26/03/02

La “Contaminación” ideológica de los alimentos

 

El Ministerio de Agricultura de Inglaterra y Gales (DEFRA), así como el de Escocia han publicado recientemente la localización de los ensayos al aire libre de cultivos transgénicos (OGM) de siembra primaveral. Se trata de aproximadamente un centenar de ensayos en 35 lugares (en Inglaterra), que en total serán un pocos cientos de hectáreas de variedades OGM de colza, maíz y remolacha. Se trata del tercer año de de ensayos de un programa de tres, destinado entre otras cosas a saber cuales son los posibles efectos medioambientales de estos cultivos.

 

Organizaciones ecomediáticas  y de cultivos bio (en España llamados “ecológicos”) se oponen a este tipo de ensayos argumentando como razón para ello que puede existir polinización cruzada de estos ensayos con los cultivos “bio”, lo cual a su entender supone una “contaminación” inadmisible. Este rasgamiento de vestiduras por unos cientos de hectáreas de ensayos de OGM en todo el país contrasta con la situación en España, donde aparte de una superficie similar en ensayos, se siembran además unas 30.000 Ha de maíz OGM, no como ensayo, sino como cultivo comercial, sin que nadie que se sepa se haya escandalizado por el momento.

 

La mayoría de las organizaciones ecoactivistas se oponen por principio a los cultivos OGM, argumentando que no está demostrada su absoluta seguridad para el medio ambiente y los consumidores, y por ello piden sucesivas “moratorias” a su utilización. Pero por otra parte también están en contra de que se compruebe mediante ensayos si realmente los OGM suponen algún peligro algo más que hipotético. Según esta teoría, no se puede garantizar la seguridad absoluta (algo que es imposible para los OGM para los bio, y para cualquier otro tipo de alimento), pero tampoco se puede comprobar si son seguros o no, porque la misma comprobación es también insegura, por lo que el resultado de esta retórica es que no se deben cultivar OGM nunca y en ningún caso por principio, a pesar de que los científicos de todo el mundo, incluyendo los de la UE, han repetido en numerosas ocasiones que los OGM que han pasado las pruebas (hasta ahora todos en que han concluido las mismas), son como mínimo tan seguros como el resto de los alimentos.

 

La realidad es que la oposición a los OGM es más ideológica y política que relacionada con el medio ambiente o la seguridad alimentaria, que no son otra cosa que apoyos para reforzar la defensa de su ideología (y del negocio propio en el caso del cultivo bio) en base a la explotación de los resortes mediáticos, que en la UE son especialmente sensibles a las cuestiones de seguridad alimentaria. Los OGM son malos a priori por estar en manos de unas pocas multinacionales (algo que cada día es menos cierto por la progresiva aparición de OGM en la investigación publica) y por haberse convertido en un símbolo de la lucha contra el capitalismo y la globalización por parte de determinados grupos activistas, y también objeto de determinadas posturas políticas que algunos pretenden abanderar y rentabilizar.

 

La “contaminación” de que se habla es pues de tipo ideológico y no tiene ninguna relación con la salud ni con el medio ambiente. Lo mismo que la creencia de que los cultivos bio supongan alguna mejora para estas cuestiones, por mucho que se empeñen algunos, y a pesar de que existan muchos políticos en la UE, incluidos algunos ministros de agricultura y medio ambiente, lo tengan como dogma irrefutable y hayan hecho carrera política con ello.

 

Las creencias son muy respetables y cada cual es muy libre de tener las que desee. Hay muchas ideologías político-sociales relacionadas con los alimentos aparte de lo bio, como puedan ser: la agricultura biodinámica, la alimentación vegana, el comercio justo, las campañas a favor de productos locales, el no comprar productos relacionados con la explotación de inmigrantes, las campañas de atún libre de carne de delfín, la alimentación kosher, el sacrificio musulmán, las que están en contra del consumo de carne de ballena, de caballo o de productos lácteos etc. Todas estas creencias son perfectamente legítimas, y con todas se podría hablar de “contaminación” llegado el caso. Lo que no parece tan legítimo es el tratar de imponerlas a los demás, mediante el uso del escándalo mediático y el tratar de confundir la pureza ideológica con una "contaminación" real que implique efectos sobre la salud humana.

 

http://www.defra.gov.uk/news/2002/020314a.htm

 

http://www.foe.org.uk/pubsinfo/infoteam/pressrel/2002/20020314155908.html

 

 

 

 


Con la excepción de las disposiciones legales, está expresamente prohibida la reproducción y redifusión sin nuestro permiso expreso de todo o parte del material contenido en esta web, incluyendo como tal la hipervinculación en páginas de marcos.