3/6/2016

El CGC califica de "desproporcionadas" las multas de Trabajo y lamenta el "uso político" de la inspección

El Comité de Gestión de Cítricos (CGC), la patronal nacional que aglutina a los ope­ra­do­res privados de agrios, califica de "desproporcionadas" las multas de hasta dos millones de euros pro­pues­­­­­­­tas por la Di­rección General de Trabajo de la Generalitat Valenciana por las supuestas irregularidades co­­­­­me­­­­­tidas en la cam­pa­ña de recolección de cítricos. Al mismo tiempo, el CGC lamenta el "uso po­lí­­­­­­tico" por parte del Consell de la Ins­­­­pección de Trabajo, de­pen­dien­te del Ministerio de Empleo y Seguridad So­­­­­­cial, que ha trasladado una idea distorsionada del sector cuando en el fondo lo que subyace en los ex­pe­dien­tes es una di­fe­ren­cia en la interpretación de los sistemas retributivos a aplicar: los inspectores dicen tener in­di­cios para considerar que se tenía que haber pagado 'a destajo' (por kilos) y las em­pre­­­­­­­­sas estiman que debía ha­cerse a jornal. Sin embargo, ésta última fórmula es la que el propio convenio, aten­­­­diendo a las cir­cuns­tan­cias tasadas, considera en la práctica como preferente o más habitual.



A juicio del CGC, cuyo posicionamiento a este respecto fue respaldado el miércoles en asamblea, el re­­curso a las Empresas de Trabajo Temporal (ETT's) que ahora también parece que se censura, es muchas veces necesario dada la im­po­si­bi­­lidad de los ope­­­­radores de poder asumir la carga burocrática que su­­pone la contratación de re­colectores, casi siempre de origen inmigrante. Como es conocido, las labores de re­co­lección están a ex­pen­sas de fac­to­res tan alea­to­rios como el clima y tensadas en sus plazos por los repuntes pun­tuales de la demanda y la premura propia del tra­bajo con productos pe­rece­de­ros. Sólo el control de la iden­ti­dad del recolector, cuan­­do una semana se coge igual en Tarragona y a la si­guiente en Huelva, ya su­po­­ne una di­fi­cultad ad­­ministrativa extrema. La comercialización se concentra, además, en muy poco tiem­po: en tres meses -de noviembre a enero- se exporta casi el 45% del con­junto de la campaña, por­cen­ta­je que se eleva al 60% si considerásemos sólo las mandarinas, que además exigen de más mano de obra que las naranjas. Los re­cursos humanos de los ope­ra­do­res, como parece lógico, se concentran en esas fechas en la aten­ción comercial al clien­te, en la con­fec­ción, manipulado y la lo­gís­­tica. Sólo así se puede lograr dar sa­lida a los más de 174.000 camiones cargados de cítricos y otros tantos miles de contenedores marítimos que generan un vo­lumen de ex­por­ta­cio­nes de en torno a 3.100 millones de eu­ros, de los que unos 2.250 co­­rres­pon­den al mismo co­mer­cio privado de agrios que ahora se penaliza.




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