31/05/02

Nota de JACR y de la Fundación ANTAMA

 

“Los agricultores sembrarán todas las variedades que estén aprobadas, sean o no modificadas genéticamente, siempre que los consumidores estén de acuerdo”

 

La asociación agraria Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya cree que los cultivos modificados genéticamente como una posibilidad de futuro y vanguardia, en una rueda de prensa a la que asistieron científicos y representantes de la industria y los consumidores

 

 

(Madrid, 29 de mayo de 2002). La asociación agraria Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) afirmó esta mañana en una rueda de prensa ofrecida en Barcelona “que ellos cultivarán transgénicos siempre que tengan ventajas, sean legales, y estén aceptados por el consumidor”. Este encuentro, celebrado con la colaboración de la Fundación Antama y en el que han participaron investigadores, representantes de la industria de piensos, agricultores y consumidores, pretendía analizar la situación de los transgénicos en Cataluña.

 

Precisamente el interés de los agricultores catalanes por la Biotecnología y las posibilidades que ofrece, especialmente en el caso del maíz resistente a una plaga conocida como taladro, y las incertidumbres que ha despertado en ciertos sectores sociales, ha sido el motivo de que JARC haya organizado esta rueda de prensa para “ayudar a despejar un panorama bastante complicado”, como afirmó durante la charla Francesc Pascual, presidente de JARC Cataluña.

 

Según comentó Francesc Pascual, “los agricultores catalanes queremos estar a la vanguardia de la tecnología, incluyendo los organismos modificados genéticamente que hayan superado todos los requisitos legales. Lo que esté aprobado, se utilizará”.

 

En primer lugar intervino Mónica Ros, directora de la Asociación Catalana de Fabricantes de Piensos, quien dejó claro que “la política de los fabricantes de piensos catalanes es clara y transparente con la opinión pública. Nosotros tenemos la posibilidad de elegir entre maíz transgénico y maíz convencional, y no recomendamos a nuestros socios que usen ninguno en especial, ya que son libres de elegir porque los dos son legales”. Añadió que “nosotros emplearemos para fabricar nuestros piensos toda materia primar que haya superado los requisitos legales”.

 

Por su parte, Josep Tarragó, director del Instituto de Investigación y Tecnología de Cataluña, comentó que su centro de investigación pública realiza estudios de seguimiento sobre el único maíz modificado genéticamente que se cultiva en España, comercializado por Syngenta.

 

Además, también realizan proyectos de investigación propia, como el desarrollo de dos variedades de arroz resistente a la plaga del taladro en el Delta del Ebro. “Este arroz puede suponer un ahorro anual en insecticidas en el Delta del Ebro de hasta 2,5 millones de euros (400 millones de pesetas) y numerosos beneficios medioambientales”.

 

“Este proyecto se diseñó en colaboración con un instituto de investigación francés, cuyos ensayos fueron destruidos. Por ello, no sabíamos si debíamos informar u ocultar nuestros propios ensayos españoles. Elegimos la primera opción, y hoy en día este proyecto es entendido e incluso apoyado por numerosos colectivos de la zona”, explicó Tarragó.

 

Pere Puigdomenech, director del Centro de Referencia de Biotecnología de Cataluña, destacó las posibilidades que ofrece la Biotecnología para el futuro en diversos campos: medicina, agricultura y medio ambiente, con la creación de plantas transgénicas descontaminantes o productoras de energía limpia.

 

Por su parte, Agustín Mariné, presidente de la Asociación General de Productores de Maíz (AGPME) afirmó que los agricultores catalanes se han visto extrañados y sorprendidos por esta polémica, ya que “la genética es tan antigua como la Humanidad”, y concluyó “si los consumidores nos lo piden no cultivaremos maíz modificado genéticamente, pero nos extraña que no lo quieran porque tiene beneficios para los agricultores pero también para el medio ambiente”.

 

Beatriz Martínez, representante de la Organización de Consumidores de Cataluña (OCUC) comentó que los consumidores catalanes se encuentran “faltos de información y llenos de incertidumbres ya que tienen la impresión de que es una tecnología que avanza muy deprisa y no el ven el beneficio directo, porque además piensan que la Naturaleza ya ofrece suficiente variedad de alimentos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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