05/04/02

Numerología OGM

 

El último número de la revista Nature publica un curioso artículo titulado La numerología de la Estupidez (Numerology of Idiocy), que se refiere a los umbrales de tolerancia para determinar la consideración de si un producto tiene o no tiene productos transgénicos (OGM) y a su discusión en la Unión Europea.

 

En la UE los alimentos humanos pueden contener OGM autorizados sin límite alguno, pero debe en ese caso indicarse en el etiquetado. Para no indicarlo se deben haber tomado las medidas necesarias para evitar su presencia, pero como en la práctica es técnicamente inviable evitar una presencia adventicia de trazas o presencia adventicia (lo que los grupos anti-OGM llaman “contaminación” para dar un toque de alarmismo semántico) hay que determinar una tolerancia de presencia de OGM en alimentos que no estén etiquetados como que contienen OGM. También hay que determinar esta tolerancia en las semillas de siembra, algo que se está discutiendo en una propuesta legislativa

 

En la Unión Europea se ha puesto de forma arbitraria una tolerancia del 1% en alimentos humanos con OGM no etiquetados como tales, y como derivación de este umbral se han calculado una serie de “tolerancias” para las semillas de siembra que serían del orden del 0,3% para colza y algodón; 0,5% para patata, remolacha o patata; 0,7% para soja etc. En Japón en cambio el umbral en alimentos “libres de OGM”, sin etiquetado, es del 5% y en Brasil del 4% ¿por qué es un porcentaje y no otro según los países?. Es totalmente arbitrario y nada tienen que ver con la salud pública o el medio ambiente sino con la teórica “elección del consumidor” de poder elegir productos con o libres de OGM “hasta cierto punto”.

 

No tiene nada que ver con salud pública porque si así fuera no se podrían vender alimentos con 100% de OGM autorizados, ni aun etiquetándolos como tales, cosa que sí se puede hacer; ni tampoco con el medio ambiente, porque en el caso de existiera un hipotético riesgo medioambiental derivado de la difusión de los OGM en la naturaleza sería porque éstos tienen alguna ventaja evolutiva para el organismo al que se traspasaran y se reproducirían mas que los no OGM; pero si esto fuera así sucedería en cualquier caso, tanto si el OGM está presente en el 100% de la semilla como si lo está al 0,5%. Lo único que variaría sería la cantidad del hipotético inoculo en la naturaleza, que si se va a dar se dará en cualquier caso.

 

Entonces ¿para que el tema de las tolerancias?. No es otra cosa que establecer hasta que cierto punto un alimento puede tener OGM sin que diga que lo tiene. Como el no estar etiquetado indica que no tiene OGM habrá que explicar al consumidor que no tiene pero “con un margen de tolerancia”, que además es arbitrario y distinto del país que se trate, algo bastante difícil de entender por la mayoría. Aunque esta discusión parezca bizantina, no deja por ello de tener graves implicaciones económicas en la cadena alimentaria.

 

Puestas así las cosas cabría pensar que es mucho mas lógico que no etiquetar lo libre “con un margen de tolerancia” sería etiquetar positivamente los alimentos libres de OGM sin ninguno. Así también los consumidores podrían elegir, lo mismo que pueden los que quieren consumir alimentos orgánicos, biodinámicos o kosher, sin tener que etiquetar los no bio, no biodinamicos o no kosher, sin tener que cargar a los productores y a la agroindustria con unos elevados sobrecostes de segregación y certificación que no tienen mas justificación que la política.

 

http://www.nature.com/cgi-taf/DynaPage.taf?file=/nbt/journal/v20/n4/full/nbt0402-319a.html

 

 

April 2, 2002 - THE NUMEROLOGY OF IDIOCY
Nature Biotech (Volume 20 Number 4)


Nature Biotech (Volume 20 Number 4)
p. 319

Europeans, according to this story, continue to reap a harvest of years of idiotic non-scientific nonsense. At the end of February, a committee ofrepresentatives from the national agriculture ministries in Europe proposed
that batches of seeds to be planted in the EU containing certain low proportions of approved genetically modified (GM) seeds could avoid the censorious label "contains GMO" (see p. 324 ). The rule changes are absolutely essential. Without them--given that commercial growing of GM crops is still banned in Europe--farmers would be unable to grow crops and European gourmands unable to eat homegrown food. The proposed tolerances
vary by crop--reflecting propensities to cross-pollinate, storage and harvesting methods, and several other considerations--and are set at 0.3% for rape and cotton, 0.5% for tomato, beet, or potato, and 0.7% for soybean.


This seems all very logical--until one examines the basis of these numbers in a little more detail. Significantly, the thresholds for seeds have been back-calculated so that the products of the crops meet the 1% threshold for
"adventitious presence [of genetically engineered organisms]" laid down in earlier European legislation, the "Novel Foods" regulation of 1997 (#258/97).  The 1% novel foods threshold was an administrative compromise
reached without reference to any data on safety, nutrition, or other food-related criterion. It was an administrative compromise that, incidentally perhaps, created work for administrators. The need for novel
food regulations was itself created by the 1990 "Deliberate Release" directive, the overarching European legislation developed and administered by officials and politicians with responsibility for the environment to
combat threats from GM organisms. Obviously the food guys were not about to let the environment people tell them how to regulate GM food, so they had to design GM-triggered legislation of their own.

The story says that brick by brick, then, the edifice of European GM legislation has been constructed. On ground prepared by the acquiescence of industry, this structure has been cemented by national implementation, and
reinforced by the spiraling dread of public perception. But it is built on sand.  Committees can continue to make the edifice internally consistent and self-referentially coherent, but unless they assimilate the information and
experience that has been accumulated, the legislative body risks becoming bereft of any relationship to reality.  Laws that snap into action at the sniff of a GMO are misdirected. In 1990, when the EU laid the foundations of
its folly, such a view could have been dismissed as mere opinion. Twelve years on, it is increasingly clear that "GM-ness" is not the potential problem. If there are reasons to worry about some of the traits that genetic
modification can deliver, or about some conventional agricultural practices--and there are--then it is those traits and those practices that should trigger the harnessing effects of legislation. But in Europe, of course, that would be to attack the all-powerful agricultural establishment and the greater folly that is the Common Agricultural Policy.


Such political realities may mean that Europeans will have to become accustomed to impractical and unjustifiable legislation. But that is no reason for them to accept it, or for voices of sanity within Europe and outside not to rail at the continuing destructive idiocy.

 

 

 


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