27/2/2004

La tecnología que salvará del hambre a miles de millones de personas

The American Enterprise
By C.S. Prakash and Gregory Conko
1 de marzo de 2004
Traducción libre de Agrodigital.com. Reproducido con permiso expreso de los autores

Hoy en día, la mayor parte de las personas del mundo tiene acceso a los alimentos en una disponibilidad y variedad mayor de la que nunca se tuvo en tiempos pasados. Esto es debido principalmente al desarrollo de la ciencia y la tecnología agraria. La vida media de las personas, el indicador más importante de la calidad de vida, se ha incrementado en el último siglo en prácticamente todos los países. Incluso en muchos países menos desarrollados, la esperanza de vida se ha doblado en las últimas décadas.

A pesar del gran crecimiento de la población, de 3.000 millones en 1950 a 6.000 millones en la actualidad, la malnutrición global ha descendido de un 38% a un 18%. India y China, dos de los países más poblados del mundo y en rápida industrialización han cuadruplicado su producción de granos.

El record de productividad agraria en el último siglo habla por sí mismo: Los Países que adoptaron la tecnología agraria han crecido a una prosperidad sin precedentes para su población, haciendo los alimentos más abundantes y disponibles, estabilizando los rendimientos agrarios y limitando la destrucción de los espacios naturales.

Los aumentos de productividad de las variedades obtenidas por la mejora genética, así como el uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas han permitido al mundo doblar la producción de alimentos en 50 años, utilizando prácticamente la misma superficie, lo que ha hecho posible alimentar a una población un 80% mayor. Si no hubieran ocurrido estas mejoras de genética y otros desarrollos científicos, que hoy conocemos como la Revolución Verde hoy en día deberíamos labrar cada centímetro cuadrado de la tierra del planeta para producir la misma cantidad de alimentos, destruyendo millones de hectáreas de espacios naturales de alto valor ecológico.

La Revolución Verde benefició a muchos países menos desarrollados de Latinoamérica y Asia. Sin embargo, por una serie de razones humanas y naturales, las tecnologías agrarias no se expandieron igualmente por todo el planeta. Muchas personas en Africa Subsahariana y en el sur de Asia continúan sufriendo una gran pobreza derivada de la baja productividad de su agricultura. Alrededor de 740 millones de personas van a la cama a diario con hambre y 40.000 personas, de las cuales la mitad niños, mueren cada día de hambre o malnutrición. De no cambiar las actuales tendencias, el número de personas con problemas de desnutrición sobrepasará los mil millones en 2020.

La FAO prevé que la población mundial crecerá en más de 8.000 millones en 2030, estimando que la producción de alimentos deberá crecer en un 60% para atender las necesidades de la población y cerrar la brecha de la desnutrición. Incrementar los rendimientos, con la ayuda de todas las herramientas disponibles, incluyendo la biotecnología, es algo crucial.

Hoy en día ya existe una tecnología desarrollada en cuanto a la optimización del uso de los insumos agrícolas, como maquinaria, fertilizantes, insecticidas, herbicidas etc. No obstante, el más importante factor de aumento de la productividad ha sido y es la mejor comprensión de los principios genéticos.

Cada cultivo agrícola es producto de una selección artificial realizada por el hombre durante los últimos milenios. Nuestros ancestros escogieron unas pocas plantas salvajes y gradualmente las modificaron, simplemente seleccionando aquellas que eran más grandes, con mejor sabor o más robustas. Las plantas agrícolas que hoy nos alimentan tienen muy poco en común con sus orígenes. Los tomates o patatas silvestres, por ejemplo, contienen potentes toxinas, mientras que las variedades cultivadas han sido modificadas para alimentar a los humanos, eliminando estos venenos naturales.

La hibridación o cruzamiento artificial de diferentes plantas de la misma especie ha ayudado a introducir características deseables de algunas variedades en cultivares productivos, y cuando las características deseadas no estaban presentes en la misma especie se han tomado genes prestados de especies silvestres emparentadas. El trigo, el centeno o la cebada son normalmente cruzados con otras especies silvestres para introducir nuevas características; las plantas comerciales de tomate son también normalmente cruzadas con tomates silvestres para introducir resistencia a patógenos, nematodos y hongos. Sucesivas generaciones de plantas han sido a su vez cuidadosamente retrocruzadas con variedades comerciales para eliminar las características de las plantas salvajes no deseadas transferidas accidentalmente, como la producción de toxinas, algo que es común en plantas silvestres.

