16/05/02

Los altos rendimientos son necesarios para alimentar la población y proteger el medio ambiente

 

Norman Borlaug, el mejorador de plantas que creó las primeras variedades enanas de trigo, que fueron pilares de la llamada “Revolución Verde” que multiplicó los rendimientos agrícolas, y por cuyo trabajo le fue concedido el Premio Nobel de la Paz en 1970, ha escrito un artículo en el diario Wall Street Journal en apoyo a la reciente declaración a favor de los altos rendimientos, que se reproduce a continuación.

 

Las firmas de esta declaración están encabezadas, aparte de por Borlaug; por el cofundador de Greenpeace, Patrick Moore; el ecólogo autor de la Teoría GAIA, James Lovelock; El ex-presidente de Costa Rica y también Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias; El ex-senador McGovern “embajador de los hambrientos” de la ONU; Eugene Lapointe, presidente del World Conservation Trust y por Per Pinstrup Andersen, presidente del IFPRI y Premio Mundial de la Alimentación de 2001.

 

La declaración en español, así como el formulario para adherirse a la misma está en http://www.highyieldconservation.org/index_span.cfm

 

Este escrito presenta el hecho evidente de la necesidad de los altos rendimientos en base a las simples matemáticas de cuantos somos en el planeta, cuantos seremos y la evidente necesidad de alimentar a la gente y de proteger del arado a los espacios naturales, reserva principal del medio ambiente y de la biodiversidad; contradiciendo de plano la idea, tan en boga en la Unión Europea y en sus políticos agrarios, de que los bajos rendimientos asociados con “lo extensivo” son algo “ecológico”, en contraposición con los altos rendimientos, que se asocian con “lo intensivo” y la hoy denostada por muchos moderna agricultura del bienestante mundo desarrollado.

 

Ante esta contradicción solo cabe pensar que o bien los argumentos que presenta la declaración, que son bien simples y claros, son erróneos, o bien lo son las ideas de asociación extensivo-medioambiental; salvo caer en la hipocresía de que el medio ambiente de los países ricos es una cosa y el de los pobres otra diferente.

 

 

Podemos alimentar al mundo de esta forma

Norman Borlaug. Premio Nobel de La Paz

Wall Street Journal. 13 de mayo de 2002

Hace treinta y dos años recibí el Premio de la Paz en representación de los miles de investigadores que crearon las variedades de alto rendimiento y la llamada “Revolución Verde”. Los alimentos extra que se generaron entonces evitaron que mil millones personas padecieran hambre en los años sesenta.

Hoy en día, la Humanidad se enfrenta a otra tarea igualmente enorme. Debemos aprender a producir el triple de alimento para el mundo más poblado y más próspero de 2050, y hacerlo en las mismas tierras agrícolas que estamos usando ahora, so pena de hacerlo a costa de arrebatárselas a los espacios naturales. Es por eso que yo soy uno de los firmantes de una nueva declaración que apoya proteger la naturaleza mediante la consecución de elevados rendimientos en agricultura y silvicultura.

Los altos rendimientos de la revolución verde tuvieron un gran efecto de conservación: los millones de hectáreas que dejaron de roturarse, especialmente en los países en desarrollo. Si el mundo tuviera hoy en día los mismos rendimientos que en los años 50, al menos la mitad de las actuales superficies forestales del planeta deberían haber sido eliminadas para la agricultura, y el resto desaparecería en las próximas tres décadas. México, donde yo trabajé en mis investigaciones de mejora vegetal, pierde cada año 1,2 millones de hectáreas de bosque por la expansión de las tierras agrícolas.

Existe mucha gente que hoy en día clama en contra de los altos rendimientos, argumentando que la comida moderna no es tan sana como la de antaño y que la ciencia no puede encontrar soluciones para la falta de alimentos en el mundo. El hecho es que la gente alimentada con estos alimentos modernos es más alta, más sana y vive más tiempo. Por otra parte, algunos claman en contra de la agricultura intensiva señalándola como un riesgo para la biodiversidad, entendiendo erróneamente que la biodiversidad hecha por el hombre (la biodiversidad agrícola o la asociada a la agricultura) es más importante que la infinitamente más valiosa biodiversidad salvaje de los espacios naturales, que son los que los altos rendimientos preserva de sus destrucción. Se pueden salvar las variedades agrícolas ancestrales a través de bancos de genes o de cultivos de conservación a pequeña escala, sin tener que optar por la alternativa de tener que roturar la mitad del planeta porque se mantenga un museo de genes en forma de cultivos de bajo rendimiento.

He estado los últimos veinte años de mi vida intentando llevar la “Revolución Verde” a África, donde los agricultores usan mayoritariamente sus semillas tradicionales y practican una agricultura que en los países ricos sería para muchos lo que entienden por “ecológica” y “sostenible”. Sin embargo la agricultura de bajos rendimientos solo es sostenible para gente con altos niveles de mortalidad, y últimamente, gracias a los cuidados médicos, cada vez sobreviven mas niños.

El Instituto de Investigación en Política Agraria (IFPRI) previno recientemente la catástrofe que se está cerniendo sobre África, debido al aumento de población y de la esperanza de vida. La agricultura tradicional de quema del matorral que se hacía hace tiempo con un ciclo de 15-20 años, se está haciendo ya con un ciclo de 2-3 años, lo que revierte en menores cosechas, empobrecimiento del suelo y en definitiva necesidad de roturar y plantar más y más superficie para alimentar a la población, a costa de talar mas bosque y de la desaparición de los espaciops naturales.

África necesita desesperadamente la tecnología simple y efectiva de altos rendimientos que ha hecho que la alimentación del mundo desarrollado sea sana y segura: fertilizantes químicos, variedades mejoradas adaptadas a las condiciones locales y control de plagas incluyendo el uso de pesticidas. Sin todo esto, África tendrá en 2020 diez millones de niños desnutridos de forma crónica, se destruirá una superficie de espacios naturales equivalente al Estado de Texas para dedicarla a la agricultura y varias especies de animales salvajes serán condenadas a la extinción.

Si en EEUU existiera una amenaza como ésta, pienso que se trataría de tomar medidas urgentes, y que se demandaría de forma inmediata un incremento en investigación y en tecnología agraria para atajar el problema.

La declaración que yo y otros hemos firmado no apoya ninguna tecnología  determinada ni ningún método de explotación agraria. Simplemente hace notar el hecho de que si el mudo desea salvar a millones de personas del hambre y preservar de la extinción a numerosas especies, no existe otra salida que aumentar los rendimientos agrícolas de las tierras que actualmente están siendo cultivadas.

http://online.wsj.com/article_email/0,,SB1021239830783624360,00.html

 

 

 


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