05/06/02

La Comisión de medio ambiente del Parlamento Europeo ha adoptado dos informes proponiendo endurecer las normas de etiquetado y trazabilidad de los OGM

 

Sobre el etiquetado, se ha aprobado en primera lectura el informe Scheele por el que se rechaza la idea de establecer un umbral para los OGM no autorizados y se propone rebajar el umbral de tolerancia para los OGM autorizados en el caso de productos sin etiquetar como conteniendo OGM; del 1% al 0,5%. La aprobación de este informe en Comisión ha sido muy apretada 28 a favor, contra 22 en contra, y el debate en plenario está previsto en la sesión de julio.

 

Respecto a las reglas de trazabilidad, la misma comisión de medio ambiente ha aprobado otro informe por el que se exigen reglas aún más estrictas que las propuestas por la Comisión. El Parlamento entiende que se deben etiquetar todos los productos que provengan de productos OGM incluso aunque no contengan trazas del mismo y también los productos animales alimentados con OGM. La votación de este informe también ha sido muy apretada, 28 a favor contra 25 en contra. El mismo autor del informe M .Trakatellis y su grupo ha votado en contra de las enmiendas, entendiendo que son inaplicables. Este informe también irá al Plenario de julio.

 

Las propuestas actuales sobre etiquetado y trazabilidad de los OGM son consideradas como irrealistas por amplios sectores, aun sin las enmiendas para hacerlas más estrictas que se puedan hacer en su trámite como éstas del Parlamento Europeo. Los grupos y partidos “verdes”, y en general todos los que se oponen por principio a los OGM tratan de que las medidas sean lo más estrictas posibles, con el fin de dejar a los OGM fuera del mercado mediante un cúmulo de burocracia y de costes añadidos para los mismos, a falta de argumentos de tipo sanitario o medioambiental que justifiquen su prohibición.

 

En una línea similar a la del etiquetado positivo de los OGM, el Parlamento Europeo aprobó el pasado 20 de junio un informe (Lannoye) por el que se deberían etiquetar todos los productos tratados con pesticidas, lo que incluiría a la práctica totalidad de los productos vegetales frescos, con exclusión de los de la agricultura bio, en los que se debería indicar que se han tratado con pesticidas, independientemente de que los contuvieran o no y de que estuvieran por debajo de los dosis mínimas.

 

 


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