03/12/02

Editorial

 

OGM y competencia internacional

 

Una de las mayores inconsistencias del acuerdo político sobre el etiquetado de los OGM sobre el que se llegó a un acuerdo en el último Consejo, es que se deban etiquetar los productos derivados de OGM aunque éstos no sean detectables en el producto final. De esta forma productos como los aceites de semillas o el azúcar refinado que vengan de OGM deberían etiquetarse como conteniendo OGM, sin que estos sean detectables en el producto.

 

¿Y como se sabe entonces si el vendedor del producto cumple o no con la legislación?. Teóricamente por las reglas de trazabilidad, ya que los mismos cultivadores de OGM deben hacer una declaración a su comprador y se deberá hacer un seguimiento “de la granja a  la mesa” del producto. Claro que esto vale si la materia prima se produce en la UE, pero no en el caso de que provenga de terceros países. Si un importador trae de estos países azúcar refinado, aceite de semillas o cualquier otro producto transformado donde la característica OGM sea indetectable, lo podrá vender en la UE como libre de OGM, sin que haya forma de demostrar que no es así, teniendo una gran ventaja competitiva con el producto de la UE, ya que la utilización o no de OGM puede suponer importantes ahorros en costes de producción, y más en los próximos años en los que habrá más avances tecnológicos.

 

Este asunto no tendría mayor importancia si no fuera porque el etiquetado positivo de los OGM, a pesar de la pretendida garantía de la llamada “elección del consumidor” que algunos proclaman en la  UE para argumentarlo, está motivado por razones políticas y hecho en gran medida, se reconozca o no, para que se señalen a los alimentos con OGM con un pretendido estigma ominoso. A pesar de que las autoridades alimentarias repiten una y otra vez que los OGM son al menos tan seguros como los alimentos convencionales será difícil que los grupos fundamentalistas no continúen con su política de fomento de la histeria alimentaria mediática en base a estos productos, tratando de echarlos fuera del mercado y lograr de este modo lo que no han podido conseguir por la vía de los argumentos científicos. A este respecto, no se sabe que medidas piensan tomar las autoridades de la UE o de los Estados Miembros para suministrar al consumidor información veraz e independiente sobre esta cuestión y evitar que el etiquetado de los OGM se convierta en un elemento de confusión.

 

Si esta situación continua en el futuro aumentarán los factores que hacen a la agricultura europea menos competitiva frente a la de terceros países, lo mismo que sucede ya con los requisitos medioambientales o de bienestar animal que se exigen para la producción en la UE, pero no para los productos de importación. Bastante difícil será para muchos sectores de la agricultura de la UE competir en un mercado mundial más abierto que se prevé en los próximos años, pero más aún si la propia legislación impone diferencias competitivas entre la producción de la UE y la de países terceros, que hace que no todos los actores del mercado jueguen con las mismas cartas.

 

 

 


Con la excepción de las disposiciones legales, está expresamente prohibida la reproducción y redifusión sin nuestro permiso expreso de todo o parte del material contenido en esta web, incluyendo como tal la hipervinculación en páginas de marcos.