7/4/2006

Los transgénicos, el “Principio de Precaución” y la confianza del consumidor

Juan José PEINADO VACAS. Ingeniero Técnico Agrícola

En el curso de una reunión de la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo celebrada el pasado mes de enero, el Presidente de turno del Consejo de Agricultura, el austriaco Sr. Proll, nos abrió, por fin, los ojos a los ciudadanos europeos en lo que respecta al “peculiar” escenario regulatorio por el deambula la biotecnología en la Unión Europea, al informarnos de que: “La autorización de nuevos OGM en la UE se basa en criterios científicos, pero éste procedimiento no es aceptado políticamente”. Esta situación, añadía: “..no es satisfactoria y no podemos seguir así; se trata de un tema político que debemos tratar con una nueva base, pues despierta muchas emociones”.

Les ruego me disculpen si, en un gesto de arrogancia, me permito puntualizarle al Sr. Proll, que algunas de las decisiones (políticas) de los Estados miembros sobre este tema, no solo están despertando las emociones (reconozco que, al menos en mi caso, incluso algunas inconfesables) de muchos ciudadanos que seguimos atentamente el desarrollo de los acontecimientos, sino que están contribuyendo (imagino que de forma involuntaria, aunque con los políticos nunca se sabe) a socavar el crédito y prestigio de instituciones como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que ellos mismos crearon para que fuese: “…una fuente científica independiente de recomendación, información y de comunicación de riesgo, para aumentar la confianza de los consumidores…”, en todos los aspectos relacionados con la seguridad alimentaria.

En abril de 2004 el Comité Científico de EFSA hizo público un informe referido a los genes de resistencia a antibióticos utilizados en el procedimiento de obtención de Organismos Genéticamente Modificados (OGM), en el que confirmaba la escasa probabilidad de transferencia de resistencias. No obstante, invocando el “Principio de Precaución” (*) y de acuerdo a su utilidad terapéutica actual y futura, establecía tres categorías de antibióticos frente a los cuales podrían inducirse resistencias.

De acuerdo con la citada clasificación y en cumplimiento de la normativa comunitaria (Artículo 4.2 de la Directiva 2001/18/CE), a partir del 31 de diciembre de 2004, no podría volver a cultivarse en la UE el maíz Bt-176, ya que incorpora un gen inductor de resistencia a la ampicilina (cuyo uso sería restringido, en lo sucesivo, exclusivamente al ámbito experimental).

Curiosamente y dado que la CE no promovió ninguna medida normativa ni recomendación en respuesta al informe de EFSA (como hubiera sido la derogación de la Decisión 97/98/CE por la que se aprobaba el maíz Bt-176), nos encontramos en la actualidad con la “simpática” paradoja de que, en base al Principio de Precaución, no se permite, en la UE, el cultivo de un maíz cuyo grano, sin embargo, se importa, sin la más mínima restricción, para su uso en alimentos y piensos.

En éste contexto, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), asumiendo en todos sus extremos, como no podía ser menos, el informe del Comité científico de EFSA, publicó una nota oficial (23 de abril de 2004) en la que, taxativamente, se indicaba que, en España (único país en el que, desde 1998, se cultivaba éste tipo de maíz GM), “… ya no se podrá volver a sembrar ni cultivar a partir de enero de 2005”.

Sin embargo, en un incomparable alarde de coordinación administrativa, el MAPA autoriza su cultivo durante la campaña de 2005, lo que proporciona a las organizaciones ecologístas y otros grupos “comprometidos”, sin el más mínimo esfuerzo por su parte, argumentos más que suficientes para diseñar sus proclamas antitransgénicos durante todo el año 2005 (los chicos, hay que reconocerlo, están a la que salta y se “curran” sus campañas mediáticas pero, la verdad, tendrían que reconocer que “así se las ponían a Felipe II”).

Posteriormente, en agosto de 2005, el MAPA excluyó del Registro de Variedades Comerciales todas las variedades de maíz Bt-176 (imagino que a petición del responsable o responsables de la variedad, ya que en caso contrario, dicha decisión del MAPA podría no ajustarse a Derecho, al no haberse producido, como indicaba anteriormente, una derogación comunitaria de la Decisión 97/98/CE por la que se aprobó dicho maíz GM).

No sé las conclusiones que, sobre éste cúmulo de despropósitos, puedan haber extraído el ínclito Sr. Proll y sus ilustres colegas, pero en mi modestísima opinión, la secuencia de acontecimientos que acabo de enumerar han conseguido socavar, imagino que sin proponérselo, el prestigio y la credibilidad de EFSA y AESA (al tiempo que vacían totalmente de contenido el concepto de “Principio de Precaución”) minando, de esta forma la confianza del ciudadano en los dictámenes que, sobre éste u otro tema relacionado con la seguridad alimentaria, pudieran emitir en el futuro. ¿Qué valor podría concedérsele, a partir de ahora, a un informe del Comité científico de EFSA en el que, invocando el Principio de Precaución, dictaminara sobre cualquier aspecto de la seguridad alimentaria si la “gripe aviar”, como algunos científicos predicen (espero que erróneamente), acabara derivando en una pandemia?.

Como conclusión, me permitiría sugerir al Sr. Proll y sus ilustres colegas (como verán mi arrogancia no conoce límites) que encaminaran sus esfuerzos a conseguir que éste y otros asuntos eminentemente científicos dejaran, de una vez por todas, de ser “..un tema político..” en la UE.

(*) Definido en 1992 en la Conferencia de Medioambiente y Desarrollo de Río de Janeiro.

Madrid, 6 de abril de 2006


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