28/6/2005

Los transgénicos, la seguridad alimentaria y el precio de las entradas del Museo del Prado

Juan José Peinado Vacas. Ingeniero técnico agrícola

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Sobre el controvertido tema de los organismos genéticamente modificados (OGMs) y su regulación en la Unión Europea (UE), en marzo de 1994 publiqué, en esta misma web , un artículo (*) en el que, tras hacer un repaso crítico del desarrollo de la normativa comunitaria sobre transgénicos, llegaba a la conclusión de que su gestación había estado marcada por condicionamientos políticos (en la acepción más peyorativa -¿hay otra?- del término “político”) que, de persistir, podrían desalentar la investigación en la UE (como ya está ocurriendo) y obstaculizar de tal forma la “posible” producción  que llegara a hacerla inviable.

 

Pues bien, los últimos hechos no solo viene a confirmar aquellas conclusiones sino que, además, introducen tal desbarajuste legislativo que, sinceramente, creo que, cuando llegue el momento (que no lo duden, llegará)  será difícil reconducir la situación a los parámetros de coherencia que serían deseables.

 

Permítanme que me explique:

 

Como respuesta a la crisis de las “vacas locas” la UE fija como una de sus prioridades estratégicas para el futuro: “…velar por los más elevados niveles de seguridad alimentaria”, y con ese objetivo publica el Reglamento (CE) Nº 178/2002 en el que se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria creando, en el mismo acto jurídico, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (en adelante la Autoridad) la cual (cito textualmente):

 

=“..…. debe ser una fuente científica independiente de recomendación, información y de comunicación de riesgo, para aumentar la confianza de los consumidores…”;

 

 = “....debe actuar como órgano de referencia científico independiente en la evaluación del riesgo y ayudar a asegurar el correcto funcionamiento  del mercado interior, se le pueden solicitar dictámenes científicos acerca de cuestiones controvertidas, para permitir a las instituciones comunitarias y a los Estados miembros tomar con conocimiento de causa las decisiones de gestión de riesgo….”;

 

=”…..debe ofrecer una visión científica independiente de la seguridad……..esto conlleva unas amplias responsabilidades para la Autoridad.”    

 

         En este contexto, en febrero de 2003 la región de Alta Austria remitió a la Comisión Europea (CE) un Proyecto de Ley por el que se prohibía el uso de OGMs en su territorio en base a las conclusiones de un informe científico (Informe Müller) que acompañaba la solicitud.

 

La CE sometió dicho expediente a la consideración de la AESA la cual, en julio de ese año, emitió un dictamen en el que “grosso modo” consideraba que, el citado informe, no aportaba ninguna prueba científica adicional “…que pueda poner en cuestión las disposiciones relativas a la evaluación del riesgo ambiental previstas en la Directiva 90/220/CEE y Directiva 2001/18/CE”.

 

Consecuentemente, a través de la Decisión 2003/653/CE, la CE denegaba a Alta Austria la posibilidad de establecer disposiciones nacionales que estuvieran dirigidas a prohibir la utilización de OGMs.

 

Pues bien, la decisión del Consejo de Ministros de Medio Ambiente del pasado viernes (día 24) por la que se reconoce el derecho de los Estados miembros que lo deseen a prohibir transgénicos previamente aprobados por la CE, desautoriza, de un plumazo, a la propia Comisión (y todos sus Comités Científicos) y, fundamentalmente, a la Autoridad encargada, no lo olvidemos, de “…velar por los más elevados niveles de seguridad alimentaria” (¿qué valor tendrán, a partir de ahora, los futuros dictámenes de la Autoridad sobre cualquier aspecto relacionado con las “vacas locas” o con cualquier otra crisis alimentaria?).

 

 Como conclusión, mis felicitaciones para los grupos ecologistas y demás asociaciones de ciudadanos “comprometidos”, por el “éxito” obtenido en el citado Consejo de Ministros, pero, háganme caso, se trata solamente de una batalla. La victoria final estará condicionada, no lo duden, por la Organización Mundial de Comercio y no se sorprendan si la Ministra del ramo que en el citado Consejo se mostró irreductible en la defensa de unas posiciones, en un próximo Consejo (si las circunstancias lo “requieren”) defienda la postura contraria con igual vehemencia.

 

De la volubilidad de los políticos quizás sirva, como ejemplo paradigmático, la actitud de la actual titular de cultura quien, nada más llegar al gobierno, comunicó su intención de reducir drásticamente el IVA de música y libros, con el loable objetivo de “acercar la cultura a los ciudadanos”. Lamentablemente la CE tuvo que informarle que carecía de competencias para ello (no existe constancia de que algún funcionario, alto o bajo, de su Departamento, alertara a la Sra. Ministra de su error. ¿Qué raro?, ¿no?). Meses más tarde la titular de cultura (la misma) abundando, imagino, en su declarado objetivo de “acercar la cultura a los ciudadanos” duplicaba el precio de entrada al Museo del Prado. Sin comentarios.

 

 

(*) La regulación en la UE de los Organismos Genéticamente Modificados (Una aproximación crítica). Juan José PEINADO. AGRODIGITAL

 

http://www.agrodigital.com/upload/peinado.doc

 

 

                                               Madrid, 27 de junio de 2005


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