27/7/2017

UPA Andalucía a favor de la renovación de la autorización del uso del glifosato por 10 años

Los agricultores “somos los mayores interesados en disponer de unas condiciones de producción seguras para los profesionales agrarios, respetuosas con el medioambiente, ofreciendo a los consumidores productos de primera calidad y máximas garantías sanitarias, y contribuyendo a la conservación de nuestros suelos, la calidad de nuestras aguas y la diversidad de nuestra flora y fauna”, aseguran desde UPA Andalucía.

El glifosato se utiliza principalmente en la agricultura para combatir las malas hierbas que compiten con los cultivos, utilizándose tanto en la agricultura convencional como en agricultura de conservación.

El glifosato es una sustancia activa muy utilizada y su uso está generalizado entre los agricultores, ya que la patente expiró en el año 2000 y hoy en día es comercializado por numerosas empresas, con altos niveles de eficacia y precios asequibles para el productor. Desde UPA Andalucía señalan que “el glifosato lleva utilizándose más de 42 años en todo el mundo, habiéndose demostrado como un herbicida eficaz, rentable y seguro para las personas y el medioambiente”.

El Comité ha recibido los dictámenes favorables de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (AESA), y del Estado miembro ponente, en este caso Alemania. La Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos (ECHA) ha concluido recientemente que la sustancia activa glifosato no es cancerígena, mutagénica y no es tóxica para la reproducción.

Desde UPA Andalucía han querido manifestar su apoyo a la renovación de la autorización, justificado, además de por criterios científicos, por criterios medioambientales, económicos y productivos. El motivo fundamental que esgrimen desde la organización agraria es que la erosión es el principal problema medioambiental de nuestra agricultura. En las últimas décadas se están produciendo ciclos más continuos de condiciones climatológicas más favorables para la aparición de episodios fuertes de erosión.

Los efectos del cambio climático, nos llevan a enfrentarnos a períodos de precipitaciones menores en general, y más concentradas en determinados momentos. La forma de luchar contra la erosión es a través de la implantación de cubiertas vegetales y el desarrollo de la agricultura de conservación o el mínimo laboreo.

Estas técnicas culturales y de manejo de suelo utilizan el glifosato como primera opción herbicida en la gran mayoría de los casos, para controlar las malas hierbas o las cubiertas vegetales, dado que es un producto no residual de amplio espectro y con bajo perfil ecotoxicológico. La agricultura de conservación es un sistema de producción agrícola basado en tres principios fundamentales: mínima perturbación del suelo, cobertura permanente del suelo y rotación de cultivos. La puesta en práctica de estos tres principios proporciona un manejo social, económica y medioambientalmente sostenible de las explotaciones agrarias.

Las ventajas de los sistemas de la agricultura de conservación son numerosas, encontrándose entre ellas el aumento de la capacidad de almacenamiento de carbono en los suelos, la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero debido a un menor consumo de combustible fósiles, la reducción drástica de los niveles de erosión y escorrentía con la consiguiente mejora de la estructura del suelo y del balance de agua. La competitividad de los agricultores que implantan sistemas de agricultura de conservación se ve incrementada, además, por un aumento de las producciones.

El glifosato está disponible a precios asequibles y rentables alejando cualquier sospecha de oligopolio o abuso de posición dominante por parte de alguna multinacional o gran corporación. Mas al contrario, “su prohibición podría generar desabastecimiento de una sustancia activa tan comúnmente usada y el encarecimiento inusual de sustancia alternativas”, alegan desde UPA.

Según afirman desde UPA Andalucía, “la UE podría incurrir una vez más en la incoherencia de prohibir el uso de una determinada práctica productiva mientras que autoriza la importación de productos que han sido producidos con esas prácticas que prohíbe la propia Unión Europea, beneficiando a los terceros países exportadores y situando a los productores europeos en una clara desventaja competitiva”.

Desde UPA Andalucía alegan finalmente que “únicamente el criterio científico que rige las evaluaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria debería guiar las decisiones de la Comisión a la hora de aprobar o denegar una autorización o renovación de una sustancia activa, en este caso Glifosato. La actividad agraria se encuentra altamente supervisada y sus técnicas de producción, perfectamente reguladas y sometidas a los más rigurosos controles. Los agricultores somos los mayores interesados en poder garantizar unas condiciones de producción seguras, respetuosas con el medioambiente, el bienestar animal y el entorno animal con el fin de poder ofrecer a los consumidores productos de primera calidad y máximas garantías sanitarias, y contribuir a la conservación del suelo, la calidad del agua y la biodiversidad”.


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