15/10/02

Nota de Foro Agrario

 

Conclusiones de la Jornada de Estudio sobre la Biotecnología Vegetal en el Futuro de la Agricultura y la Alimentación

 

La situación de la agricultura europea y de la española, en particular, con cambios de la política agrícola común que ya en debates anteriores de  FORO AGRARIO se vislumbraron como inevitables y que se confirman en estos momentos con la propuesta de revisión intermedia de la PAC derivada de la Agenda 2000, impulsó a FORO AGRARIO a organizar esta Jornada de Estudio, con fidelidad a su tradición de enfoque plural y debate abierto, para reflexionar sobre la influencia de la Biotecnología Vegetal en la mejora de los procesos productivos agrarios y en la respuesta a las demandas de los consumidores.

 

Teniendo en cuenta las ponencias y comunicaciones presentadas, así como el contenido de los debates e intervenciones, y deseando dejar constancia de los criterios más relevantes sustentados, los Asistentes a la Jornada adoptan las siguientes

 

 

CONCLUSIONES

 

 

I.- Los fines permanentes  de la Producción Agraria.-  Teniendo en cuenta que la misión fundamental de la agricultura ha sido y seguirá siendo, la producción de materias primas y alimentos en cantidad y calidad suficientes para atender a una población creciente, y que esto debe producirse en un marco de equilibrio con la necesidad de conservar los recursos naturales, respetar el medio ambiente y elevar al máximo los niveles de seguridad alimentaria, es indudable la necesidad de un constante progreso tecnológico que respete y se desarrolle en dicho marco.

 

II.- La diversidad de la oferta, fruto de los procesos de mejora.- La gran diversidad de productos que la agricultura moderna es capaz de proporcionar y que permiten una enorme capacidad de elección, incluso para satisfacer necesidades hasta hace poco impensables, se debe a la continua labor de selección que el hombre ha ejercido sobre las  plantas y animales  utilizados desde el mismo origen de la actividad agraria.

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III.- El déficit alimentario, un reto sostenido.- Tal disponibilidad, desafortunadamente, no alcanza a todos los habitantes de la tierra en los momentos actuales, más  por un desigual reparto que por falta de capacidad productiva, lo que sin duda  supone una deuda moral de los países desarrollados frente a los menos favorecidos. Sin embargo, aún considerando que se pudieran producir alimentos y materias primas para satisfacer las necesidades actuales, es evidente que el ritmo de crecimiento de la población, las legítimas aspiraciones de mejora de la calidad de vida y la limitación física de tierras de cultivo y del agua, provocarán a no muy largo plazo carencias  crecientes.

 

IV.- La mejora de la producción y la Biotecnología.- En la Agricultura, al igual que está sucediendo en otros campos, como el de la  Medicina, la Farmacia o la Industria, la moderna Biotecnología está propiciando logros altamente beneficiosos. Así, cabe destacar el  incremento de la capacidad productiva y de adaptación de los cultivos, la  mayor resistencia a factores bióticos o abióticos, la mejora de la calidad  de las producciones permitiendo mayor diversidad y especificidad o la incidencia favorable sobre el medio ambiente, bien a través de una actividad agraria más limpia y respetuosa con el mismo o  por la mejora de masas forestales y espacios verdes.

V.- Una innovación   necesaria.-    El papel de la Biotecnología y muy especialmente el de la ingeniería genética en la mejora de la producción agroalimentaria, debe contemplarse como una aportación adicional a las técnicas actualmente utilizadas. La Biotecnología, por sí sola, no es capaz de resolver todos los problemas; sin embargo, su aplicación complementaria puede producir efectos sinérgicos muy relevantes.

 

Es indudable su interés ante cuestiones tales como la mejora del conocimiento de los mecanismos biológicos de respuesta de las plantas a factores adversos (sean climáticos, edáficos o provocados por agentes patógenos) y las posibilidades de defensa ante tales agentes adversos, bien por incrementar los mecanismos de defensa o por generar sustancias tóxicas para los parásitos; permitir mayor eficiencia y economía en el uso de otros medios de producción (como ocurre en la fijación del nitrógeno atmosférico o en la posibilidad de disponer de resistencia a herbicidas de amplio espectro y no residuales); mejorar la calidad de los productos agrícolas o de sus propiedades tecnológicas; poder producir con determinados cultivos, vitaminas, vacunas y sustancias específicas como medicamentos, fungicidas, insecticidas, biopolímeros y plásticos biodegradables; u  obtener plantas tolerantes a suelos degradados o productoras de biomasa e, incluso, de combustibles, como fuentes de energías renovables.

 

Todo ello supone una esperanza de  lograr importantes ventajas y dar solución a numerosas cuestiones  relacionadas con la producción agraria, teniendo siempre presente los principios de sostenibilidad, respeto al medio ambiente y máxima seguridad.

 

VI.- La necesidad de evaluar los riesgos.- La valoración positiva de las indudables y numerosas posibilidades que ofrece la Biotecnología Vegetal en la producción agraria debe considerarse siempre matizada y condicionada por una completa y rigurosa evaluación de riesgos potenciales que para la salud o para el medio ambiente puedan derivarse de la introducción y utilización de los productos modificados genéticamente, así como de su posible repercusión socioeconómica, e incluso ética en determinadas circunstancias, como cuestiones previas a la autorización de su utilización.

