21/7/2005

Los transgénicos, la coexistencia y la “¿Unión? Europea”

Juan José PEINADO VACAS. Ingeniero Técnico Agrícola

Pagina nueva 1

Las personas que desde hace años seguimos el (caótico) desarrollo comunitario de la normativa sobre organismos genéticamente modificados (OGM), nos hemos desayunado esta mañana invadidos por el entusiasmo y excitación que rezumaban de las noticias de prensa y comunicados de agencia informando de la próxima aprobación, por parte del MAPA, de la normativa española por la que se establecen normas de coexistencia de los cultivos: GM; convencionales y ecológicos.

 

Confieso que lamentaría crearme un complejo de Perro del Hortelano pero no me resisto a transmitirles algunas consideraciones (personales, por supuesto) sobre el tema de la coexistencia y su aplicación en España y en el conjunto de la Unión Europea.

 

En junio de 2003 la CE aprueba unas Directrices bajo la forma de “..recomendaciones no vinculantes... (Recomendación de la Comisión 2003/556/CE) para la elaboración de estrategias y mejores prácticas nacionales con el fin de garantizar la coexistencia de los cultivos modificados genéticamente con la agricultura convencional y ecológica. Su ámbito de aplicación “…abarca desde la producción agrícola en la explotación hasta el primer punto de venta, es decir, desde la semilla hasta el silo”. O sea que, en definitiva, las citadas Directrices son, en realidad, un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) para la gestión conjunta de los tres tipos de agricultura de las que se desprende, no obstante, que el único posible elemento de riesgo de todo el sistema lo constituyen los cultivos GM. Por otra parte, el citado documento de recomendación “..deja a iniciativa de los Estados miembros la elaboración y aplicación de medidas de gestión de la coexistencia” (incluyendo el régimen de responsabilidad que pudiera aplicarse).

 

Pues bien, en mi opinión, la “interpretación” que por parte de los diferentes Estados miembros (EMs) se está haciendo de dichas Directrices, ha conseguido convertir, ¡por fin!, el marco regulatorio comunitario sobre OGMs en un auténtico esperpento que haría las delicias del mismísimo Valle-Inclán.

 

Me explico:

 

Alemania aprobó el pasado noviembre una Ley sobre Ingeniería Genética que incluye unas normas de coexistencia las cuales, según la Fundación encargada de financiar y promover la investigación pública en el país (DFG), representa un importante freno a la innovación científica en Alemania, constituyendo, además, una exclusión encubierta de los cultivos OGMs.

 

Portugal aprobó recientemente un Decreto-Ley en el que, entre otras medidas, establece una distancia mínima de 200 m de separación entre cultivos OGM y convencionales (300 m si se trata de cultivos ecológicos), al tiempo que anuncia la puesta en marcha de medidas de desarrollo de dicho Decreto-Ley con objeto de crear zonas “libres de OGM”.

 

Dinamarca también cuenta ya con unas normas “específicas” de coexistencia.

 

Algunos EMs preparan (o tienen dispuestas) normas de coexistencia pero por distintas razones (evidentemente de carácter político) se muestran reticentes a proceder a su aprobación. Otros EMs se decantan por declararse, en todo o en parte, como “libres de OGM”. Incluso algún EM, demostrando una envidiable habilidad para el regate, autoriza la libre circulación de variedades OGMs debidamente aprobadas aunque prohibe su cultivo (¿).

 

Cada una de las normas de coexistencia (nacionales o regionales) comentadas incluyen un régimen sancionador que, como no podía ser menos, presentan la misma disparidad que las propias normas.

 

Cabe preguntarse si es este el escenario que perseguía la CE con sus Directrices de coexistencia, habida cuenta de que la situación que acabo de describir vacía además de contenido uno de principios fundamentales sobre los que se sustenta la propia Unión Europea y que no es otro que el concepto de libre comercio.