Cuando las especies cultivadas y las plantas salvajes emparentadas no se cruzan de forma natural se utilizan diversos artificios para sortear esta incompatibilidad natural. Incluso a pesar de estas manipulaciones, los embriones formados en estos cruces entre especies distintas en muchas ocasiones no son viables o son incapaces de reproducirse por sí mismos y solamente se les puede hace fértiles mediante tratamientos químicos que provocan que la planta mute y se multipliquen sus cromosomas. Por ejemplo, el triticale es un híbrido artificial de trigo y centeno, cuya existencia es solo posible por el cultivo de embriones y la multiplicación artificial de cromosomas en laboratorio. Actualmente se cultivan 1,2 millones de Ha de triticale en el mundo, y son comunes las variedades de plantas agrícolas que han sido obtenidas mediante cruzamientos artificiales entre distintas especies emparentadas que no se podrían haber producido de forma natural.

Cuando una característica deseada no se encuentra en el acervo genético de la especie ni tampoco en el de las especies emparentadas con las que se pueda cruzar de forma natural o artificial, los genetistas pueden crear nuevas variedades provocando mutaciones utilizando radiaciones, productos químicos o simplemente cultivando células y dejando que muten de forma espontánea durante la división celular. Provocar mutaciones fue un método común para la obtención de nuevas variedades en los años 50; y más de 2.250 variedades mutantes se han obtenido en más de 50 países, incluyendo Francia, Alemania, Italia, el Reino Unido y los Estados Unidos. Una relativamente nueva variedad de trigo mutante, que es tolerante a un herbicida se ha puesto en el mercado en Estados Unidos en julio de 2003.

Los métodos de mejora genética basados en DNA recombinante (rDNA) no son más que una reciente extensión de la multitud de técnicas que han sido empleadas hasta ahora en la obtención de variedades de plantas. La diferencia fundamental es que en este caso se trata de una transferencia mucho más precisa de unos pocos genes conocidos, una inserción de una porción de material genético muy pequeña en comparación con los métodos clásicos, que consisten en grandes cambios genéticos, muchos de los cuales son desconocidos e impredecibles.

Prominentes científicos de todo el mundo han corroborado la seguridad de los cultivos biotecnológicos para la salud y el medio ambiente y han hecho un llamamiento para que esta tecnología se utilice para ayudar a los más necesitados, especialmente para combatir el hambre en los países en desarrollo. Instituciones como la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, la Royal Society de Reino Unido o el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.

Más de 3.500 eminentes científicos de todo el planeta, incluyendo 25 Premios Nobel han firmado una declaración en apoyo de la agricultura biotecnológica. Una revisión de 81 trabajos independientes patrocinada por la Unión Europea concluye que los cultivos y alimentos OMG son al menos tan seguros como los convencionales, y en algunos casos incluso más seguros.

Actualmente, la superficie de cultivo de variedades obtenidas mediante la moderna biotecnología es de unos 57 millones de hectáreas en 16 países. Más de las tres cuartas partes de los 5,5 millones de agricultores que las cultivan son de baja renta y en países en desarrollo, y eso a pesar de que las variedades actuales han sido diseñadas para la agricultura de países desarrollados. Estas variedades son maíz, soja, pata y algodón modificados genéticamente para ser resistentes a plagas o permitir un control más simple de las malas hierbas. La experiencia de la adopción de los OMG por parte de los países en desarrollo en los últimos años ha mostrado que los beneficios para estos puede ser al menos igual, si no superior, a la de países desarrollados, ya que la limitación de la productividad agraria por plagas y enfermedades en las zonas tropicales y subtropicales es mucho mayor que en las zonas templadas del planeta.

Se estima que un 20% de la productividad agrícola en el mundo desarrollado, y un 40% en los países en desarrollo se pierde por plagas y enfermedades, a pesar del uso de productos fitosanitarios. El taladro del maíz destruye al año aproximadamente el 7% de la cosecha mundial del maíz, equivalente a 40 millones de toneladas, la mayor parte en países en desarrollo; por lo que no es sorprendente la rápida adopción de este tipo de maíz biotecnológico en estos países cuando las autoridades permiten su cultivo.

Los cultivos OMG tienen además otras importantes ventajas para los países más pobres. En China, donde los tratamientos fitosanitarios se aplican mayoritariamente de forma manual, se calcula que mueren a año entre 400 y 500 agricultores por envenenamientos accidentales con pesticidas. Según un estudio de la Universidad Rutgers y la Academia de Ciencias Norteamericana, en China la adopción del algodón Bt autoprotegido contra insectos ha reducido en un 75% el número de estos siniestros, al ser necesario menos aplicaciones de fitosanitarios y menos cantidad de producto. Otro estudio de la Universidad de Reading (Reino Unido) muestra el mismo efecto en el cultivo de algodón Bt en Sudáfrica.

