31/5/2006

Nota de la Fundación ANTAMA

El profesor de Economía Gonzalo Sanz-Magallón sostiene que el empleo de los transgénicos en el Tercer Mundo beneficiará a agricultores y consumidores

El experto en economía Gonzalo Sanz-Magallón asegura que la mayor productividad que implica el empleo de variedades transgénicas permitirá a las explotaciones agrícolas del tercer mundo “mejoras en su rendimiento y en sus ingresos”, al tiempo que una parte de esas ventajas “se van a trasladar a los consumidores mediante precios más bajos de los productos”.

Sanz-Magallón, profesor de Estructura Económica de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, pronunció ayer, lunes 29 de mayo, la conferencia “Los transgénicos y su contribución a la disminución de la pobreza y el hambre en el mundo” en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid. Explicó que “debido a la mayor productividad, al incremento del rendimiento y a que haya más tierras que se puedan poner en explotación”, los países más pobres obtendrán beneficios de los cultivos procedentes de variedades modificadas genéticamente, puesto que al aumentar la oferta de alimentos, “los precios tenderán a bajar y, de este modo, más alimentos llegarán a más gente”. “Tanto unos como otros ganarán, es la ventaja de la biotecnología”, manifestó el experto.

Estimó que la demanda de los alimentos crecerá en torno al 40% en un plazo de 25 años. En su opinión, conseguir aumentar la producción en esa medida de forma “medioambientalmente sostenible” implicará alcanzar nuevos incrementos de productividad agraria, que sólo la biotecnología puede propiciar. Asimismo señaló que los principales productos transgénicos se han desarrollado en los países ricos, por lo que, a su juicio, sería interesante un mayor esfuerzo investigador por parte de las administraciones públicas y agencias internacionales, con el objetivo de que la investigación satisfaga las necesidades de los países en vías de desarrollo.

El profesor de Estructura Económica explicó que para que sean los agricultores y consumidores del tercer mundo quienes realmente se beneficien de los cultivos y alimentos transgénicos, es necesario que “estén en el mercado esos productos”, que su cultivo esté legalizado y que no exista oposición social en esos países. A su juicio, se trata de una tecnología nueva, que podría ocasionar cierto rechazo, puesto que “la novedad supone en principio un mayor riesgo”; no obstante, y aunque el avance en este sentido será lento, llegará a medio plazo, sostuvo.

Sanz-Magallón consideró que se dan un cúmulo de factores que harán que la aceptación de los transgénicos “se vaya incrementando en todo el mundo”, y matizó que los consumidores “irán ganando confianza” conforme se vayan cumpliendo más años de cultivo de variedades modificadas genéticamente y no se registren problemas para la salud ni para el medio ambiente. Para el profesor, esta nueva situación conllevará una “percepción más favorable”, ya que el consumidor y la opinión pública, por extensión, verán que “estos productos ofrecen ventajas frente a los convencionales para la salud”. Además, su imagen “mejorará” en la medida en que puedan aparecer aplicaciones


“específicamente dirigidas hacia los más pobres”, como por ejemplo las relacionadas con las vacunaciones y los alimentos enriquecidos para paliar enfermedades.

“Cada día aparecen nuevos proyectos y aplicaciones que permiten que los agricultores y consumidores del tercer mundo no sólo se beneficien de los transgénicos en el ámbito de la agricultura, sino también en muchas otras, como el medio ambiente o la salud”, expresó el profesor de la Universidad San Pablo-CEU, quien auguró que, en materia de biotecnología, “las posibilidades son enormes”, ya que “la revolución está empezando”.


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