04/06/01

Dilemas transgénicos

El Messenger es un producto revolucionario en la protección vegetal. Se trata de un producto que contiene una proteína llamada Harpin que está obtenida de la bacteria patógena Erwinia amylovora.

Según dice la empresa fabricante (Eden Biosciences), la proteína de Erwinia tiene el efecto sobre las plantas de desencadenar una especie de reacción inmune activando los mecanismos naturales de defensa de las plantas, y protegiéndola contra infecciones fúngicas y promoviendo además un mejor crecimiento.

El Messenger ha recibido ya la aprobación de la Agencia de Medio Ambiente (EPA) como un producto de baja toxicidad (Green Chemistry Award). En los ensayos parece que han tenido gran éxito, y esta campaña ya se ha vendido como un producto comercial. El Harpin es, según se indica en su publicidad, un producto natural, y limpio, ya que tiene nula toxicidad, ideal para lucha integrada. La empresa Eden ha anunciado la puesta en marcha de un programa para aplicar su tecnología en los países más desfavorecidos.

Sin embargo, la proteína Harpin no se obtiene cultivando Erwinias, sino en tanques de fermentación de una cepa de Escherichia Coli genéticamente modificada para que produzcan la proteína Harpin de la Erwinia. Es decir, el Messenger es un producto natural que parece que tiene unas ventajas para el medio ambiente importantes, pero que para su fabricación se usan utilizado métodos de ingeniería genética.

http://www.edenbio.com/ms/msmain.html

El reciente descubrimiento del instituto australiano CSIRO de algodón con un aceite más rico en ácidos grasos saludables, se ha realizado insertando genes de algodón por métodos de ingeniería genética también en algodón. Hablando en rigor, la planta no se puede llamar transgénica, ya que por definición son transgénicas las plantas que mezclan por métodos artificiales genes de distintas especies que no se podrían mezclar de forma natural. Con este concepto, el algodón transformado con genes de algodón no es transgénico aunque se haya usado ingeniería genética, y el triticale o el fresón son transgénicos aunque no la hayan usado.

Estos ejemplos y muchos más ponen en evidencia la gran cantidad de contradicciones que existen en el debate de los transgénicos. Los grupos anti-OGM atacan el uso agrícola, pero poco o nada dicen del uso farmacéutico o industrial ¿acaso no pueden escapar las bacterias transgénicas al medio ambiente?. Tampoco se dice o se obvia la existencia de técnicas de mejora genética distintas de la ingeniería genética a las que se pueden atribuir en muvchos casos los mismos o más supuestos inconvenientes que a los transgénicos, y para remate algunos utilizan la ciencia solo para lo que les interesa, apelándola cuando algún resultado le es favorable o denostándola como la causante de todos los males con carácter general.

 

 


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