9/6/2016

El agua para riego se reduce un 14% desde el año 2000

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El uso de agua para riego viene reduciéndose del orden de un 14% de media desde el año 2000, llegando a superar el 25% en algunas zonas regables. Actualmente su volumen de consumo neto se sitúa en el entorno de los 14.500 hectómetros cúbicos anuales de media, lo que supone una reducción de más de 2.360 hectómetros cúbicos en este periodo, con los que se podrían llenar alrededor de 100.000 piscinas olímpicas, según manifestó hoy el presidente de la Federación Nacional de Regantes (FENACORE), Andrés del Campo, en el XXXIV Congreso Nacional de Riegos que se celebra estos días en Sevilla. 

 

El dirigente de la Federación atribuye este descenso al proceso de modernización de regadíos que han llevado a cabo los regantes en colaboración con las administraciones públicas y que, con una inversión de unos 5.000 millones de euros, ha permitido impulsar la transformación de los tradicionales riegos de superficie en sistemas de goteo, situando a España como referente internacional en ahorro de agua, sólo por detrás de Israel.

 

De hecho, en una comparativa entre países donde los cultivos agrícolas tienen un peso significativo en su economía, España se sitúa a la cabeza en capacidad de producir más con menos agua, al tener casi la mitad de sus 3,6 millones de hectáreas de extensión regable dotada con estos sistemas de riego, considerado el más eficiente por su bajo consumo. Concretamente, de las 331 millones de hectáreas de superficie regable en todo el mundo, apenas un 6% cuenta con este tipo de sistemas.

España, un espejo en el que se mira la comunidad internacional

País

    Superficie regable*

% Riego localizado

España

3,6

49,3%

Estados Unidos

22,9

7,4%

India

65

3,1%

Israel

0,225

75,1%

China

63

1,2%

Total mundial

331

6%

*en millones de hectáreas

Fuente: Fenacore, a partir de datos de la FAO

 

 

Ciertamente, esta colaboración público-privada representa un giro de 180 grados a la hora de gestionar un recurso tan escaso como el agua. De hecho, en la última década, el consumo de agua para regadío en España ha pasado de representar el 80% del total a concentrar el 63%, lo que nos sitúa por debajo de la media. Concretamente, a nivel mundial, la agricultura consume el 70% de los recursos hídricos.

 

Lógicamente, en los países que basan su economía en la industria y que coinciden con aquellos con las rentas más elevadas, los usos agrarios concentran únicamente el 30% de los recursos; un porcentaje que se dispara más allá del 80% en los países de ingresos más bajos, donde el sector primario es la actividad principal.

 

No obstante, si tal y como indican organizaciones internacionales como la FAO, para 2050 la agricultura tendrá que elevar la producción un 60% y un 100% en los países en vías de desarrollo para poder abastecer a la población mundial, esto sólo será posible con el regadío que, aunque en España sólo representa el 15% de la superficie agraria útil, aporta el 60% de la producción final, ya que produce hasta seis veces más que el secano. A nivel mundial representamos poco más del 40% de la producción de alimentos.

 

En opinión del presidente Fenacore, para poder elevar la producción y responder a estos objetivos, también será necesario un mayor apoyo al sector a través, por ejemplo, del impulso de la biotecnología desarrollando cultivos con menos necesidades de agua y mayor tolerancia a las plagas. Además, es crucial seguir potenciando la aplicación de las nuevas tecnologías en la modernización de nuestros regadíos para obtener la mayor eficiencia en el uso del agua y la energía.

 

 

El obstáculo de los costes energéticos

 

Y es que en los últimos ocho años, el término de potencia se ha incrementado en nuestro país en más de un 1.000%, provocando que el aumento medio de la factura eléctrica haya sido superior al 100% desde 2008 debido a la necesidad de compensar el déficit de tarifa. Esta circunstancia ha llevado a las regantes a buscar soluciones creativas que les permitan una abastecimiento de la energía a menor precio y de esta forma, seguir garantizando un modelo de agricultura sostenible.

 

Así, priorizar el aprovechamiento de los desniveles geométricos del terreno para conseguir que los consumos de energía de los sistemas de riego por presión puedan ser mínimos o impulsar la producción de renovables (hidroléctrica, eólica, solar…) para autoconsumo son dos de las iniciativas que están llevando a cabo.

 

Según del Campo, “estas medidas son soluciones parciales para reducir los costes, ya que lo realmente importante es pagar por la potencia realmente utilizada y no por la potencia máxima contratada durante los doce meses del año, aunque las estaciones de bombeo no estén en funcionamiento”. Fuente: Fenacore


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