13/2/2006

'La bebida de Satanás" y una historia lamentable de guerras comerciales con los alimentos

'Satan's drink' and a sorry history of global food fights February 10, 2006 Financial Times Calestous Juma

En una decisión largamente esperada, la Organización Comercio Mundial ha dictaminado que la moratoria sobre la aprobación por parte de la Unión Europea de nuevos OMG desde 1998 infringió las reglas de comercio internacional.

Los partidarios de la biotecnología argumentan que los OMG son, hasta donde se sabe, tan seguros para su consumo y el medio ambiente como el resto de alimentos, mientras que los oponentes estiman que no se sabe lo suficiente oponiendo el denominado “principio de precaución”. Sin embargo, el enfoque sobre la seguridad de los alimentos y la inocuidad ambiental, esconde a menudo la cuestión clave de la controversia, que no es otro que la competencia tecnológica entre las dos potencias comerciales. La cuestión de la supuesta inseguridad de los OMG es en gran parte una cortina de humo para ocultar la preocupación de Europa sobre su pérdida de competitividad en cuanto a biotecnología.

Vivimos en un nuevo mundo marcado por la rápida innovación tecnológica y la integración mundial. Europa y los EE.UU. deben aprender a gestionar las nuevas tecnologías conjuntamente, y no a utilizarlas como arma, ya que el fracaso en hacerlo cambiará el liderazgo tecnológico a otras regiones, como China, que está haciendo grandes progresos en el uso de las nuevas tecnologías.

Los intentos de demorar la difusión de la biotecnología no son los primeros ejemplos de disputas comerciales en las que se invocan pretendidas cuestiones de seguridad; Un ejemplo es el café: En el año 1500 los obispos católicos demonizaron el café como "La bebida de Satanás" e instaron a su prohibición. En aquel entonces el café entraba en competencia con el vino. En su defensa, el papa Clemente VIII declaró: " La bebida de Satanás es tan agradable que sería una pena dejar los infieles tener su uso exclusivo. Engañaremos a Satanás bautizándolo y haciéndolo una bebida realmente cristiana." Más de uno siglo después, al entrar en competencia con el té en Inglaterra, el rey Carlos II prohibió el café en 1675, teniendo que revocar inmediatamente su decisión.

En Alemania, el café fue prohibido o su venta seriamente restringida por razones económicas. "Es repugnante constatar el aumento de la cantidad del café utilizada por mis súbditos, y la cantidad de dinero que sale del país por este consumo. Los habitantes de mi país deben beber cerveza”, declaro Federico el Grande en 1777.

En EEUU, la margarina, una invención francesa, fue durante décadas objeto de difamación por la industria láctea. La Asociación del Caballo de América lanzó una lucha de dos décadas contra el motor de combustión interna. La refrigeración y congelación de los alimentos tuvo durante décadas grandes detractores.

Los casos históricos de competencia tecnológica relacionados con temas comerciales eran entonces limitados en su alcance. Hoy en día, sin embargo, la economía mundial exige que los gobiernos encuentren modos de asegurar que los beneficios de nuevas tecnologías son ampliamente compartidos. Los fallos judiciales protegerán la integridad de reglas mercantiles internacionales, pero no garantizarán la aceptación del consumidor hacia productos en los que, por las razones que sea, no confíe.

Las lecciones que deberían tomarse para los gobiernos, las empresas y la comunidad internacional son varias. Primero, promocionar un acceso más amplio a las nuevas tecnologías desarrolla la confianza en el mercado global. El monopolio tecnológico de unas pocas naciones puede engendrar desencanto y esta es una razón de que muchos países en vías de desarrollo desconfíen de la biotecnología, ya que están más preocupados por la exclusión que por la seguridad de los alimentos, percibiendo esta exclusión tecnológica como el verdadero riesgo de la biotecnología. Segundo, los gobiernos tienen que trabajar más para armonizar sus regulaciones. La práctica tradicional de tratar de imponer las propias leyes nacionales a nivel mundial debe ser reemplazada por mayores esfuerzos para hacer coincidir las normas a nivel internacional.

Pero el debate sobre los OMG afecta a riesgos supuestos más que a riesgos reales, y esto es un asunto más político que científico. La comunidad empresarial tiene que mejorar la gestión de las percepciones el ciudadano en lo que se refiere a los riesgos de las nuevas tecnología. La industria de la biotecnología debería trabajar de forma preferente en productos que cubran necesidades y se perciban como beneficios por el consumidor. En este sentido hay oportunidades considerables en las aplicaciones de la biotecnología a la protección del medio ambiente y a la producción de biocarburantes.

El fallo de la OMC también plantea las preocupaciones sobre el impacto de las relaciones transatlánticas sobre el comercio internacional. Es hora de que EE.UU. y Europa provean un nuevo liderazgo sobre cómo maximizar los beneficios de las nuevas tecnologías, minimizando sus riesgos. Si no lo hacen, el liderazgo pasará a otros actores en otras regiones.


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El autor es catedrático del desarrollo internacional en la facultad de administración pública de la Universidad de Harvard.

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