18/10/2005

Los transgénicos, su regulación y algunas peculiaridades de la naturaleza humana

Juan José PEINADO VACAS (Ingeniero Técnico Agrícola)

Pagina nueva 1

No sé si coincidirán ustedes conmigo en que la polémica sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se encuentra actualmente enquistada en dos posturas absolutamente irreconciliables, defendidas ante el ciudadano medio con argumentos que, la mayoría de las veces, resultan simplistas y meridianamente maniqueos (¿cómo dice?, ¿qué usted coincide realmente conmigo?. Pues bien amigo, si es así ándese con cuidado puesto que, solo por decir esto, un militante de uno de los dos bandos en “conflicto” me tachó en una ocasión de “relativista posmoderno”, que no sé muy bien qué significa pero que, para qué le voy a engañar, me hizo ilusión).

 

Este enquistamiento está condicionando (políticamente, por supuesto) el desarrollo normativo sobre transgénicos lo que contribuye a confundir, aún más si cabe, al citado ciudadano medio.

 

En este contexto, no me resisto a llamar su atención sobre algunas “acciones y omisiones” de especial relevancia en la información que llega a nuestro, ya entrañable, ciudadano medio que, al menos a mí, no dejan de sorprenderme. Me he permitido encuadrarlas en tres peculiaridades de la naturaleza humana: la falsedad, el error y el escepticismo.

 

La falsedad.-

 

Creo que a lo largo de la historia, los detractores de cualquier avance tecnológico han necesitado, siempre, mantenerse agrupados  bajo el manto de una  idea  o filosofía que confiera a su “lucha” un cierto carácter espiritual (contra el darwinismo aún hoy día se  esgrime “la palabra de Dios” ¡¡casi nada!!).

 

En esta polémica sobre transgénicos, en concreto, los grupos detractores parece ser que han encontrado en la ecología la idea antagónica en torno a la cual agruparse.

 

Tengo que decir, en primer lugar, que considero absolutamente legítimo que, partiendo de esta idea (o cualquier otra), los detractores de los transgénicos defiendan sus posturas incluso con argumentos más o menos pintorescos (en una reunión municipal sobre biotecnología, uno de los ponentes agrupaba, en un mismo paquete y de una sola tacada: los OGMs, la dictadura chilena, la dictadura argentina, el hundimento del “Exxon Valdez”, etc.).  Por otra parte, al igual que los ecologistas, apoyo con fervor el derecho del ciudadano a elegir el tipo de alimento que, debidamente identificado, quiere consumir.

 

Sin embargo, me resulta intolerable, a nivel personal, que en defensa de una causa, por muy legítima que esta sea, se transmitan a los ciudadanos, de forma absolutamente interesada, falsedades y medias verdades. Me explico:

 

Resulta habitual encontrar en los comunicados de los grupos ecologístas (como verdad absoluta) que los alimentos ecológicos  “…no contienen, ni proceden de organismos genéticamente modificados..”, considerando, incluso, como ecológicamente inaceptable, cualquier producto procedente de un animal al que en algún momento de su proceso de desarrollo, se le hubiera suministrado pienso conteniendo (o producido a partir de) un cultivo OGM. Ya que los alimentos que contienen o proceden de OGM, según estos grupos, “…presentan riesgos no asumibles para la salud…”.

 

En este sentido, algunos de estos comunicados nos han informado recientemente de que Greenpeace ha alcanzado un acuerdo con grandes empresas distribuidoras (El Corte Inglés, Plus, Carrefour, Eroski, etc.) por el que, además de colaborar en la promoción de los productos ecológicos (incluyendo carnes, embutidos, etc.), se comprometen a garantizar que los alimentos de sus marcas propias  “…no contienen transgénicos o derivados de transgénicos…”. Pues bien esto es una absoluta falsedad.

 

El Reglamento (CEE) nº 2092/91 sobre producción agrícola ecológica autoriza expresamente la utilización, en el sistema ecológico de producción, de medicamentos veterinarios que, como la vacuna de Aujeszky aprobada mediante la Decisión 94/505/CEE de la Comisión, contienen OGMs. La citada vacuna GM (que se utiliza sin restricciones en cerdos de cebo), se compone, según reza el texto de la citada Decisión comunitaria, de: “...virus (vivos) de seudorrabia (modificados genéticamente)…”.

