10/05/01

La industria azucarera norteamericana rechaza de momento la remolacha transgénica

Según un artículo aparecido en Wall Street Journal el pasado día 27, montones de lotes de semillas de remolacha transgénica se están llenando de polvo en los almacenes de EEUU debido a la negativa de la industria azucarera de aceptar este tipo de remolacha, presionada a su vez por la industria consumidora fabricante de productos que contienen azúcar.

“No tenemos ninguna duda sobre la seguridad del azúcar OGM, sino solamente que estamos esperando a que cambie la percepción del público” dice un portavoz de Hershey Foods Corp en el diario neoyorkino.

Las malas hierbas son uno de los principales problemas del cultivo de remolacha azucarera. Actualmente hay remolacha OGM resistente a herbicidas a base de glifosato y de glufosinato. Ambas versiones están aprobadas en EEUU, sin embargo, al contrario que en maíz o algodón, en los que los OGM entraron en el mercado antes de la histeria mediática sobre el tema, en otros cultivos como en azúcar, arroz o trigo; los OGM son mucho más recientes y el sector es reticente a aceptarlos por primera vez, especialmente en los casos como arroz o trigo donde existen grandes intereses en los mercados de exportación.

El azúcar son cristales de sacarosa para cuya extracción se somete a la remolacha a un proceso de difusión a alta temperatura; proceso que con toda probabilidad desnaturaliza las escasas proteínas que puedan existir en un producto tan refinado como el azúcar, que es prácticamente químicamente puro en el caso del refinado, por lo que, aún suponiendo que las proteínas OGM supusieran algún problema, éstas no existirían en el azúcar.

Resulta además que la industria azucarera norteamericana está en una grave crisis derivada de los bajos precios y de las importaciones de países terceros. Crisis que no tiene visos de arreglarse, sino al contrario, de empeorar a medida que se vayan desarrollando los acuerdos del libre comercio (NAFTA, ALCA). Tampoco en la otra potencia remolachera mundial, la UE, parece que haya un futuro prometedor, especialmente cuando a partir del 2.006 se comience a liberalizarse las importaciones de los Países Menos Avanzados, algunos de los cuales son grandes productores de azúcar de caña.

Si esto es así, resultaría que a medio plazo habrá una competencia entre el azúcar de remolacha más propio de los países ricos y el azúcar de caña típico de los países en desarrollo. El azúcar de caña, en un mercado libre, es normalmente más barato debido fundamentalmente a los menores costes de producción, especialmente de mano de obra. La remolacha del norte, la única arma que tendría para competir sería teóricamente la tecnología, pero, según parece, ésta también va estar del lado de la caña al menos en lo que a genética se refiere, ya que mientras parece que no se puede usar la biotecnología en remolacha, ya existe caña azucarera transgénica, que muy probablemente no tendrá los mismos problemas para cultivarse.

Puestas así las cosas, los remolacheros de EEUU deben estar perplejos con la situación surrealista, que en resumen es la siguiente: Están sumidos en una grave crisis económica derivada de las importaciones y los bajos precios; No pueden utilizar una tecnología que abarata considerablemente sus costes de producción, que sí pueden utilizar los productores de países competidores. El azúcar por lo demás es indistinguible y no precisa etiquetado alguno. Para remate, en EEUU la producción de azúcar, aparte de con las importaciones, tiene que competir también con los edulcorantes a base de maíz (isoglucosa, alto-fructosa..) que sí utilizan maíz OGM en muchos casos.

 

 


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