17/10/2003

Opinión

Así se hacen las cosas. Artículo del profesor Cubero sobre los ensayos de OMG en el Reino Unido

José Ignacio Cubero Salmerón. Catedrático de Genética y Mejora de Plantas en la Universidad de Córdoba

Hoy, 16 de octubre de 2003, se han hecho públicos en conferencia de prensa los resultados del estudio "Farm Scale Evaluations”, publicado por la Royal Society, de tres años de duración y, simultáneamente, han aparecido publicados los ocho trabajos científicos que los detallan y discuten.

Todo ello es consecuencia de la decisión que el gobierno británico tomó en su día de encargar a una comisión de científicos independientes un estudio sobre las implicaciones que para el medio ambiente tendría el cultivo de variedades transgénicas resistentes a herbicidas; concretamente se han comparado en esos tres años (y nada menos que en 283 ensayos de campo) variedades transgénicas de colza, remolacha azucarera y maíz con sus correspondientes variedades no transformadas.

Los resultados pueden resumirse muy brevemente con una frase del propio resumen informativo: los científicos que han llevado a efecto el estudio encontraron que los resultados no dependen de la manera en que se realizó la transformación genética. En otras palabras: el ser transgénica o no, no interviene en los efectos que el cultivo de unas y otras variedades puede causar en el ambiente.

Los efectos encontrados son los siguientes: en las variedades no transgénicas (esto es, convencionales) de remolacha y de colza hubo más diversidad biológica (en particular abejas y mariposas), en general, que en sus contrapartes transgénicas, en tanto que en el maíz ocurría lo contrario: mayor diversidad en el maíz transgénico que en el convencional. Pero ello es debido, dicen los investigadores, a las diferencias en flora espontánea (es decir, malas hierbas) en los campos del ensayo: a más flores, mayor cantidad de insectos. Lógico en un estudio en el que se han aplicado herbicidas para aumentar la eficiencia productiva.

Es algo tan lógico que muchos podrán pensar que para qué ha habido que esperar tres largos años, pero así actúa la ciencia, probando todas las cosas por lógicas que parezcan. Se diferencia así de actitudes preconcebidas (como ya se vio en el comentario de The Guardian de hace unos días, y de algún periódico hispano también) en el que se tomaba el estudio que comento, antes de haberse hecho públicos los resultados (que lo han sido hoy), en su sentido más negativo: todo malo para el ambiente y para todo el mundo. Los datos niegan esa conclusión tremendista y anti-informativa. Como se hacen las cosas es trabajando y produciendo información, no creándola desde la nada.

Para cerrar este breve comentario, quiero insistir en lo que siempre repito al hablar de las variedades transgénicas: no son milagros, son ofertas a la agricultura y al agricultor; el resultado final lo produce el manejo en el campo, como siempre ha sido, no la manera en que se han obtenido las variedades. Y, como también insisto siempre, en que distintos productos darán diferentes resultados: de ahí las diferencias entre cultivos (es decir, entre manejos en el campo) que se registran entre colza y remolacha de una parte y maíz de otra. Por lo tanto, hay que estudiar y ensayar paso a paso y caso a caso. Enhorabuena al Gobierno inglés por su manera de hacer las cosas. Las incógnitas sobre los organismos modificados genéticamente se resuelven de forma científica, no dogmática.


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