 

En el caso concreto de España parece que, contradiciendo la voluntad armonizadora del próximo Real Decreto (cuyo texto, he de confesar, desconozco por completo) que se desprende de las notas de prensa, tienen cabida todas y cada una de las distintas sensibilidades que acabo de comentar. Veamos:

 

El MAPA tiene a punto, según hemos podido conocer esta misma mañana, un Real Decreto sobre coexistencia en el que, según parece, se establece una distancia mínima de separación entre cultivos OGM y convencionales o ecológicos de 50 m. (en una reciente comunicación del MAPA dicha distancia era de 25 m.). Estas distancias de separación, según una nota de prensa aparecida hace unos meses en un diario de difusión nacional, se estiman “irrisorias” (sic) por la Junta de Andalucía que, al parecer, “..tiene previsto elaborar una normativa propia que modifique algunos aspectos para su aplicación en Andalucía”.           

 

Cataluña, por su parte, también está elaborando sus propias normas de coexistencia (que igualmente desconozco) aunque, de acuerdo con una comunicación de marzo de 2005, la separación mínima entre cultivos la fija en 125 m. (los grupos ecologístas y asociaciones de agricultores “comprometidos” consideran también esta distancia, que duda cabe, insuficiente. Ya que, en su opinión: “…dejar un margen de seguridad de metros en lugar de kilómetros es insuficiente y no sirve para nada.”)

 

Por supuesto, también contamos con Comunidades Autónomas (País Vasco y Asturias) y municipios (Almonte, Pozoblanco, etc.) que, de forma unilateral, se han declarado “libres de OGMs”.

 

No quisiera ensombrecer, insisto, el entusiasmo despertado por el anuncio de la próxima aprobación de este Real Decreto pero permítanme, por favor, aventurar unas sencillas preguntas:

 

=el ámbito de aplicación del Real Decreto ¿sería estatal?

=en caso de aprobarse finalmente una norma en Cataluña que incluyera, por ejemplo, unos valores más estrictos en cuanto a distancias de aislamiento ¿qué estándares se aplicarían a un agricultor de OGMs aragonés cuyo cultivo fuera limítrofe con Cataluña?; ¿Cuál sería la situación legal (nacional y comunitaria) de un agricultor de Castilla-León limítrofe con Portugal?

=¿qué encaje legal tendrían en el marco del Real Decreto las Comunidades o municipios que se declarasen como “libres de OGM”?

=etc., etc., etc..   

 

 Creo que no puede demorarse por más tiempo una decisión clara de las instituciones políticas comunitarias respecto al futuro de los OGMs en la Unión Europea, que permita un desarrollo normativo armonizado y coherente, para lo cual sería conveniente, en primer lugar, evitar en lo sucesivo actuaciones “memorables” como la que recientemente llevó a cabo el Consejo de Ministros de Medio Ambiente, la cual tuve ocasión de comentar en un artículo (*) publicado en esta misma web hace escasas fechas. 

 

Como conclusión quisiera decir que coincido, plenamente, con el Sr. Moraleda en su apreciación de que: “No podemos tener un mercado abierto sin protocolos comunes” (ya me permitiría añadir que dichos protocolos deberían ser jurídicamente vinculantes a nivel comunitario). No obstante tengo que reconocer que me parece optimista, en exceso, su deseo de que “..la normativa Europea sobre coexistencia entre cultivos deberá asemejarse a la española para armonizar la política en esta materia”.         

 

 

(*) Los transgénicos, la seguridad alimentaria y el precio de las entradas del Museo del Prado. (28/VI/2005)

 

 

                                                        Madrid, 20 de julio de 2005


M�s informaci�n sobre biotecnologia



Con la excepci�n de las disposiciones legales, est� expresamente prohibida la reproducci�n y redifusi�n sin nuestro permiso expreso de todo o parte del material contenido en esta web, incluyendo como tal la hipervinculaci�n en p�ginas de marcos.