24/6/2004

Nota de FERAGUA

La política y los “árbitros” del medio ambiente

Progresismo: Concepto que agrupa al conjunto de teorías y doctrinas partidarias de la innovación y del progreso en todos los órdenes de la vida (Enciclopedia Encarta).

El anuncio del MAPA de que las organizaciones no gubernamentales (ONG) de carácter “medioambiental” van a estar presentes en la Comisión de Biovigilancia encargada los OMG plantea la cuestión de cuales es la representatividad de esas OMG y en base a qué la adquieren. Por otra parte, las declaraciones sobre de la Ministra Narbona sobre la necesidad de estudios independientes sobre los OMG supone poner en duda la independencia de los ya existentes hasta ahora de los organismos científicos de la Unión Europea, que son en definitiva quienes dictaminan sobre la inocuidad de los OMG para el consumo y el medio ambiente. ¿Cuáles son las ONG representantes del medio ambiente de una forma objetiva? ¿Los informes científicos de la UE o de la FAO no son independientes y responden a oscuros intereses, como han afirmado en ocasiones algunas de estas ONG?

El activismo medioambiental nació en su momento de círculos académicos de donde tomo el nombre de la ciencia de la ecología. Con el tiempo sin embargo, y a medida que ha crecido su capacidad de influencia, su actividad ha ido derivando en gran medida hacia el cultivo de las actividades mediáticas para sus fines políticos, tarea en la que han tenido un gran éxito en muchos casos, dejando de lado el rigor científico, cuando no la misma ciencia de la ecología de la que nacieron. Desde hace ya varios años la mayor parte de las ONG “medioambientales” asumen solamente los informes científicos cuando apoyan sus posturas, denunciándolos como faltos de independencia o al servicio de intereses determinados cuando sucede lo contrario.

Actualmente muchos grupos activistas explotan abiertamente las preocupaciones medioambientales con fines políticos, algunos supuestamente “progresistas” como el anticapitalismo, la antiglobalización o el antiamericanismo, aunque en otros países, como Italia o Austria, la supuesta ideología “medioambiental” se utiliza también para posturas de marcado carácter reaccionario a cuya ideología se ajustan especialmente en cuanto a la justificación del racismo y la xenofobia.

Sobre los OMG aprobados, los organismos científicos de la UE han determinado mediante pruebas constatadas que son “al menos tan seguros como sus equivalentes convencionales” a pesar de lo cual estas ONG lo niegan, sin aportar ninguna contraprueba, o bien solicitan una seguridad absoluta que es imposible de lograr en la práctica en cualquier aspecto de la vida buscando las largas perpetuas a falta de argumentos científicos en contra. Se permiten además denominar continuamente “contaminación” a la impurificación con los productos que aborrecen por motivos ideológicos, algo que asombrosamente es asumido por gran parte de los políticos en la UE, como sucedió en el ultimo Consejo de Agricultura en relación con el Plan de la Agricultura Biológica. ¿Alguien admitiría como correcto que se llamara comúnmente en una institución pública de la UE “contaminación” a la presencia de inmigrantes en las ciudades, a la de alimentos extranjeros en los supermercados o a la presencia de aficionados del equipo contrario en el campo propio?

Muchos políticos asumen que los grupos medioambientalistas son los árbitros de lo que es y lo que no es “ecológico”, incluso por encima de los propios criterios de los científicos; y esto no es privativo de partidos de derechas o de izquierdas. El ministro de agricultura italiano del partido neofascista es un ferviente defensor de muchos puntos sobre el medio ambiente de los grupos activistas, lo mismo que los ultraconservadores austriacos o suizos, así como la derecha francesa, yendo incluso en contra de la opinión de sus propias instituciones científicas de carácter público.

La conservación del medio ambiente es un valor que todo el mundo defiende políticamente y nadie se atreve a cuestionar, lo mismo que la defensa del bienestar o de los puestos de trabajo. En este caso sin embargo, dadas las dificultades de saber si algo es positivo o negativo para el medio ambiente, el que una organización o un partido político se arrogue la interpretación de qué es bueno o malo en cada caso concreto, así como el conseguir el abanderamiento de esta defensa es algo de indudable interés para políticos y organizaciones, y también económico para los que viven de estas instituciones, así como para los múltiples negocios que existen y proliferan al socaire de lo supuestamente “ecológico”.

La ciencia independiente es efectivamente, tal y como reclama la ministra Narbona, la mejor forma, si no la única de poder saber lo que es y no es favorable para el consumidor y para el medio ambiente, pero esta ciencia hay que asumirla con todas sus consecuencias e interpretarla dentro de sus contexto y su propias limitaciones. No sería de recibo asumirla solo cuando interese y el prejuicio ideológico cuando no; algo que es desgraciadamente demasiado frecuente por parte de la clase política en muchos países, con independencia de su signo ideológico.


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