20/7/2016

El lobo busca refugio de la persecución humana durante la época de cría

Los lobos minimizan el riesgo de interaccionar con los humanos durante la época de reproducción —cuando son más vulnerables— y adoptan unas pautas de comportamiento similares en toda su área de distribución, desde Alaska hasta la India y Afganistán, según un nuevo estudio publicado en la revista Biological Conservation que tiene como primer autor al experto Víctor Sazatornil, colaborador del Departamento de Biologia Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Barcelona.

El lobo (Canis lupus) ocupa un área de distribución muy amplia en el planeta en comparación con la mayor parte de mamíferos terrestres. Este hecho, unido al conflicto ancestral con el hombre y a su capacidad para sobrevivir, hace que el lobo se considere un animal capaz de prosperar en prácticamente cualquier tipo de entorno, incluidos los dominados por la actividad humana.

Esta percepción no es del todo errónea, pero la vulnerabilidad del lobo respecto al hombre es elevada en determinados momentos de su ciclo vital, como en la época de reproducción. Así lo apunta un equipo de veintisiete investigadores de doce países en el nuevo artículo de la revista Biological Conservation.

Según Víctor Sazatornil, «tras revisar 728 lugares de cría de diferentes emplazamientos del área de distribución del lobo, hemos encontrado que, de manera general, los lobos minimizan el riesgo de interaccionar con el hombre situando sus lugares de reproducción en espacios alejados de la actividad humana dentro de sus territorios, o bien ubicándolos en zonas con abundante refugio donde pasan desapercibidos o el acceso del hombre se ve dificultado». Este comportamiento parece ser más acusado allí donde la presencia humana es mayor.


Cuando el lobo busca refugio durante la cría

Los autores no solo han encontrado patrones generales en la ubicación de los lugares de reproducción de los lobos. Teniendo como referencia que en Eurasia y Norte América se han desarrollado historias diferentes de persecución de grandes carnívoros por parte del hombre, el equipo científico constata que en Europa y Asia los lobos son especialmente sensibles a los humanos a la hora de seleccionar los lugares donde cuidar a sus cachorros, y que suelen refugiarse en las zonas más abruptas y elevadas de sus territorios. En Norteamérica, por el contrario, esta sensibilidad no parece ser tan acusada, y los lobos suelen elegir los fondos de valle y zonas de relieve más suave.

«En Eurasia existe una coexistencia más estrecha entre lobos y actividad humana. De este modo, al persistir en territorios más humanizados, deben compensar esta mayor exposición al hombre siendo más cautelosos en los lugares de cría», afirma Víctor Sazatornil, que está elaborando su tesis doctoral bajo la dirección de José Vicente López-Bao (Universidad de Oviedo) y Alejandro Rodríguez (Estación Biológica de Doñana, EBD-CSIC) y la tutoría del profesor Santiago Mañosa, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y el Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB, (IRBio).

Como explica el experto José Vicente López-Bao, una de las hipótesis que baraja el equipo de investigadores es que la diferente historia de persecución que se ha dado en ambos continentes puede ser una de las razones que explican los patrones observados: «En Eurasia, la persecución empezó hace milenios con la aparición de la ganadería y se ha intensificado y sofisticado de forma muy gradual, mientras que en Norteamérica se exterminó a los lobos de grandes zonas pocas décadas después de la colonización y con medios efectivos desde el primer momento».

Durante la colonización de Norteamérica, se contaba con medios muy eficaces —armas de fuego, venenos, etc.— para perseguir a los grandes mamíferos. Por ejemplo, la población del bisonte americano pasó de varias decenas de millones de ejemplares antes de la llegada de los europeos a unos pocos cientos a finales del siglo XIX. En el caso del lobo, un período de exposición a la persecución diferente entre continentes podría haber influido en el desarrollo de una forma distinta de protegerse en Eurasia, donde el proceso de adaptación de la especie fue más gradual.


Sobrevivir en los ambientes más humanizados

Según los autores, la gestión del hábitat para el lobo se suele pasar por alto en ambientes muy humanizados —por ejemplo, la península ibérica—, porque posiblemente se asume que no es una cuestión que afecte demasiado a esta especie, que ha sobrevivido hasta hoy en estos ambientes.

Sin embargo, López-Bao advierte que «a pesar de que los lobos y otros grandes carnívoros son capaces de vivir cerca del hombre y no requieren grandes superficies de hábitat inalterado, la cuestión del hábitat no debe obviarse cuando se pretende preservar a estas especies en ambientes humanizados». Según el experto, las medidas de protección «deberían orientarse al menos a garantizar la presencia de pequeñas zonas dentro de sus territorios en las que se preserve una vegetación que ofrezca protección y se regule la actividad humana durante el periodo reproductor». Fuente: UAB


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