 

Por ello, cualquier actividad que vaya a realizarse con organismos modificados genéticamente debe estar precedida de una adecuada evaluación de riesgos para identificar y evaluar los posibles efectos perjudiciales, tanto directos como indirectos, inmediatos o diferidos, sobre la salud humana, la sanidad animal  y el medio ambiente, teniendo siempre en cuenta:

 

-         El principio de precaución, con el fin de proteger a la población ante un posible riesgo inaceptable para la salud o el medio ambiente, o cuando los datos científicos sean incompletos o controvertidos.

 

-         El análisis caso por caso y la necesidad de llevar a cabo el desarrollo de estos productos en la agricultura, la alimentación o el medio ambiente sobre la base de paso a paso; es decir, del laboratorio al invernadero y de éste a las pruebas experimentales de campo, primero a pequeña escala para paulatinamente pasar a mayor escala.

 

VII.-Los grados de seguridad.- El principio de precaución debe considerarse como una aplicación completa y rigurosa de principios y criterios científicos y técnicos suficientemente contrastados, en la evaluación del riesgo, para aprobar solamente aquellos productos que no presenten problemas o en caso de identificar algún riesgo y éste pueda considerarse aceptable, se definirá el método y forma para su eficaz gestión.

 

Pero nunca debe considerarse como una justificación de posturas maximalistas de rechazo genérico a cualquier producto por el mero hecho de haberse obtenido por medio de la ingeniería genética, considerándolo sistemáticamente como un peligro cierto, sin aportar datos objetivos que justifiquen tal rechazo para no aprobar nada o exigir lo imposible: la seguridad absoluta.

 

Los alimentos derivados de variedades transgénicas son los más evaluados en toda la historia de la alimentación y no existe evidencia científica que indique que son más o menos peligrosos para la salud del consumidor que los convencionales correspondientes. Son, además, un modelo de evaluación de seguridad alimentaria que debería trasladarse a todos los alimentos, sea cual fuere su apellido, aunque el mismo sea el de funcional u orgánico.

 

VIII.-El derecho a la información de los consumidores.- Se ha de garantizar la seguridad aplicando un sistema de evaluación de riesgos lo más completo y riguroso posible, complementado por un plan de seguimiento de los productos autorizados, diseñado y controlado adecuadamente. Se informará al consumidor sobre lo que consume, mediante el etiquetado y otros medios, y se facilitará la labor de los órganos de control mediante un sistema de trazabilidad que permita detectar en qué punto se ha generado el problema, si éste se produce.

 

IX.- Hacia una sociedad mejor informada.- El derecho a la información deberá hacerse efectivo con medidas que universalicen la comprensión de los conceptos básicos de la Biotecnología, a cuyo fin,  desde los medios de titularidad pública se deberán promover campañas de divulgación de los conocimientos científicos actualizados que se relacionen con estas técnicas, introduciendo la enseñanza de esta materia en los planes de estudio de la enseñanza obligatoria.

 

 X.- La responsabilidad de los poderes públicos.- Por los poderes públicos se deberán impulsar los programas de investigación que permitan continuar mejorando las técnicas de evaluación y de los sistemas de gestión de riesgos, dando una mayor transparencia a la difusión de los resultados de los Planes de Seguimiento de las variedades autorizadas, acomodando sus iniciativas a las directrices emanadas de los Organismos y Acuerdos Internacionales competentes en estas materias.

 

XI.- La mejora del patrimonio genético del sistema productivo.- Es responsabilidad de los poderes públicos impulsar medidas que faciliten el desarrollo de la investigación biotecnológica por parte de la investigación pública y de las pequeñas y medianas empresas. Para ello, se habrá de liberalizar el uso de la biotecnología básica por la comunidad científica, introduciendo los preceptos legales apropiados en materia de propiedad industrial, sin perjuicio de los justos beneficios de los titulares de los derechos de patente u obtención, garantía de  la continuidad de su actividad.

 

XII.- La Unión Europea debe actuar .- La próxima entrada en vigor de la nueva Directiva Europea que regula las autorizaciones, paso a paso y caso por caso, debe constituir un hito para reanudar los procesos de aprobación de nuevas modificaciones genéticas a nivel europeo, y en España, de nuevas variedades derivadas de las modificaciones genéticas previamente autorizadas, con el fin de incrementar la competitividad de nuestras producciones.

 

 

En consecuencia, la incorporación de la Biotecnología Vegetal a la agricultura y la alimentación, como cualquier otra innovación de gran calado, deberá  hacerse en un marco socioeconómico diseñado por políticas que se fundamenten en tres ejes o componentes principales:

 

-          El eje de la racionalidad económica, que impulse la sostenibilidad económica de las empresas agrarias, en general, y especialmente de las pequeñas y medianas explotaciones, signo de identidad del modelo de agricultura europea y pilar básico de la economía predominantemente agraria de los países en vías de desarrollo.

 

-          La componente de sensibilidad ecológica, que garantice el crecimiento sostenible de la producción vegetal.

 

-           Y la componente ético-social, que abra la sociedad a la innovación, garantizando la vigencia del principio de precaución y el derecho de los ciudadanos a una información veraz.

 

 

 

Madrid, 25 de septiembre de 2002

 

 

 

 

 

 


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