La reducción del uso de pesticidas significa además un consumo menor de los recursos empleados en su fabricación y transporte. En 2002, el cultivo de algodón OMG en EEUU supuso un ahorro de 9,6 millones de litros de fuel; 384 millones de litros de agua y 41.000 jornales, necesarios para la aplicación de los pesticidas.

En los próximos años, verán la luz variedades OMG creadas de forma específica para los países en desarrollo, como arroz resistente a insectos para Asia; patata tolerante a virosis de Africa y papaya resistente a virus para la zona del Caribe. La próxima generación de cultivos biotecnológicos, que está ahora en los laboratorios incluye tolerancias a suelos pobres y adversas condiciones del clima, factores que son frecuentes en los países menos favorecidos, y a menudo la principal causa de su pobreza. Los científicos han identificado ya genes de resistencia a estrés medioambiental, incluyendo salinidad y suelos ácidos o alcalinos.

La principal razón de que África no se beneficiase de la Revolución Verde es que los mejoradores de plantas se centraron en especies como arroz, trigo y maíz, que no eran los cultivos principales de África, que tiene gran parte de sus tierras en climas áridos y sin posibilidad de riego. Además, las pobres infraestructuras y la falta de recursos que existe en la mayor parte del continente hace que sea difícil obtener los insumos necesarios (fertilizantes, herbicidas, pesticidas) para el cultivo de las variedades mejoradas. Sin embargo, pudiendo juntar un paquete tecnológico en la misma semilla, la biotecnología tiene el potencial de poder llegar a importantes incrementos de productividad con una menor utilización de medios químicos o mecánicos y de forma más respetuosa con el medio ambiente. Los agricultores podrían controlar plagas, enfermedades, el calor, la sequía o la pobreza del suelo, simplemente sembrando la variedad adecuada.

Algunos activistas antibiotecnología como Vandana Shiva de la Research Foundation for Science de Nueva Delhi o Miguel Altieri de la Universidad de California argumentan que los agricultores de los países pobres no se beneficiarán de la biotecnología porque ésta está controlada por multinacionales. Según Altieri "La mayor parte de las innovaciones biotecnológicas han sido obtenidas por el ánimo de lucro y no por atender las necesidades de estos países. La realidad es que el objetivo de la industria de la ingeniería genética no es mejorar el Tercer Mundo, sino sus beneficios empresariales"."

Esta opinión no es compartida por cientos de investigadores del sector público que trabajan en la obtención de cultivos biotecnológicos en estos países. Según Cyrus Ndiritu, antiguo director del Instituto de Investigación Agraria de Kenia (KARI) "No son las multinacionales quienes tienen el dominio de África, sino el hambre y la pobreza, y África podría salir de este dominio utilizando la biotecnología".

La biotecnología ofrece además la posibilidad de mejorar la calidad nutritiva de los productos. La próxima generación de OMG pretende ofrecer beneficios directos al consumidor como una mejor calidad de las proteínas, menor contenido de grasas saturadas, mayor contenido de vitaminas y minerales y otras mejoras, así como reducir el nivel de toxinas naturales y eliminar substancias causantes de alergias. Algunos de estos nuevos productos están siendo ya desarrollados exclusivamente para su aplicación en la agricultura de subsistencia de países pobres.

Una de las modificaciones genéticas de este tipo más conocidas es el Arroz Dorado (Golden Rice) que contiene mucho más beta-caroteno o provitamina A que el arroz convencional. El mismo equipo científico que obtuvo el Golden Rice ha desarrollado otro arroz con más hierro digestible.

La dieta de más de 3.000 millones de personas en todo el mundo es inadecuada en cuanto al contenido de vitaminas y minerales, como el hierro o la vitamina A. La deficiencia en estos elementos deriva en anemia y un menor desarrollo físico e intelectual, ceguera e incluso la muerte.

Diversas organizaciones de Naciones Unidas han resaltado la importancia de reducir las carencias de vitamina A y de hierro en la población, sin que hasta la fecha se haya llevado a cabo una estrategia efectiva. El arroz dorado y otras nuevas obtenciones de la biotecnología pueden ofrecer ahora una alternativa. El arroz dorado es un primer ejemplo del valor de la biotecnología en la investigación pública y utilizada sin ánimo de lucro. El desarrollo de este arroz fue financiado principalmente por la Fundación Rockefeller, que ha prometido poner esta tecnología a disposición de los agricultores menos favorecidos sin coste alguno. Científicos de universidades y centros de investigación públicos de varios países están desarrollando cultivos similares, como es el caso de la patata rica en proteína en la India.

