que en 2005 han sido cultivadas 90 millones de hectáreas de variedades modificadas genéticamente, de las que obtienen beneficios 8,5 millones de agricultores, en su mayoría, de países pobres.

Taverne recuerda los beneficios que implica el consumo de arroz dorado, modificado genéticamente para subsanar las carencias de vitamina A en la alimentación de muchos niños que viven en países subdesarrollados, en los que se registran altas tasas de mortandad infantil debido a esta causa, pero lamenta las “barreras normativas” contra productos transgénicos como éste que interponen las organizaciones ecologistas, que, a juicio del escritor británico, condenan a muchos niños a “morir de hambre por no usar plantas modificadas genéticamente”, postura que calificó como un “crimen contra la humanidad”.

Dick Taverne considera que el argumento más importante que se puede esgrimir contra los organismos modificados genéticamente (OMGs) es que sean peligrosos para la salud. Sin embargo, y citando un informe elaborado por un grupo de Academias de Ciencias de diversos países, entre ellas, la Real Sociedad Británica, afirma que “no se ha identificado ningún problema de salud asociado a la ingesta de OMGs”. Además, rechaza que supongan un peligro para la biodiversidad tras señalar que, en este sentido, “son más bien buenos que malos para el medio ambiente porque [con su cultivo] se usa más eficientemente la tierra”. Consideró que las multinacionales que comercializan semillas transgénicas no son las únicas beneficiarias de esta nueva tecnología, puesto que la mayor investigación y desarrollo en torno a los transgénicos se va a realizar en Asia, concretamente en China y la India, dos países que en dos años sumarán la mitad de toda la investigación mundial.

Por último, alerta de que “la ignorancia y los prejuicios son muy peligrosos en sí mismos” y de que “existe una verdadera amenaza al futuro de la tecnología moderna”. También subraya su miedo a que organizaciones ecologistas como Greenpeace y Amigos de la Tierra, con su actitud, “se sumen a la moda de la anti-ciencia”, a lo que añade que la ciencia y la democracia van juntas y que “si rechazas la ciencia, estás avanzando por un camino muy peligroso”.


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