10/09/02

Editorial de Nature sobre OGM y elección del consumidor

 

 Revista Nature, Agosto 02. Editorial

 

El pasado mes de julio, el Parlamento Europeo votó el requerimiento de etiquetado de todos los alimentos que contengan componentes genéticamente modificados en cantidades superiores al 0,5%. Esto permitirá a los consumidores europeos diferenciar los alimentos producidos por métodos convencionales de los producidos mediante ingeniería genética. No importa que la ingeniería de recombinación no tenga absolutamente nada que ver con  la calidad nutricional o la salud alimentaria. La decisión es simplemente un triunfo para la elección del consumidor.

 

Los productos OGM fueron aprobados por primera vez para el consumo humano en los Estados Unidos en 1995. Desde entonces, una agrupación científica tras otra ha concluido que su consumo es tan seguro como el de los alimentos libres de OGM. En los últimos siete años, diez millones de ciudadanos estadounidenses han consumido comida OGM en el desayuno, la comida y la cena. Hoy, más del 60% de la comida en los estantes de los comercios norteamericanos se ha producido usando ingredientes procedentes de cultivos OGM. En ningún caso, los problemas de la salud humana han sido asociados específicamente con la ingestión de alimentos derivados de estos cultivos.

 

Esto no importa. El comisionado europeo David Byrne fue claro cuando se dirigió al Parlamento Europeo para decir que es la elección del consumidor, más que la evaluación racional de la seguridad, el motivo principal de la legislación: “la seguridad no es el asunto aquí,” y añadió que. “...el etiquetado sirve de propósito para informar a los consumidores y permitirles así ejercer su elección.”

 

Claro que esa elección no viene dada sin coste alguno. El etiquetado obligatorio de los alimentos OGM llevará, sin lugar a dudas, a un aumento en el precio de los alimentos, ya que los agricultores, compañías de semillas y fabricantes de alimentos deberán disponer de la infraestructura necesaria para separar semillas OGM de las semillas convencionales, además de buscar la forma de recuperar el coste añadido de duplicar las instalaciones de almacenamiento, transporte y líneas de producción en fabricas y molinos.  Ahora no importa que los consumidores que quieran evitar la comida OGM ya dispongan de medios para hacerlo, eligiendo comida “ecológica” y pagando por ese privilegio. Y tampoco importa en estos momentos que los consumidores europeos que no tenían ningún interés en diferenciar la comida OGM de la que no lo es tengan que pagar más por la misma comida en sus platos.

 

Da igual que esté bien o mal; el etiquetado está aquí y la industria biotecnológica agraria debería parar de disculparse por sus productos  y empezar a promocionarlos. Los consumidores tienen el derecho a saber qué es lo que consumen. Después de todo, otros “procesos” han sido utilizados para etiquetar comidas: los huevos de gallinas no criadas en batería y los vegetales ecológicos son substancialmente equivalentes a huevos de gallinas de cría en batería y cultivo intensivo de vegetales, respectivamente. Los consumidores, por ello, podrían querer saber que “estos alimentos OGM han sido sometidos a unos estudios de seguridad más minuciosos que los realizados a la comida convencional”. Así mismo, los comerciantes de productos beneficiosos para el medio ambiente pueden recibir las etiquetas indicando que “esta comida ha recibido un 50% menos de herbicidas que su producto equivalente libre de OGM”.

 

Lo más convincente de todo es que las etiquetas podrán indicar los beneficios para la salud de la comida a la que se han añadido genes para elevar su valor nutricional o restados para evitar a los alergenos (como por ejemplo en las nueces, patatas o tomates). Tales productos pueden llegar a ser atractivos en algún momento cuando tan sólo en los Estados Unidos, cada año las alergias severas a la comida causan 30.000 visitas a urgencias y 200 muertes.

 

Los opositores a la Biotecnología esperan que el etiquetado de la Unión Europea asuste a los consumidores y condene a la extinción a los alimentos OGM. De hecho, el etiquetado obligatorio puede que sea la oportunidad que los negocios agrarios han estado buscando para promover sus productos en Europa.