 

Por tanto, me permito sugerir a esas grandes empresas distribuidoras que, en el marco del compromiso alcanzado con Greenpeace, y con objeto de reforzar el legítimo derecho del ciudadano a conocer el tipo de alimento que quiere consumir (por el que, tanto Greenpeace como un servidor abogamos), en sus secciones de productos, tanto ecológicos como convencionales, coloquen carteles, bien visibles, en el que se informe a los posibles compradores, de que algunas de las carnes y embutidos comercializados en dichas secciones proceden de animales a los que se les inyectaron virus vivos de seudorrabia modificados  genéticamente.

 

El error.-

 

El Real Decreto 178/2004 que desarrolla la Ley 9/2003 por la que se incorporan al ordenamiento jurídico nacional las normas sustantivas de la legislación comunitaria sobre OGMs, contiene, en mi opinión, una serie de errores de mayor o menor entidad. Pero hay uno, relacionado con el plazo de validez de la autorización de una modificación (evento), sobre el que, por su especial relevancia, quisiera realizar una serie de consideraciones.

 

La Directiva 2001/18/CE sobre liberación intencional en el medio ambiente de OGM, dispone que el plazo de autorización de un evento es de 10 años. Este plazo, en el caso concreto de un evento autorizado para su comercialización como semillas, concluirá a más tardar 10 años a partir de la fecha de la primera inscripción de la primera variedad, conteniendo dicho evento, en el Catálogo de variedades de cualquier Estado miembro. En tanto que en el citado Real Decreto se indica que dicho plazo concluirá a más tardar 10 años a partir de la fecha de inscripción de la primera variedad en el Catálogo de variedades español.

 

Este error que, sin ningún género de duda, podría en algún momento ser fuente de litigios comerciales, contradice, además, lo que sobre este tema disponen algunos artículos del proyecto de “Ley de Semillas y plantas de vivero y de recursos fitogenéticos” que actualmente de debate en el Congreso de los Diputados y que he tenido oportunidad de leer.    

 

Ante esta situación, me gustaría manifestar mi extrañeza por el hecho de que, según parece y hasta la fecha, ningún funcionario de los Departamentos competentes en la aplicación de esta normativa, ni (lo que, al menos para mí, resulta más sorprendente) ningún representante de las empresas con intereses en tan controvertido asunto, hayan  reparado en este error. Qué raro ¿no?.

 

El escepticismo.-  

 

En un artículo publicado en esta misma web el pasado mes de julio (*) mostraba mi escepticismo acerca de la utilidad que, como herramienta jurídica, pudiera tener el proyecto de Real Decreto sobre coexistencia de cultivos transgénicos, convencionales y ecológicos, habida cuenta la absoluta falta de armonización, no exenta a veces de incoherencia, con la que determinados Estados miembros (y algunas Comunidades autónomas e incluso municipios) estaban “interpretando” las Directrices que, al respecto, había publicado la Comisión Europea.

 

En aquel momento mis únicas referencias del proyecto de Real Decreto procedían de distintas notas de prensa ya que, como indicaba en el citado artículo, desconocía el texto del mismo.

 

Una vez he tenido oportunidad de leerlo sigo manteniendo mi escepticismo original, pero siendo consciente de que el proyecto, en su actual redacción, está irremediablemente abocado a convertirse en norma, me gustaría, una vez más (les juro que es la última) llamar su atención  sobre un punto concreto del proyecto.

 

En su Anexo II se recogen los requisitos técnicos (en realidad un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas) que deben cumplir los cultivos de maíz, con el fin de garantizar la coexistencia de los cultivos GM, convencionales y ecológicos. Por otra parte, en su artículo 9 se establece una excepción para el cumplimiento de dichos requisitos “cuando todos los cultivos de una misma zona sean genéticamente modificados”.

 

Parece obvio que, al redactar el documento, no se ha contemplado la posibilidad de que todos los cultivos de una misma zona sean de maíz genéticamente modificado pero conteniendo diferentes eventos. Quizás sería conveniente (aunque improbable) que, por parte del MAPA, se considerara la posibilidad de proceder a una “revisión” de este aspecto del proyecto, tomando como referente el texto de las normas de coexistencia publicadas recientemente por Portugal que, en mi opinión, resultan más acertadas y en consonancia con las estrictas disposiciones comunitarias sobre trazabilidad y etiquetado .

  

     

(*) Los transgénicos, la coexistencia y la ¿Unión? Europea. Juan José PEINADO. AGRODIGITAL

 

                                               Madrid, 17 de octubre de 2005


M�s informaci�n sobre biotecnologia



Con la excepci�n de las disposiciones legales, est� expresamente prohibida la reproducci�n y redifusi�n sin nuestro permiso expreso de todo o parte del material contenido en esta web, incluyendo como tal la hipervinculaci�n en p�ginas de marcos.