La investigación biotecnológica está en vías de obtener frutas y hortalizas que contengan vacunas que pueden salvar vida, como un plátano que produce la vacuna de la hepatitis B y una patata capaz de inmunizar contra las diarreas.

Es cierto que algunos aspectos de la moderna agricultura tiene un impacto negativo sobre la biodiversidad, el aire, el suelo o la calidad de las aguas. Sin embargo, la biotecnología ha demostrado ser la tecnología agraria más respetuosa con el medio ambiente desde la invención del arado. El riesgo de polinización cruzada entre las plantas cultivadas y las silvestres emparentadas siempre ha existido; durante años los mejoradores han ido introduciendo genes en los cultivos mediante métodos convencionales como resistencia a plagas o enfermedades, tolerancia a estrés o resistencia herbicidas, alterando además los hábitos de crecimiento de las plantas. La modificación genética es desde hace muchos años un fenómeno común y lo único que cambia la moderna biotecnología es la forma de hacer estas modificaciones.

Una de las mayores amenazas para las poblaciones hambrientas del mundo se derivan de las políticas restrictivas derivadas de un alarmismo injustificado. Mientras que la mayor parte de los americanos tienden a apoyar la biotecnología agraria, los europeos y asiáticos son mucho más cautelosos. Los activistas anti-biotecnología presentes en ambos países alimentan esta ambivalencia con argumentos alarmistas que refuerzan las políticas restrictivas. Este alarmismo no esta apoyado por ningún argumento científicamente contrastado, sino todo lo contrario.

Una política excesivamente cautelosa revierte en sobrecostos en investigación y desarrollo y hace mas difícil el acceso a los países más pobres a la biotecnología. Nadie duda que se deba proceder con cautela, pero las restricciones innecesarias en la agricultura biotecnológica pueden suponer un importante freno al progreso, impidiendo en la práctica que los beneficios de esta tecnología lleguen a la gente que más los necesita. Una preocupación injustificada podría tener efectos trágicos.

En 2002, el presidente de Zambia Levy Mwanawasa, rechazó 23.000 Tm de maíz de ayuda alimentaria cuando 2 millones de habitantes estaban en una situación crítica por falta de alimentos tras dos años de sequía. Mwanawasa justificó el rechazo de esta maíz en que no estaba certificado como libre de OMG aduciendo que podía ser "venenoso". Otros funcionarios de Zambia justificaron esta decisión en que la entrada de OMG en el país podría comprometer unas eventuales exportaciones futuras a la UE donde existe una moratoria sobre los OMG.

El caso de Zambia no es el único, las restricciones de la UE al uso de la biotecnología agraria tienen similares consecuencias en el mundo en vías de desarrollo. Tailandia es reacia a adoptar nuevas variedades OMG de arroz que han sido obtenidas por su propia investigación por los temores de problemas comerciales; Uganda ha detenido su investigación en biotecnología en plátano y pospuesto indefinidamente su introducción; Argentina mantiene congeladas la aprobación de nuevas variedades OMG de maíz hasta que sean permitidas en el mercado de la UE, incluso China que es una gran potencia en investigación en agricultura biotecnológica tiene congelada la introducción de los resultados de sus investigaciones a la espera de ver como se mueve la UE en este sentido. El Instituto Internacional del Arroz (IRRI) que está encargado de traspasar la característica del Arroz Dorado a las variedades locales ha pospuesto sus planes de lanzar este arroz en Filipinas de forma indefinida.

La moratoria de la UE persiste después de cinco años a pesar de la abultada evidencia científica en su contra, incluyendo la proporcionada por los propios investigadores europeos, de que la modificación genética biotecnológica no tiene ningún riesgo que no tuvieran ya los métodos de mejora genética convencionales practicados durante años, y gracias los cuales se alimenta hoy el mundo.

El hambre y le desnutrición no está causada solamente por la falta de alimentos. En muchos países son causas principales la corrupción política, las deficientes infraestructuras y la pobreza. Todos estos problemas podrían ser paliados si existiera una verdadera seguridad alimentaria. Durante los próximos 50 años la población del mundo crecerá un 50% a 9.000 millones de habitantes, la mayor parte de los cuales estarán en los países en desarrollo. Para producir los alimentos necesarios para alimentar a esta población harán falta todas las herramientas disponibles, incluyendo el regalo de valor incalculable de la biotecnología


http://www.agbioworld.com/biotech_info/articles/prakash/prakashart/save-billions.html



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